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Francisco Velasco. Abogado e historiador

ACTUALIDAD POLÍTICA NACIONAL Y REGIONAL

LAS RECTIFICACIONES DEL NECIO

Pasa de un lado a otro sin ton ni son. Se bandea porque sí. Zangolotea. Lo que digo hoy vale el tiempo que sea menester. Ningún valor absoluto reside en el cerebro de un soberbio enfermizo. Incluso Felipe distinguió entre la sabiduría del que rectifica cuando yerra alguna vez, de la necedad del que rectifica constantemente porque jamás acierta.


 Hacerla y no enmendarla. Equivocarse y no rectificar. Errar y enfangarse en el error. Estas expresiones, tan humanas, adquieren una dimensión gigantesca en la clase política. El problema es que las susodichas expresiones manifiestan actitudes y las actitudes son la antesala del acto. Acto. Acción. Ser o no ser. He ahí la cuestión. Dícese que de sabios es rectificar. Dícese que de humildes es corregir. Inteligencia y ética. Ética e inteligencia. De un valor -la ética- y de una cualidad -la inteligencia- están ayunos los políticos. Su orfandad ética e intelectual halla uno de sus máximos exponentes en las leyes que ellos redactan y que, a la luz de sus defectos o de sus carencias, no revocan.


El camaleonismo político podría interpretarse como flexibilidad. Es cierto. Sin embargo, cabe esa acepción cuando se supera la rigidez a base de una buena dosis de diálogo y de negociación. Mas en defecto de lo anterior, el camaleonismo se instala en la volubilidad, en la arbitrariedad, en el capricho. Y cuando esto ocurre, el Estado de derecho deja la luz, se adentra en la oscuridad de la caverna y allí, entre las rejas de la prisión, contempla cómo la tiranía guarda la llave. Siete llaves al sepulcro del Cid, demandaba el regeneracionista Joaquín Costa. Tradición frente a modernidad. Falacia inmunda. Como si fueran conceptos incompatibles.


En España, gran parte de la llamada intelectualidad ha bailado al son de la política. Así nos ha ido. Así nos va. Siete llaves, como siete días a la semana o siete días de la creación o siete sacramentos o siete notas musicales o siete pecados capitales o... Setenta veces siete perdones, refería el Evangelio. No basta. Rectificar comporta asumir el error. Siete llaves al Cid, sí. Siete llaves a la justicia, no. Algunos saben más que siete. No más que los siete sabios de Grecia. No. Más que los 40 ladrones de Ali Babá. Sésamo abre las puertas. La palabra es la llave del tesoro. Pero el tesoro no es la palabra. El tesoro es el poder. Alí Babá nos ha robado el poder al pueblo. El gran tesoro del pueblo es su soberanía. Nos la han arrebatado los siete mil hijos de la gran política ladrona. Qué van a rectificar.


Ni la miseria les lleva a la contrición. Nos han despojado del tesoro y, en nuestro nombre, yantan, liban y folgan, que dirían los clásicos del Dieciséis. En nombre del pueblo, hablo, miento, peco o delinco. Ahora y siempre. Por los siglos de los siglos. Rectifica alguna vez el listillo y mil el golfo. Cuántas veces lo hizo Zapatero. Es el sabio. Es el necio. Es el listillo. Es el golfo. No han sido siete. Ni setenta veces siete. Acaso lo hubiéramos perdonado como buenos samaritanos. Al menos, el doble. Lo malo es que si sigue, la cifra traspasará el nivel conceptual y alcanzará la categoría de bandido. De banda. Que no rectifique más. Será la señal de que se fue. Nos hará ese favor a los españoles. Me temo, como advierte el presidente cántabro, que éste no se va.


Siete pares. Siete suelas. Un siete en el bolsillo y otro en el corazón. Zapatero que no enmienda, menos remienda. Por más que, en realidad, sea eso: un zapatero remendón pero mendaz.


Un saludo.

 

 

CLÁUSULA DE DESCUELGUE

 

Canción triste de la demagogia. Demagogia. Política por la que un gobernante se gana, mediante halagos, el favor del pueblo. Demagogia. Degeneración democrática que lleva al político de turno a mantenerse en el poder, o a alcanzarlo, a través de la lisonja que remueve los sentimientos más elementales de los ciudadanos. Demagogia.


Perlas. Muchas perlas. "No habrá recortes sociales". "Defendemos los derechos de los trabajadores". "Rechazamos cualquier intento de la patronal contra la clase obrera". "La banca española es la más sólida del mundo." "Mientras yo sea presidente, no habrá reformas drásticas que comporten recortes salariales o congelación de pensiones." Lisonjas que esconden mentiras y mentiras encubiertas de lisonjas. Zapatero dixit. Ayer. Hoy, no. Hogaño “dicit” cosa distinta y perpetra un tijeretazo jurídico. El Gobierno. Del PSOE. No el de Rajoy. Ni antes el de Aznar. El de los psoecialistas.


Al recortazo a la función pública y a la clase pensionada, se va unir ahora el decretazo contra el mundo obrero. Se consuma una traición anunciada. Sabida por el traidor y sospechada por la ajusticiada. Sindicatos cooperantes de la felonía que, descubierta la trama, reniegan de sus cómplices de ideología y de subvención. Descuelgue. Y cuelgue. Cuelgue y descuelgue. Qué vergüenza. Ahora. El 16 de junio, César ha caído apuñalado por los suyos. Los derechos sociales yacen víctimas de sus más cercanos de boquilla.


Era el estío desconsolador. Era el verano sofocante. Era la estación adormecedora. Era el Fútbol y su mundial. Era el circus que consuela la falta de pan. Era el opio laico. Era el druida de pócima infame. Era el abono del envenenado árbol. Era el momento para el flagelo cruel. Cláusula de descuelgue. España pierde ante Suiza. Era el fin. Ni siquiera el circo. El equipo gobernante habitual ha dictaminado la muerte del moribundo. El obrero no se puede, ya, sujetar al convenio colectivo. La cláusula estipula que el patrono puede modificar, motu proprio, las condiciones de trabajo de sus empleados. Cambio a malo. Tránsito a peor. Se vuelve al ámbito predemocrático. Se cisca el espíritu, que no la letra ignota, del Estatuto del Trabajador. Sólo para empresas en crisis. Sólo. No hay soledad. La excepcionalidad se halla en la empresa no sujeta a la crisis. No hay. Toda empresa sufre la crisis.


La necedad demagógica del Gobierno ha llevado a la necesidad impúdica del Consejo de Ministros. De la necedad a la necesidad. Amago histriónico de diálogo social acallado por los decibelios de las disputas entre los agentes en pugna. El Estado pudo intervenir antes. Mucho antes. El salario determina el consumo, la inversión, la balanza de pagos, la inflación y, por supuesto, el empleo. Tres millones de parados más tarde, Zapatero echa mano del descuelgue. Tarde, mal y caro. Retorno a 1979 y al Acuerdo Nacional sobre el Empleo de 1981. En 2010, tres años después de que la crisis nos estallara en la cara y el vendaval del paro se llevase los sueños de millones de españolitos, se acude a la cláusula de descuelgue. Ineptos, sí. Incompetentes, también. Sobre todo, demagogos.


Si es imprescindible en estos instantes, más lo era en 2006. El ovillo hodierno es la conciencia falsa del hilo de antaño. Los empresarios van a optar por el despido antes que por el recorte de salarios. Lo sabe el más lerdo. Economía de guerra. Estado de emergencia. Gobierno sumergido y subrepticio. El convenio colectivo ha muerto. De tanto abusarlo. Por continuado maltrato. El carácter normativo del convenio cuelga de la cláusula levantada en la plaza mayor del Boletín Oficial del Estado. Crucificado. A su derecha, la cruz de los empleados públicos. A su izquierda, la cara rota de los que entregaron su vida laboral a la fe de unos dirigentes impúdicos y golfos. Políticos, eso sí. Pero golfos, cantidad de descuelgue.


Un saludo.

 

 

LA QUIEBRA

Me encanta el español de América. Agrega a la propiedad de la lengua materna el colorido expresivo de aquellas tierras. En España, podemos denominar quebrado al negocio que se halla en la ruina y al individuo de enorme suerte. Sin embargo, los salvadoreños utilizan el especificativo para designar al que ha perdido la vida. Los costarricenses, al triturado, al molido. Y los venezolanos, al réprobo que no ha superado un examen. En este abanico semántico, la conclusión final es que la quiebra es el fruto de un proceso censurable por maldad o por inoperancia o por pereza.


España está prácticamente en quiebra. En quiebra. Sin paliativos. En la ruina. En generalizada, permanente e insalvable situación de insolvencia, a no ser que, vía sumaria, se tomen medidas drásticas para evitarla. En bancarrota. El fallido es Zapatero. La administración socialista ha sido inhabilitada para gobernar la nave económica del país. Sigue haciendo como si. De otra manera, la UE hubiera lesionado la soberanía del Estado. Pero el equipo de gerencia es una simple marioneta. Los jefes de la eurozona han dejado como síndico al fallido. Por pudor pero sin recato.


El gesto puede salir caro. Dejar al pirómano como jefe de bomberos es una temeridad. Se le concede un plus de confianza pero, a poco que nos descuidemos, el foco del incendio surgirá en cualquier sitio. En el Imperio romano de Oriente, los bizantinos emplearon un arma naval entonces mortífera. Era el fuego griego. Chorros de fluido ardiente que causaba estragos en las naves enemigas y que disuadía a los asaltantes de sus propósitos de conquista. Era un arma poderosa que unía a su composición secreta un componente de miedo supersticioso, acaso producto de prácticas brujiles. El síndico fallido o el fallido síndico de España utiliza una especie de fuego griego. Con distintos elementos pero con similar eficacia.


Carme Chacón gasta millones de euros en adquirir y remodelar un edificio de oficinas. Chaves y Griñán derrochan millones en restaurar el Palacio de San Telmo y en subvencionar la enseñanza del árabe en Andalucía. Los sindicatos son regalados con millones para (de)formación continua y para (in)acción sindical. A la troupe de Almodóvar y amigos, carburante gratis para películas que nunca verán el estreno. A los indendentistas catalanes y vascos, salsa monetaria para mantener su insaciable concupiscencia secesionista. Fuego hispano que ensucia todo y que abre frentes belicistas que distraen la atención sobre el problema principal: la quiebra y el paro.


El síndico fallido, inasequible al desaliento, erre que erre. Recorta salarios con las tijeras de la Comisión. Congela pensiones con el hielo del Parlamento Europeo. Retira apoyos a la dependencia con la pala del Congreso. Destripa el terrón de las ayudas a las mamás con el martillo pilón del Senado. Incendios, recortes, tijeretazos. Todo vale. Nada arregla. El problema es ganar tiempo. Hacer creer que la insolvencia es temporal y soluble. El timo de la estampita. La estafa continuada. La negación de la quiebra.


La quiebra. Pueden negarla tres veces. Como Pedro hizo con Cristo. O trescientas. Como Zapatero ha hecho con los españoles. Pero esa mentira, tropecientos mil veces repetidas, jamás devendrá verdad. Es imposible. La cruda realidad nos trae una imagen imborrable. Ni con fuego griego ni con propaganda nazi. Cinco millones de parados son muchas almas para esconder. Y más que vendrán. Un formidable iceberg de economía sumergida indica el volumen del fraude de impuestos que no se puede obviar con el desmedido incremento fiscal. Un déficit transgresor multiplica los intereses. La teta económica está más chupada que la pipa de un sioux. Quiebra.


El problema no es España. Es la España de Zapatero. La solución es Europa. Pero no la Europa del euro que tira la piedra y esconde la mano. La piedra que quiebra. Es la Europa que ordena, que regula, que avanza, que prospera, que encauza, que endereza, que arregla. El qué. La quiebra.


Un saludo.

 

HUELGAS Y JUERGAS

La incapacidad del Gobierno para detener la hemorragia del paro ha sido, y es, manifiesta. A juzgar por las medidas emprendidas, se puede conjugar en futuro sin miedo a equivocarse. Es decir, será manifiesta.

 

Hace un año, el Fondo Monetario Internacional vaticinaba que el desempleo afectaría a cuatro millones de españoles. Erró. Nos acercamos a los cinco millones y nada induce a pensar que el vértigo vaya a desaparecer. Sangre obrera que se derrama sin que a los sindicatos se les haya caído la cara de vergüenza. Entonces, Toxo pasaba del problema y se limitaba a apuntar que Zapatero no caería en la trampa de los empresarios y que, de flexibilizar el despido, nada de nada. El diario amigo, El País, tampoco tuvo complejo en señalar la anorexia económica de España y la ineptitud del Consejo de Ministros.

 

El tirón de orejas ha dolido al Presidente narciso. Más por narciso que por presidente. Por vía del decretazo, recorta derechos sociales a millones de empleados públicos y de pensionistas. Él, el sumo sacerdote de la iglesia roja del talante. Pues sí, él. No basta, le amenaza Merkel. Más, mucho más, le exigen los amos del cotarro europeísta. Reforma laboral que flexibilice el mercado laboral, de forma urgente. Amén. A gusto de los sindicatos, ni se te ocurra. A satisfacción de los empresarios, no se atreve. Al dictado de Europa. No le queda otra. Dónde quedó la soberanía de España con tan petimetre personaje. El prolongado romance con Toxo y Méndez ha terminado mal. Se están devolviendo las cartas de amor eterno. Las subvenciones millonarias, no. El dinero, no. Lo que se da, no se quita, Rita, Rita.

 

El ataque de cuernos puede costarle caro al zangolotino gobernante. Tantos bandazos, tanta insulsa palabrería. Pues ahora, te vas a enterar. Te vamos a hacer una huelga general de dos pares. Está bien que engañes al país en pleno, pero a nosotros, que hemos dado la cara (dura) por ti, no. Eso sí que no. Huelga general, ya. Cuándo. Mañana te lo diré. Acaso en octubre. De este año o del siguiente. A determinar quién gana las elecciones.

 

¿Es la huelga general la solución? Si su convocatoria tiene como objetivo hacer llegar a Zapatero el descontento de la población, me parece absurdo porque el Jefe del PSOE no es que no se haya enterado, es que tampoco se sentirá aludido por ingente que fuere el número de huelguistas. ZP ignora lo que le desagrada. Si con la huelga se pretende advertir al Gobierno que las medidas tomadas sólo benefician a los banqueros, pero no al pueblo, saldrá a la palestra la señora De la Vega, para rematar una faena de aliño con el estoque de atribuir a Aznar la causa de todos los males presentes y futuros. Si la huelga tiene vocación de aldabonazo, cosa inútil ante un Ejecutivo repleto de sordos que el sordo se hacen para negar que alguna vez escucharon el clamor de los ciudadanos.


Una huelga general comporta el paro en la mayoría de los sectores productivos de una economía maltrecha. ¿Qué sector será el adelantado, el de transportes, el de alimentación, el sanitario, el educativo...? ¿Qué credibilidad merecería una convocatoria propiciada por UGT y CC.OO. cuyos líderes han dado muestras cumplidas de su zapaterismo extremo? ¿Acaso pretenden añadirse a los artistas de la "ceja" en su función simuladora y/o encubridora para seguir chupando del bote a manos llenas?

 

Que la huelga es un derecho constitucional fundamental amparado en el artículo 28 de nuestra Carta Magna, no se duda. Lo que este articulista pone en solfa es la conveniencia de la misma, pues un parón de esta magnitud tendría consecuencias muy negativas para nuestra enfermiza industria y nuestro debilitado comercio y, en cualquier caso, la experiencia nos demuestra que la mayoría de las veces el resultado de la huelga es la nada. O peor que la nada, la negación de la esperanza a salir de esa nada.


 La solución no es la huelga. La solución es la reivindicación constante de la luz, la protesta sonora pero cívica y pacífica, la solicitud de medidas eficientes y lógicas, la exigencia de un gobierno capaz, la presentación de mociones de censura parlamentaria, la necesidad de un cambio democrático refrendado en las urnas. Sólo por esa senda se puede transitar ante un Presidente inane, vacuo, huero, vacío, inepto, inútil.  La solución es trabajar para producir y producir para crear trabajo. No tiene Zapatero la solución. No la puede tener porque Zapatero es el problema. El problema.


 Un saludo.

MILITANCIA PURA Y DURA

 

Revuelto. El gallinero anda embrollado. Felipe excusa la depresión que Zapatero rehúsa. Zapatero rechaza la estulticia que Felipe le atribuye. Mamarrachos por aquí, zangolotinos por allá. Como los pajaritos de María Jesús y su acordeón. Poco poso. Escaso sedimento. Enredos y trastornos por doquier. Con estos artesanos, el producto no deja de ser una lamentable chapuza. Encaran a los críticos. Se enfrentan a los discrepantes. Reaccionan ante la oposición. Resisten. Leninistas hasta el final. Admitir el error, ni hablar. Aceptar la incompetencia, de ningún modo. Como el calamar, arrojan tinta para ocultar el camino de su huida.


Meses atrás, Chaves, el “andasulista”, ordenó posición de combate. Hoy, González, el felipista, el amigo de Vera y Barrionuevo, exige militancia. Mílites. Soldados. No partidarios. Soldados. Beligerantes. Combatientes. Para qué. Contra quién. En ese punto, callan. Pero dejan entrever. Del rodillo pasaron a la trinchera. Conservar el poder. Como sea. Prolongar la batalla a costa de lo que se ponga por delante. Caiga quien caiga.


La situación en España se complica por días. Al partido en el Gobierno le da igual. Ellos, a los suyo. La clientela es extensa. Perder el poder comporta un coste demasiado gravoso. ETA acerca posturas para intervenir en las autonómicas vascas. El Gobierno tiende una mano a los amigos de los asesinos y, con la otra, tapa los ojos de Basagoiti. Un par de detenciones, para acallar bocas y hacer estadísticas manipuladas. Laporta cede el Nou Camp a los independentistas. Mes que un club. Y tanto. Mes que un president. Desde luego. Mes que una región. No les quepa duda. Penuvistas y convergentes unidos nunca serán vencidos. Hoy apoyo a Zapatero, apunta Urkullu. Mañana nos toca, apostillan Mas y Durán. Como los malos toreros marean al toro para que ruede después de que el acero no haya fulminado al cornúpeta.


Vasquistas y catalanistas ven el cielo abierto. El separatismo cede ante la voluntad secesionista. La presión aumenta. Sin pausa pero con prisas. O aprovechan la debilidad del leonés o no encontrarán bicoca similar en sexenios. O exprimen la naturaleza caligulesca del nacido en Valladolid o aparece el Claudio que restablezca el orden. Ahora o nunca. El cadáver político puede deparar victorias a los abanderados de la ruptura de España. Romper la nación y el Estado es la consigna. Ahora o nunca. Elecciones anticipadas, no.


Rebus sic stantibus. Las cosas están así. Cómo. Una España invertebrada por el fraude del Estado de las Autonomías. No es así. Así no se concibió. Se temía, no obstante, dislate como el que tenemos. El artículo 155 de la Constitución no se integró por gusto, sino por temor. No se aplica. Me pregunto si se aplicará. Con Zapatero, no. Antes muerto que dimitido. Una España despojada de su unidad de país y convertida en alfombra persa educativa que ni registra lengua única ni escribe una historia común. Una España sin valores definidos que crece hacia abajo en el relativismo más viciado y que se envenena conforme escala hacia la esfera de la partitocracia. Una España que, de nuevo, no debate sino disputa, que no conversa sino ofende. Rebus sic stantibus. Una España administrada económicamente desde Europa porque los milites del PSOE han saltado de la trinchera a la rendición más vil. España se destroza pero el partido casi único se acomoda. Ande yo caliente y ríase la gente.


Pacta sunt servanda. Hay que cumplir lo que se pacta. Eso es cosa de personas cívicas. No vale el Principio para sujetos tiránicos. Se cumple lo que interesa al Partido. Los Pactos de Toledo son perjudiciales para Zapatero. Se pisotean. El Acuerdo de la Función Pública no sirve al dictador del talante. Se quema. ¿Y la palabra de ese hombre? ¿Palabra ese hombre? Ese hombre no tiene palabra. Tiene ambición. Toda la soberbia. Es la consigna chavista: Posición de combate. Es la advertencia felipista: Militancia pura y dura. No lo olviden. Servidor lo tiene en cuenta.


Un saludo.

 

 

MÉNDEZ Y TOXO

Líderes sindicales. Guías de los trabajadores. Campeones del mundo del trabajo. Toxo y Méndez. Que ayer, dicen, cenaron en el Villamagna -sí, uno de los más lujosos hoteles del mundo-. No explican, a ciencia cierta, si después se tomaron, o no, unas copichuelas. Lo que sí parece acreditado es que, tras la frugal u opípara cena, cada uno subió a su coche oficial y los respectivos chóferes condujeron a no se sabe dónde a los abnegados obreros. Mucha barba y escasa corbata. Pero en el Villamagna. Casi ná.


Es el síndrome del socialismo en general y el epítome de la golfería política hispana. Visten la pana y viven el tafetán. Abanderan el obrerismo del siglo XXI estos descamisados de la demagogia más grosera. El Villamagna es el signo de la opulencia empresarial, de la burguesía más exclusiva. Allá van ellos.


Sufren del complejo de la sangre. Persiguen encaramarse al estamento aristocrático y no saben las monerías que hacen para conseguirlo. Es es vano. Cual la burguesía del Antiguo Régimen que vivía por y para alcanzar la nobleza privilegiada y, en ese afán, entregaban a sus vástagos herederos para sacar de la ruina al noble más empobrecido. Su riqueza es su cargo. Los comisionistas y ugetistas ascienden peldaños de la escalinata verticalizada para codearse con los odiados empresarios y con la patronal a la que tanto desprecian. Ellos, los representantes del obrero y del parado, no pueden establecer posada en cualquier establecimiento del camino. No. En el Villamagna. Ni se dejan tocar por síndicos que no sean los de clase. Sindicatos de clase. Sin estilo ni distinción, pero de clase. Dede clase obrera, no. De clase burguesa y empresarial.


En la cúspide de la pirámide social. Uno y otro. Constituyen la excelencia del trabajo. No en la mina. Ni en el mar. Ni en el campo. Ni en la hostelería. Ni en el taller. La excelencia del trabajo sindical reside en la cúpula de los dos grandes. Coche oficial y Villamagna. Igualico. Igualico que Marcelino Camacho o que Nicolás Redondo. La degeneración de un sistema se puede explicar en las imágenes de los dos almuédanos de la sindical departiendo en el Villamagna. Mientras, millones de parados se consumen en la penuria. Del mismo modo, millones de trabajadores penden de la espada afilada del despido libre. Entretanto, millones de pensionistas mueren poco a poco en la miseria de su escuálida paga mensual. Igualmente, miles de familias pierden la casa para la que hipotecaron sus vidas. Ellos, en el Villamagna. La élite hotelera para la cima laboral.


Dios los cría y ellos se juntan. Así va el país. Así está España. Regida en el Gobierno por un exponente destacado del mundo de los zangolotinos. Coaccionada por los sindicalistas de áticos dobles y de ética indefinible. Echan la culpa a la patronal, como si no supieran que el gran patrono es, hoy, su amigote del alma, Zapatero. Se cargan la moral y echan a perder los valores. El Diccionario dice que golfo es el deshonesto y que deshonesto es el que actúa en disconformidad con la razón o con las ideas recibidas por buenas, el grosero, el descortés o el indecoroso.


En este sentido, Toxo y Méndez me traen a la lengua, o al pensamiento, la definición empleada por los grandes de la Lingüística española. Éstos sí son grandes pero no creo que se puedan permitir el lujo del Villamagna ni del coche oficial con chófer. Aquéllos, sí. Pagamos nosotros, los ciudadanos. Subvenciona Zapatero. Con nuestros impuestos. Méndez y Toxo. Villamagna. Mécaschis.


Un saludo.

REFORMA LABORAL

Deseo y realidad. No confundan. Una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede. Los sueños, aún despiertos, sueños son. O pesadillas. Como la reforma.


La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, reza la canción. Zapatero, no. Zapatero no sorprende. Directamente engaña. Rara vez se le pilla, tal es su destreza en la artimaña. Se enfunda la facha, que dicen los mexicanos, y disfraza de ideología progre su verdadera mentalidad reaccionaria. Que invierta el vecino. Que investigue el otro. Que reforme Rajoy. El esfuerzo, para los demás. El laude, para él. Cuestión de talante sin talento. Cosa de vaina sin fruto.


Esta vez, el tiro le puede salir por la culata. En el recortazo a funcionarios y pensionistas, le salvó la facción catalanista. Su decreto-ley salió adelante por un solo voto. Quienes deseaban verle doblar la testud, se quedaron con las ganas de aplaudir su derrota parlamentaria. La huelga subsiguiente se enmarca en el ferial que levantaron los sindicatos de la comisión y de la correa. Cosa sabida. Representación de pésimos titiriteros. Sin embargo, la ciudadanía sigue a la espera de verdades. Que el Gobierno cuente el número de crédulos y que los sindicatos computen la cifra de seguidores. Carreras paralelas en vidas simbióticas. No puede ser de otra forma. Ahora viene el segundo acto de la comedia trágica, del melodrama con mucho de miel embadurnada. Miel en forma de millones de euros en formación o en acción sindical. Qué mas da.


Se agotan los últimos días de diálogo de sordos. Los verticalistas Méndez y Toxo sentados, de lado, con los empresarios de la CEOE. ¿Y el Gobierno? Como en tiempos de Primo de Rivera. Comités paritarios. Que acuerden ellos, dice Corbacho y apostilla Zapatero. Que se muerdan entre sí. Cuando se despedacen, volvemos al decretazo. Esta vez pueden pintar bastos. Pueden. Deseo y realidad confundidos. Llamazares, el rojillo, se escandaliza por el poco valor de la palabra de su tan poderoso aliado gubernamental. Durán, el nacionalista catalán de Huesca, tan charnego como Montilla, anuncia ya que, en esta ocasión, no se abstendrá. ¿EL PNV? Suspense garantizado. Lo que ayer negó, mañana puede otorgar. Depende del precio. Coalición Canaria y UPN, votos de aluvión. Inútiles para el fin que se persigue: aprobar el nuevo decretazo. Dar el visto bueno a la puñalada a los trabajadores de la función privada.


Las alianzas para este menester se antojan complicadas. Ponerle el cascabel al gato de la empresa privada es tarea ardua. Zapatero necesita un cómplice para este asesinato moral. Si no lo consigue, el poco crédito que conservaba se irá a la quinta puñeta. El presidente planetario era ya el hazmerreir de Europa. De consumarse su fracaso, se convertiría, por derecho propio, en el bufón de las cortes financieras del mundo. El Banco Mundial alerta de la gravedad de la situación en nuestro país. Los iluminados y los antipatriotas son los protagonistas de la degeneración moral de España. Iluminados por ideologías de milonga y antipatriotas sin más interés que el personal.

 

No bastará con llevar a cabo una crisis de gobierno y cambiar a cuatro ministrillos por otros tantos ministeruelos. No será suficiente reducir algunas carteras. Se exige la reforma laboral. Reforma drástica. ¿Se entera, señor presidente? Drástica. Vd. es especialista en el camaleonismo político y perito en culpas ajenas y disculpas propias. Experto en estafas y en golferías políticas. Sin embargo, el elástico ya estiró en demasía. La rosca del tapón se ha pasado. O busca apoyos o el Parlamento va a echarle el toro al corral. El decretazo sería, entonces, el boomerang que le rompería los piños.

 

El deseo de tantos españoles, entre los que me incluyo, se cumpliría. Por el bien de España, usted debería dimitir y, en el plazo legal mínimo, convocar elecciones. Se le ataca a Vd. y a su Gobierno. Se defiende a España. La defendemos de sus tropelías y de las fechorías de quienes con usted se han venido alineando. Es nuestro deseo. Ojalá se haga realidad. Cuanto antes. Por el bien de España.

 

Un saludo.

DÉFICIT DEMOCRÁTICO

Lo adelantábamos. Era el anuncio de una realidad presente tantas veces contrastada en el pasado. Nada excepcional si se conoce a los protagonistas y se descubre su sempiterno modus actuandi. Sabotaje al PP, titulaba el último artículo sobre cómo se las gasta el PSOE y qué espera a los populares. Ana Matos y Gonzalez Pons lo advierten ahora. Ni una confianza. Qué temerán. O mejor, qué no temerán. En las sociedades democráticas, el miedo resta sustancia a las libertades ciudadanas. Miedo al adversario que, en realidad, es el enemigo político.


La Oposición se queja, pero no denuncia. Se halla en estado de alerta, a la defensiva, pero no previene con la eficacia debida el ataque psoecialista. Al respecto, dispone de recursos que no utiliza o que emplea de forma deficiente. Por ejemplo, el caso Bono. O el caso Garzón. O las pruebas aparentemente ocultadas del caso Camps. O las conversaciones entre Eguiguren y el entorno etarra. O la derrama de sangre del paro infamante. Tantos.


La deuda de España aterra. El Desgobierno de Zapatero ingresa la mitad de los que gasta. El plan de austeridad es para los funcionarios y para los pensionistas. No se aplica a los dirigentes políticos ni a sus camarillas. Los inversores huyen escaldados y los compradores de deuda nos exigen intereses de usura. Al diálogo social, tantas veces reivindicado, lo han pateado. Los sindicatos, después de meses de complicidad con el presidente, hablan ahora de huelga general. Me descubro ante tanto cinismo. Ea, pues te vas a enterar, amiguito del alma subvencionada. Te voy a liar una gorda.


Gorda la vista. Toxo y Méndez han hecho la vista gorda. Gordísima. Venga gastar en lo superfluo. Tarjeta oro para compras insustanciales. Línea abierta para dietas, hoteles y coches oficiales. Empresas a disposición de la militancia fiel. A tomar por allí los principios administrativos. Gorda la vista y flaca la ética. Agujeros presupuestarios tan rebeldes como el chorreo de petróleo que la British Petroleum es incapaz de restañar. Diputaciones manirrotas y Autonomías neronianas. Totum revolutum que se enmaraña por momentos.


El gran enredador, Zapatero, al que hay que atribuir la responsabilidad del caos. A quien si no. El caudillo psoecialista parte y reparte el bacalao. Entrega y quita. Otorga honores y los retira a voluntad. El gran deshacedor de la concordia entre españoles y el vengador de agravios inexistentes. El pertinaz optimista de pega que se negaba a reconocer la realidad que nos cercaba. El presidente de una democracia se comporta como el tirano que rige una dictadura. Deficitaria su figura. Descarnada su democracia. Quiebra economica y quiebra moral. Se ahuyenta la cultura ciudadana y se apela al lema del “panis et circum” para llamar paz social a los que, en verdad, es sopor producto de la droga. De la droga. De las drogas. Ay, Zapatero.


Un saludo.

FACHAS DEL MUNDO

Fachas. Así apelan los chilenos a los jactanciosos, los mexicanos a los que andan vestidos de máscara y los nicaragüenses a quienes visten de manera inadecuada. En Hispanoamérica se denomina así, pues, a quienes muestran un defecto de virtud moral o de forma social. En España, se denomina de esta guisa a los fascistas y, en general, a quienes son de una ideología política reacionaria. Pura objetividad semántica a la luz del Diccionario de la Lengua Española. Facha designa a hombres y mujeres. No existe, pues, el facho, Bibiana. No existe.


Ideología reaccionaria. El gran Engels afirmaba que la ideología es un proceso fruto de una conciencia falsa. ¿Falsa? En efecto, toda vez que se concibe como una cosmovisión que pretende arrebatar la libertad a los seres humanos para incrustarlos en una masa informe y fácilmente moldeable, manipulable y controlable. No cabe ideología más reaccionaria que aquélla que persigue restaurar un sistema previamente existente. Entonces, ¿Es facha el PP cuando intenta retornar al franquismo? Lo sería si fuera verdad. Sin embargo, basta observar la realidad política actual para desechar esa aseveración. Salvo Fraga, dirigente alguno de ese partido vivió la guerra civil y tenía edad como para defender los postulados de aquella dictadura. ¿Cómo se explica, pues, que los del PSOE descalifiquen como fachas a los populares de Rajoy? De la misma manera que denominan “rojos” a los de Izquierda Unida cuando se atreven a disentir de sus consignas o tachan de “comunistas” a los que se oponen, por la izquierda, a los postulados del Gobierno de Zapatero.


Es un hecho común. La sociología de la política más reaccionaria pasa por ingresar en el club de los fachas a toda la derecha. A poco que se desvíe ligeramente del plan trazado, hala, al antro del facherío. Carecen de argumentos y acuden al insulto. Una vez y mil. Siempre de esta manera. Permítanme diversos ejemplos a partir de la gravísima situación política, social, económica y cultural que atraviesa España. Las encuestas anuncian un inminente vuelco electoral que, vía democrática pura, devolverá el Gobierno de España a las huestes populares. La voz del pueblo hace un preaviso de ruptura del contrato que selló en las urnas. Todo dentro de la legalidad. Ahí hace su aparición la ideología en el concepto “engelsiano”. El preaviso pone de los nervios a los Rubalcaba y compañía. Inician, por consiguiente, la campaña de ofensas indiscriminadas. Fachas, gritan. ¿Por qué, responden los aludidos? Porque sí, porque queréis retornar al franquismo y privar de libertad a los españoles. Porque queréis gobernar por decreto y recortar el sueldo a los funcionarios y congelar las pensiones de nuestros mayores. Porque estáis dispuestos a dejar que los trabajadores sean despedidos gratis o con una indemnización de miseria. Porque estáis fomentando el independentismo de vascos y catalanes, rompiendo la unidad de España, con tal de haceros con el poder. Porque sois amantes de la guerra y os hundís en el fango de la corrupción. Por eso, y porque me da la gana.


Noticias de alcance. Primera: El 86% de los españoles no confía en el presidente del Gobierno. Segunda: Zapatero declara que el Estatut de Cataluña es positivo y que España es un concepto discutido y discutible. Tercera: la deuda del Estado español ha hecho que la Unión Europea obligue al Gobierno a adoptar medidas de calado. Cuarta: Zapatero se retracta y, a pesar de sus ataques a Aznar, decide gobernar mediante decretazos y vulnera los derechos de obreros, de funcionarios y de jubilados. Quinta: Otros dos soldados españoles, víctimas de la guerra de Afganistán. Sexta: José Bono, el presidente del Congreso de los Diputados, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Y sigue. Y sigue.


Si Vd., lector, es joven, demócrata, no figura en formación política alguna, se atreve a quejarse de los efectos de la crisis y critica en público la actitud del Gobierno, será llamado facha. A bote pronto y de volea. Facha. Oiga, que yo hablo desde la realidad que sufrimos. Facha. Que... Facha. Déjeme hacer uso de mi libertad de expresión. (Plás, bofetada). Facha. A falta de argumentario, leches. Me recuerda la conducta del PSOE. ¿A ustedes no?


Un saludo.

 

DE LA RAPSODIA HÚNGARA AL AMOR BRUJO

 

De Liszt a Falla. De Hungría a España. En la película “El deseo de Wakko”, la rapsodia húngara número 2 suena en la carrera hacia la estrella de los deseos. La música de “El amor brujo” contiene, entre otras partes, la danza del terror. Carrera y miedo. Miedo y huida. La economía mundial se precipita entre estos dos abismos. En Grecia y Hungría, el talud de la quiebra está engullendo el parqué. El viernes, anteayer, de infarto. Qué, si no, entre la escapada y el horror vacui. Como España. Como España, Zapatero.


Tres factores se conjuraron para abatir la ya tortuosa marcha de los mercados mundiales. En primer lugar, la publicación de las cifras del paro en el país de Obama. Ni comparables con el desempleo español pero menos buenas de lo que se esperaba. En segundo lugar, la caída del euro por debajo de 1,21 dólares. Este retroceso no se producía desde la primavera de 2006, fecha de anuncio de la crisis que todos se negaron a reconocer, especialmente el gobierno mendaz del partido socialista. Por último, los temores de quiebra en Hungría. Tres factores económicos y una constante política: el gobierno de países de órbita filosocialista.


Las aguas ya bajaban negras. Las Bolsas se desesperaban en la incertidumbre de la volatilidad. Los especialistas, entre ellos Standard and Poor´s, ponían de relieve que billones (con b de barbaridad) de euros se han evaporado de los mercados más importantes del mundo. Las expectativas no son. La confianza no está. Ni se la espera. La tendencia a la baja se aposenta por más que, a veces, los amagos de subida nos hagan creer en sueños inalcanzables. Rapsodia húngara. El menor rumor provoca la espantada.


El G-20, mientras Liszt y Falla componen, se reúne. Hay que devolver credibilidad al mercado, declara. Si no, la recuperación económica será una quimera. Al menos, a nivel global. En el sur de Europa va para largo. En esta zona, las finanzas públicas se tambalean y los presupuestos se maquillan. Así, es imposible devolver la seguridad a la economía. El crecimiento económico es misión imposible. La tragedia griega se representa en Grecia y se anuncia en España. La deuda es una roncha enorme y fétida.


Tan grande la deuda y tan hartos algunos socios de los derroches y engaños de otros, que los 20 han abandonado la idea de crear un fondo bancario mundial. Cosa lógica en un negocio en el que los accionistas más desvergonzados juegan a socialismo de salón con el capital de las hormiguitas. Canadá y Australia se han opuesto a la olla común que unos pocos cocinan y otros devoran.


Es sabido que las mentiras tienen las patas cortas. Lo que no se dice es el perjuicio que causan. Sobre todo si son dichas, y defendidas, y repetidas de forma contumaz, por quienes tienen el sagrado deber de decir la verdad. Los ciudadanos sufren perjuicios que no tienen el deber de soportar. Hace dos semanas, Hungría no era el problema. Ni siquiera existía. Quince días más tarde, la Bolsa baila al son de Liszt. El amor brujo sigue su marcha racial.


El marco económico se apoya sobre un escenario político renco. He ahí el problema. La globalización económica va a deparar, antes que antes, un susto del que tardaremos e recuperarnos. Un susto para los ingenuos. Los avisados serán los encargados de dárnoslo. El susto va a dejarnos patidifusos. Para estas rapsodias, ni las húngaras. Para amores brujiles, ni los de Falla.


Un saludo.

 

 

LE TOCA A HUNGRÍA

El capital proyecta su importancia en diversos e importantes aspectos. Uno de ellos es el dominio que ejerce la empresa propietaria de los medios de producción sobre los trabajadores. O lo que es lo mismo, la tendencia del empresario a abusar de su posición predominante respecto a los asalariados. El abuso y la explotación van de la mano en el mundo de las relaciones. De todas las relaciones sociales y no sólo de las que nacen en el mundo laboral. El efecto del desequilibrio conduce, no pocas veces, al roce y, a continuación, a la violencia. Decía Carlos Marx que la tasa de ganancia decrece a largo plazo y cuando esto ocurre, sobreviene la crisis y decaen la producción y el empleo.



En este contexto, la carencia de trabajo hipoteca todo el sistema. Las tasas de desempleo de España, con ser las más elevadas de la eurozona, no distraen la atención acerca de la sangre que mana de la herida de la economía financiera. La deblacle helena, donde el paro no asusta en la misma medida, nos muestra el lado malo del capitalismo. Prevalece la economía de las finanzas sobre la economía del trabajo y ello comporta un desajuste letal: la impaciencia desordenada en pos de los beneficios más rápidos y fáciles a costa de imponer el trabajo muerto de la plusvalía sobre el trabajo vivo de la productividad. Es la constante del desastre económico mundial: la búsqueda desenfrenada del dinero fácil en perjuicio de la sosegada construcción de una estructura capitalista sólida.



Este articulista reclamaba, en reciente publicación de este mismo blog (“España se la juega”), el auxilio del club de los 27 a la Hélade. A la par que advertía de la necesidad de apretarse el cinturón y seguir los dictados de la impenitente Alemania. Si tal orientación se despreciaba, el efecto dominó se cobraría una nueva pieza. Hungría. En la tela de araña de la red ha caído Hungría y, de resultas, la Bolsa ha vuelto a sufrir un temblor de cuidado. Con lo cual, el tinglado toma carta de naturaleza.


El tinglado suple a la estructura y, como todo tablado ligeramente armado, es víctima del más leve terremoto. Los subidones de la Bolsa se convierten en pasajeras alucinaciones que articulan el batacazo inmediato. Los artificios, los enredos, las maquinaciones, los barullos, sólo en la inconsistencia tienen su templo.


Insisto en la idea tantas veces expresa: o se derriban los tinglados o se corrigen los defectos estructurales y se crean vínculos políticos obligatorios, o todo se va a pique. O se rompe la Europa actual. O se acepta el vehículo continental de dos o más velocidades. O se cede la soberanía nacional a fin de que la UE tutele a los más perezosos y menos comprometidos.



Hoy, Hungría ingresa, de iure, en el club de los reprobados. ¿Y mañana? Dónde estará España. En sitio recomendable, no. Al menos mientras el zangolotino Zapatero siga confundiendo los ministerios con los dicasterios, éstos con los falanterios y así. Zangolotino, en cuanto da bandazos, en tanto rectifica cada tres por dos y puesto que se mueve de una parte a otra sin concierto ni propósito. Hungría, capital, Buda y Pest. Pest y Buda.



Un saludo.

 

ANDALUCÍA PSOECIALISTA

El Presidente del PSOE, el señor Chaves, y su Secretario General, el señor Zapatero, por fin admiten -ya era hora- la crisis que nunca existió en abril de 2008. Ahora dicen que la culpa es de Aznar. Ahora. Cuando el partido ha dilapidado la hacienda legada. Lo pudieron advertir seis años antes. Dispusieron del derecho a heredar a beneficio de inventario, es decir, de aceptar la herencia hasta donde cubran los bienes de la misma. En el momento presente, no. Claro, que la mentira sería innombrable. ¿Y si callaron entonces por sentido de la solidaridad a su predecesor? Por favor. Solidaridad en Zapatero es imposible. Solidaridad en el almuédano del Prestige, en el vocero del 11-M, en el Bautista del cordón sanitario, en el inventor de la guerra de Irak... Buenos son los psoecialistas para excusar acción alguna del partido Popular.

 

La verdad es que Zapatero se asió al importante activo económico y financiero que le legó Aznar y lo mostró como propio, al tiempo que se apresuraba a desvincularse de toda relación con la actividad internacional del ex presidente popular. Así que de beneficio de inventario, nada de nada.

 

Griñán, sí. Pepe o José Antonio sí hubiera podido rechazar la herencia de Chaves. El marrón económico andaluz está teñido de negro. El paro se dispara por más que la estación estival atempere las cifras, las empresas cierran, los subsidios se resienten, el malestar social se incrementa. Las Cajas. Uf, las Cajas. Entre el Pinto de la de Castilla la Mancha y el Valdemoros de Cajasur.


Uno se pregunta cuándo los políticos del PSOE dejarán su demagogia (a veces innata, a veces aprendida), reconocerán públicamente sus errores y renegarán de sus corruptelas. Cuándo. Por ejemplo, ¿será capaz Zapatero de admitir, como mínimo, que el anuncio de retirada de Kosovo fue una "boutade" de su ministra Carme Chacón, esposa de su otrora asesor áulico, el sr. Barroso, hoy dedicado a pingües negocios privados? Otro: ¿tendrá Griñán la gallardía de reconocer que Andalucía ocupa el último lugar, según el Informe PISA, entre las Comunidades Autónomas españolas, o que las empresas públicas andaluzas han perdido, según la Cámara de Cuentas, cantidades multimillonarias, casi un cuarto de billón de pesetas en 2008?

 

El día que ese cambio de mentalidad se produzca, este articulista creerá que el PSOE reacciona contra la mentira, contra la demagogia, contra el engaño, contra la manipulación, contra la propaganda nazi, contra la corrupción, contra la degeneración democrática,... Me temo, sin embargo, que mis ojos no verán ese día.

 

La regeneración es una intención que cabe esperar de todo el mundo. Dentro del Partido que fundara Pablo Iglesias, también. El que espera, desespera. Ya, pero la paciencia es virtud de los filósofos. Y de los ingenuos.

 

Un saludo.

 

 

DE LA NECESIDAD, VIRTUD

Tiempo ha tenido. Más de dos años. Para cambiar el discurso. Para enmendar el mensaje. Pertinaz el Gobierno. Narciso el gobernante. Vacío de contenido. Exento de recursos. Más de dos años para admitir el error. Admitirlo por la convicción del palo. A causa del zurriagazo que la UE ha propinado donde más duele. Nuevo decorado. Ahora, mensaje novedoso. El Gobierno está haciendo lo que debe. ¿Y antes? El ayer sólo existe cuando es favorable. Como la retroactividad de las leyes. Menudos son los nazis postmodernos para arredrarse por una dialéctica del tres al cuarto.


Que quiénes son los más débiles en la escala social. A ver, en fila y por vagones. En el furgón de cola, los funcionarios. Chitón. Tres pelagatos rebeldes cuyas voces ahogará el miedo de los demás. Dos pitidos sonoros bastarán para recomponer la paz. Dos pitidos y un zapatazo. Expediente que te crió. Como Franco. Así actuaba el antiguo Jefe del Estado. Falleció, Garzón, falleció. Por mis muertos, que se fue al otro mundo hace la tira de años. En el coche siguiente, los pensionistas. Gente mayor. Pocas contemplaciones. Alguna amenaza. Mucho juanimedio, eso sí. El que rechiste, ojo, que en vez de congelar se recorta. Un Montes por aquí y un geriátrico por allá. Ya está. Miles de millones ahorrados. Esto es gobernar. Fortaleza. Seriedad. Sin concesiones a la galería. Sin fintas electoralistas.


Jefe, y con la reforma laboral, qué. Toxo, el del ático y Méndez, el co-presidente, saben el qué. Y el cómo. Hasta el cuándo y el cuánto. El por qué, por supuesto. Está pactado. Un par de concentraciones. Muchas pancartas contra el PP. Multitud de banderas republicanas. Imágenes televisadas de ministros cariacontecidos, extenuados por el esfuerzo de tanto coche oficial. Noticias a tropel que confirmen el fracaso de la huelga. Piquetes. Gente malencarada. Sacadla del barrio que sabéis. Violencia y presión contra los trabajadores que no se suman a la “vaga”. ¿Entendés? Que no se sumen.


Jefe, que no va a colar. Que los del PP son tontos pero no hasta ese punto. Que los peneuvistas nos la tienen jurada. Prometed la lehendakaritza y el euskera como lengua oficial única. Romped la "Y". Eliminad a López y a Basagoiti. Recordad que Roma no paga a traidores. ¿Y con los de Convergencia? A ellos, la luna. A Durán y Lleida, también, pero la de Valencia. Incluso els paisos catalans. Los demás no cuentan. Llamazares es más nuestro que Indalecio. Caio Lara, igual que Rosa Aguilar. Están en el bote.


¿Y Aznar? ¿Qué hacemos con Aznar? Jefe, que el del bigote nos la da con queso. Que el tipo es duro de roer. Una de Agag. Dos de Bush. Tres de Irak. Cuatro Prestiges. Cinco atochas. Y si no... Entonces, cables, muchos cables, más disimulados. (?).


Lo dicho. Pepiño, de poli muy malo. Alonso, cara de póker. De la Vega, ..., bueno, que siga como hasta ahora. ¿Y de poli bueno? Idiota. El de siempre, el del talante, el nene, el guapo, el nietazo. Con los colegas de la UE, calma. Si advierten la mano dura, nos creerán un par de meses. ¿Y luego? Luego, a tomar por saco. Este “tinglao” no dura más de un iva. Tres meses como mucho. Estamos tan asfixiados que diremos que el ahogo es producido por nuestro denuedo. Pero no por el estrangulamiento del déficit, o de la deuda, o del paro, o de la bolsa. De la necesidad, virtud. Para eso somos psoecialistas. Goebbels españoles. Pasada.


Un saludo.

DERRIBAR AL GOBIERNO

El decreto ley del recortazo nos ha desvelado hasta qué punto el Gobierno es una piltrafa. Su presidente, un pellejo político. El Consejo de Ministros, un colectivo de ínfima consistencia moral que todos desechan. La soledad de Zapatero se escenificó delante de millones de personas. El hombre quería mantener la sonrisa de conejo pero el ímpetu de la soberbia herida sepultaba el mohín forzado. Todas las formaciones quieren demoler el tinglado falaz que el PSOE ha erigido, desde hace un sexenio, en torno a un sujeto sin predicado y merced a un predicado letal cuyo sujeto no se ha explicitado. Todavía.


Derribar al Gobierno es, en realidad, un requisito. La condición sine qua non para que ese Gobierno no arruine al pueblo cuyo interés juró, o prometió, defender. Nuestra economía se devalúa a medida que aumenta nuestra deuda. La prosperidad que, otrora, gozamos, se diluye cual azucarillo en aguardiente. El pleno empleo que un quinquenio atrás se alcanzó, en sueño de una noche de verano se ha convertido. No hay sustancialidad en un Gobierno que carece de esencia y no hay carisma en un presidente tahúr.


La vida nos pone a cada uno en nuestro sitio. Antes o después, la mentira acaba por engullir a quienes la emplean como arma contra el pueblo. Sí se manipuló la información cuando se culpó a Cascos del desastre del Prestige. Sí se calumnió a mansalva cuando se llamó asesino al Aznar que no nos envió a la guerra de Irak. Sí se injurió al encausar la masacre de Atocha con los asesinos de Al Qaeda. Sí se difamó cuando se imputó al PP el secuestro de la democracia y cuando se instó a rodear a la derecha de un cordón sanitario. Detrás de toda esta panoplia de falsedades, el PSOE, con Rubalcaba de maestros de ceremonias y con Zapatero de inocente niño jesús. Con perdón.


Construir un Gobierno sobre tanta estafa es una tarea, no crean, muy complicada. La dificultad estriba en que la edificación no se cimentó con pilotes de garantía estructural, sino sobre el fango de una propaganda tan malsana como cruel. No se creaba. Se plagiaba. No se generaba riqueza. Se derrochaba el pingüe legado popular. No se producía una administración honrada. Se elaboraba una burocracia paralela, adicta y lacaya. No se perseguía el bien público, sino el interés partidario. No se premiaba la capacidad y el mérito. Se alababa la obediencia al régimen. No se puede mentir a todos tanto tiempo.


La gestión de Zapatero no es que se caracterizara por la impericia, es que discurría por la inoperancia. El presidente por accidente desvió la atención de todos a base de Estatutos, de leyes de Memoria histórica y de insulsas alianzas de incivilizaciones. Toda una horda mediática soportaba la ficción del discurso político del intruso. El impostor de la política antiaznar. Ebrio de soberbia. Hinchado de pestilente pus que él denominaba ideología.


Los restos del naufragio están llegando a las playas de los trabajadores y de los jubilados. Tablones de salarios recortados. Miserables pensiones encapsuladas entre cubos de hielo polar. Cuadernas destrozadas de vidas obreras que aspiraron, un día, a comprarse su propia vivienda. El Gobierno de Zapatero se ha arrojado sobre los arrecifes. Dice que también se hundió el Titanic. Al Titanic lo hundió la miseria de los indeseables. La misma miseria que ahogará a esta sociedad si los oficiales no mandan al capitán a donde la corresponde. A las graveras de derribo. Cuanto antes.


Un saludo.

TELECARROÑA

En la cadena trófica, el buitre ocupa un lugar importante. La actividad de esta rapaz carroñera en un ecosistema refleja el grado de conservación de un patrimonio natural. Natural. En el patrimonio social, el buitre indica cosa distinta. Y opuesta. Social. Representa el triunfo del desvalor frente al esfuerzo, el arribismo oportunista y despiadado contra la buena fe del que hace del trabajo su único modus vivendi. Natural y social. Sepan que en el mundo de la economía, los “ buitres” son fondos de capital riesgo que invierten en la deuda pública de una entidad débil o casi en bancarrota. Ay la bolsa. Ay la deuda. Ay España. Entre lo natural y lo social. Ay.

 

En la vida política, el carroñerismo se adueña de grandes ámbitos de poder. Se forman auténticas bandas de estas rapaces bípedas e implumes. Se las considera agrupaciones ignorantes, miserables e incompetentes. Incompetentes porque no pueden más que aprovecharse de la muerte ajena. Miserables, en cuanto quieren la destrucción del entorno. Ignorantes, puesto que no conocen otra forma de ganarse la vida. Querer, poder y saber. Cualidades encomiables si se dirigen al bien común y despreciables cuando se orientan al exclusivo, y excluyente, interés propio.

 

Rapaces carroñeras son, por ejemplo, las televisiones públicas que se alimentan de la muerte intelectual de los ciudadanos y devoran su seso. Carroñeras son las televisiones privadas que hacen del mal ajeno la fuente nutritiva de sus estómagos omnívoros. Como buitres vulgares se comportan los directivos de estos entes mediáticos que animan los más bajos impulsos (muerte, dolor, desgracias y un largo etcétera) con la aviesa intención de aumentar el share y, al tiempo, abultar la cuenta de resultados. Doce días, doce causas, publicita una de estas cadenas carroñeras para engrosar la mentira de las estadísticas. Con todo, el buitrismo de las públicas es más escandaloso que el de las privadas. De esta forma, el patrimonio social entra en una crisis mayor, en cuanto es la dministración la que, en vez de retirar la chasca del campo, contribuye a aumentar el peligro de incendio.

 

Pondré un ejemplo proyectable a cualquier comunidad política, local, regional o nacional. La Junta de Andalucía sostiene con fondos públicos a esa empresa que conocemos como Canal Sur. Su posición de privilegio respecto a las emisoras privadas lesiona el principio de igualdad de oportunidades y destroza la ley de competencia. El déficit de la televisión psoeandaluza se incrementa año tras año. En 2008, las pérdidas globales ascendieron a más de 1.200 millones de euros. Esta cantidad equivaldría a la que resulta de no congelar las pensiones de los españoles durante dicho año. Ojo. No la de los andaluces. La de todos los pensionistas de España. La carroña televisiva se ceba, pues, sobre todas las clases sociales aunque incide especialmente en los más desvalidos. Ni siquiera se constituyen en vehículos de cultura o de educación. Salvo que los “pájaros” dirigentes del ente consideren como tales dos raciones de coplas rancias, tres platos de intestinas vidas de ancianos o tres mil tapas de deportes varios.

 

¿Cui prodest? Al PSOE. No lo duden. En Canal Sur hallan el chavismo y el griñanismo la más formidable arma propagandística que alguien pueda imaginar. Que el gasto es vergonzoso, también. Los carroñeros se lanzan a descarnar las infraestructuras, ya viarias, ya educacionales, ya sanitarias. Ya. Recortan la piel de los funcionarios y se disponen, pico en ristre, a esperar que la congelación se haga líquida para abatirse sobre las nuevas víctimas. Si les faltara el alimento, los buitres de la sociedad perecerían en la inanidad de su esencia. Tendrían que ponerse a trabajar en algo productivo. Depredan la carne muerta. O la que está a punto de fenecer.

 

 

Señor Griñán. Que Zapatero sea malo, no quiere decir que usted sea bueno. A que no. No olvide que en una democracia, ¿le suena?, si reina la opacidad, el partido deviene banda, el gobernante, mamarracho, y el imperio de la ley cede ante la ley de la mafia. Es preciso limpiar la sociedad, que no la naturaleza, de aves carroñeras y de otros animales de esa especie.

 

Un saludo.

 

 

BLANCO PEPIÑO

 

Algunos no hablan. Berrean. La pérdida de la hegemonía en la manada provoca las disputas de los machos. Depende del rebaño. En las filas de la grey psoecialista, los poderosos no luchan entre sí. Temen que las heridas sean incurables y carecen de fuerza para fundar otras familias. Más vale tesoro en mano.


El nuevo jefecillo de la tropa es el señor Blanco. Don Pepiño. Se calza las botas de siete leguas, enmanga el bastón de mando y, hala, a repartir palos. A los de su partido, no. A éstos los hace callar con la mirada de Guerra. A quien lanza sus mandobles es al PP. No puede soportar el tañido fúnebre de las campanas que auguran una escandalosa derrota electoral. Sabotaje al PP. El poder es del PSOE. Haga lo que haga. Yerre lo que yerre. Robe lo que robe. Estafe lo que estafe.


Don Pepiño lanza contra Camps denuestos tras imprecaciones. Le aconseja -él, Pepiño, el jefe de la panda más sectaria- que asuma su responsabilidad. Él, el más ilustrado universitario que jamás piso Facultad alguna, se atreve a exigir responsabilidad a la Oposición en vez de demandar a su jefe de filas por conducir a España a la quiebra constitucional. El ministro de Fomento más bananero, junto a la ínclita Magdalena Álvarez, no se detiene en su arrogancia estúpida y acusa a Rajoy de no aplicar en su partido el código ético. Que Pepiño hable de ética es como pedirle a Guerra que abjure de sus hermanos o a Felipe que reniegue de la difunta Pilar Miró.


El problema de la España de Zapatero es Zapatero. No hay otro. Junto a Zapatero, los parásitos -y parásitas- que viven a costa del país que mal regenta el adalid de la cultura del artisteo y de la ceja. Zapatero es el problema. Las elecciones, la solución. Solución a corto plazo. Solución en cuanto ventana que permite la entrada de aire fresco que se lleve la inmundicia acumulada en las esferas de la Administración más rufianesca de las que han existido en treinta años de democracia. Solución en tanto se permita poner coto a la riada de gastos superfluos generados por unos gobernantes tan corruptos como incompetentes. Solución en cuanto deje vislumbrar la ilusión de eliminar del contubernio mafioso de algunos sectores de la política a personajes tan rastreros e indeseables como Aído, De la Vega, Pajín, Chaves, Bono y, por supuesto, don Pepe Blanco. Solución, en ese sentido y en ese contexto. Luego, que el pueblo hable y que su voz sea soberana aun cuando se equivoque como los monarcas del sol.


Nos queda un consuelo. La UE es el solaz. De no tener la fiscalización -tardía pero celadora- de la Eurozona, Zapatero hubiera puesto en marcha la maquinita de fabricar billetes de todo tipo y argentinizar a España al más genuino estilo peronista. La devaluación de la peseta hubiera transportado a la economía española a la autovía de Zambia o de Togo. Mientras tanto, Blanco hubiera activado el reloj de arena de la miseria inacabable.


Las amistades peligrosas que son Castro, Chávez, Morales, Correa o Kirchner han contribuido, sí, pero no son la causa del desastre. Dios los cría y ellos se juntan. Los mandamases del subdesarrollo aspiran a ser los caudillos de la democracia dictada. Manosean los resortes electorales para establecerse en la seguridad del perpetuo poder. Pepiño Blanco quiere ser como ellos. El gran macho. Blanco. Pepiño.


Un saludo.

 

GARZÓN, ZP Y BONO: RECTIFICADOS

Es propio del sabio el rectificar. Enmendar el proceder erróneo, inconveniente o defectuoso caracteriza al prudente, al humilde y al juicioso. La tozudez de los hechos del presidente del Gobierno español alejan a este señor de las cualidades apuntadas. Ni falta que le hacen, me dirán sus incondicionales. Mucha necesidad, arguyen los ciudadanos. Mucha. El hombre sigue, erre que erre, asido al poder legítimo que los españoles le otorgamos en las urnas. Nada que objetar al respecto, salvo que haya mentido. La espectacular modificación de su programa electoral induce a pensar que o nos ha timado a todos o que todos somos tan ingenuos que merecemos a un gobernante como él. Así, si se desvía de su cauce, los votantes tenemos derecho a efectuarle un rectificado, como al motor de los coches.


De similar pelaje es Garzón. La irregularidad detectada en la gobernanza judicial de algunos de los casos que le pueden llevar al banquillo de los acusados -imputado ya está- nos indica que ha podido incurrir en conductas presuntamente delictivas. Su reciente suspensión cautelar refrenda cuanto decimos. El Tribunal Supremo se equivoca como todo el mundo. Garzón, no. El juez del GAL y de la X no yerra. Es normal que se dirija, de su puño y letra al señor Botín en demanda de financiación para unos cursos. Entra dentro de la rutina judicial que no se abstenga en una resolución que dictara a favor del presidente del Santander. Nada de particular en que se dirigiera por escrito, empleando el tuteo, al responsable de una petrolera instándole a contribuir a la realización de los Diálogos Transatlánticos de la Universidad de Nueva York, por él codirigidos. Actuación correcta la suya por más que insignes juristas discrepen y hallen indicios comprometedores contra el jiennense. El Consejo General del Poder Judicial puede rectificar al que se sale de las normas establecidas.


De calaña no lejana a los anteriores es José Bono. El todavía Presidente del Congreso se nos presenta como el paradigma de la honorabilidad política. El más nimio ataque a su honradez semicentenaria le hace saltar como un tigre de Bengala. Su comportamiento es intachable. El de su familia, más. Sus cercanos no son amiguitos del alma. El patrimonio que ha acumulado no admite dudas acerca de su legitimidad. Ni cohecho ni condonación. Cristiano, socialista y español, Bono es calderoniano. Acude, pronto y presto, a la Fiscalía para mostrar su transparencia. A la Fiscalía de Conde Pumpido. A la Comisión del Estatuto del Diputado, no. Al notario, tampoco. En una convocatoria de rueda de prensa, no se lo cree la canalla. Regalos, dádivas, intercambios, sí, pero sobornos, ni hablar. Sus acciones son tan límpidas como el agua del río Tinto a su paso por Nerva. ¿Que son rojizas? Ah. No me lo creo. Compruébelo. Tan fácil como verlo. ¿Y Anticorrupción? Tan sencillo como investigarlo. ¿O no interesa rectificar?



Zapatero, Garzón y Bono. Tres patas para una bancada. Dicen que son hombres irreprochables. Qué van a rectificar si la perfección les adorna. Ellos, no. Los demás, sí. Rectificantes, ni pensarlo. Rectificados, obligatorio. Por vergüenza democrática, rectificados. Los tres. Uno, dos y tres. De Manuel Benítez Carrasco: «Uno, dos y tres/Tres banderilleros en el redondel/Sin las banderillas/tres banderilleros;/sólo tres monteras/tras los burladeros».


Un saludo.

 

ESTADO DE MALESTAR

 

"Un miserable, incompetente e ignorante". Sobre Zapatero, no. Palabras de Rita Barberá, incombustible alcaldesa de Valencia, sobre el presidente del Gobierno de España. “El más inepto gobernante que España ha padecido desde los Reyes Católicos, incluidos Fernando VII y Godoy”. Palabras de este articulista.


En cualquier faceta de la vida, el ser negativo constituye una losa insoportable. La carga espiritual que afecta al personaje se distribuye por toda su idiosincrasia y hace de su actividad una especie de catastrofismo andante. Se siente tan inseguro, que talla a cincel todos y cada uno de los aspectos externos de su personalidad. Risueño por fuera, tétrico por dentro. Zapatero entra dentro de esta composición del “ethos”. Muchos años de cunero hacen del más estólido un Cicerón. Aprenden en la soledad de su contrahechura a mimetizarse en la esfera pública de los más brillantes del colectivo. Imitan a los líderes hasta reproducir con fidelidad cada uno de sus tics. Como clones de escaparate que ocultan la fealdad interna. Se postulan como líderes mesiánicos contra algo o contra alguien. Están pero no son. Aparecen pero no conducen. Copistas sin genio creador. Amanuenses de creaciones ajenas. Suplen con fingido talante su reducido talento. Son Loperas que buscan Betis a los que esquilmar sin escrúpulo. Son remedios contra el rigor aznarista.


Los loperas y zapateros que en el mundo son, dicen defender los intereses de la sociedad. Afectados por el complejo de Creso, despilfarran la hacienda ciudadana con la intención de hacer creer que todo su ser se proyecta al fomento de las prestaciones sociales. En torno a este discurso gira todo su mensaje. Una corte de aduladores forma parte del séquito oficial. El sistema de salud, gratuito. Los inmigrantes, sagrados. Los sindicatos, hitos del progreso. Los ancianos, columna vertebral del sentimiento de la gratitud. Los jóvenes, semilla de un futuro esplendoroso. La educación, plataforma de paz. La guerra, deriva ideológica de la derechona cavernaria. España, adelantada de la Europa como superpotencia económica y cultural. Los loperas y zapateros mienten una sobre otra y otra sobre una. Han empeñado desde las cuevas de Altamira hasta la Sagrada Familia, al igual que los papandreus helenos han pignorado el Partenón y la Acrópolis ateniense toda.


El Estado del bienestar del siglo XIX se concibió como un Estado Providencia. Erradicar la guerra y la pobreza, la enfermedad y el dolor, la esclavitud y la discriminación, la desigualdad de oportunidades y las rígidas diferencias de clase, eran sus objetivos inamovibles. En pos de los mismos se dirigió la política de una Europa occidental que, merced a una burguesía poderosa y explotadora, alcanzó inimaginables cotas de felicidad en los últimos años del siglo XX.


En nuestros días, la hucha estatal repica. Los manijeros del pastizal han metido la pata, sin duda, pero, lo que es peor, la mano. Las manos. A manos llenas se han forrado los amigotes de loperas y zapateros que, unidos, nunca serán vencidos. Y claro, donde fueres, haz lo que vieres. El Estado del bienestar se ha reducido tanto que la alcancía ni suena. ¿Entonces? Se despiden trabajadores sin indemnización alguna, se recortan salarios, se congelan pensiones, se pisotea el derecho a la educación, se establece el copago sanitario, se funcionariza el mercado, se subvenciona a los sicarios, se inyectan millonadas a los Bancos, se corrompe a las Cajas, se pide préstamos a países vecinos a intereses usureros y se cede al chantaje de los separatistas vascos y catalanes. Los loperas y los zapateros. Lopera, que paguen los béticos. Con Zapatero, pagamos los españoles. Que somos unos cuantos más.


La ruina no viene. La ruina está. El Estado del Bienestar murió. Aznar nos lo dejó vivo y coleando. Zapatero se lo ha cargado. Sin embargo, en su obsesión contra Aznar nos ha dejado una herencia letal: el Estado del Malestar. En su etapa inicial, no crean. Luego irrumpirá el Estado del Molestar. Más tarde, el Estado del Muladar. Y en eso está Zapatero.


Un saludo.

 

HUELGA POLÍTICA

 

Las personas informales que, por su actitud arbitraria, ilógica o contraproducente, no se hacen merecedores de respeto, son calificadas de mamarrachos. Por extensión, se denomina mamarrachada a una actuación imperfecta, defectuosa, extravagante, grotesca o ridícula. Sic.


La política desarrollada –o mejor, perpetrada- por Zapatero y su Gabinete puede encuadrarse en esta calificación semántica del mamarracho. El Presidente de este Desgobierno de España mostraba, con la flatulencia propia del engreído, que estaba dispuesto -al cabo de dos años y de millones de cadáveres laborales- a tomar medidas para frenar el déficit. A reformar, sí. Pero de manera drástica, no. Ni hablar. Así lo refirió en su entrevista monclovita con Rajoy. En este sentido enfatizó a continuación tras comparecer ante los periodistas. De manera drástica, no.


Pensaba el tonto, pensaba, que yo por él me moría. Así era el estribillo de una antigua cancioncilla popular. Pensaba -y declaraba- que de reformas drásticas, nada de nada. Contundentes palabras en tan veleidoso personaje huelen a chamusquina y preludian un infierno de fuego. El incendio, voraz, lo provocó el presidente y él solito lo propagó a velocidad vertiginosa. Diligente el hombre.


De la vida millonaria, España ha pasado, gracias a las mamarrachadas continuas del sucesor de Aznar, a la quiebra técnica. De la cima a la sima en pocos años de prodigalidad. Nadie se atrevió a incapacitarlo en su momento y ahora pagamos las consecuencias. Recorta que te recortó. De un tajo. Derechos de los más débiles seccionados. Aspiraciones truncadas a los más desvalidos. Es el socialismo zapateril. La equiparación por abajo. Junto a cinco millones de parados, nueve millones más de funcionarios y de pensionistas. Igualados en la desgracia.


UGT y CC.OO han considerado oportuno, ahora, alzar la voz. Méndez, el grán cómplice, y Toxo, el tonto útil, dicen que ya está bien. No les bastaba aplaudir el deleznable espectáculo de la destrucción masiva de empleo. No. Ovacionaban el coraje del presidente. Tan miopes o tan cínicos que no podían entrever la fatalidad que acechaba. Desoían las voces de alarma de los más sabios y el grito de los más desnudos. La copiosidad era su única compañera de francachelas. Ebrios de subvenciones y hartos de poder, nada podían avizorar. Desgraciados.


Pretenden, a buenas horas mangas verdes, convocar una huelga general contra los autores del caos económico y social. Mala intención. Ellos saben, tras la resaca de la borrachera de vino y de rosas, que no hay vuelta atrás en el decretazo. Lo saben. No es que tengan remordimientos por lo que debieron hacer y no hicieron. No. Es que quieren limpiar la sangre derramada con más sangre. Huelga. Para qué la huelga. Es inútil en estos momentos. No es posible ya fomentar y defender los intereses de los trabajadores. No lo es. Así lo expresa el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo. Demasiado tarde.


Vendetta. Venganza. Resarcimiento. No es posible lavar el alma con salterios si los actos se enfangan en la maldad. Huelga política. Se decantan por la huelga política. Está proscrita. Es ilegal. Lo omiten. Sagaces y malévolos optan por tirar de la soga que se anuda en el cuello de los humildes. Huelga política y saqueo salarial. Para expulsar a este Gobierno mamarracho del títere Zapatero no es preciso romper más los bolsillos obreros. Basta reunir a la ciudadanía. Invitarla a manifestarse. Todos los días. Un ratito diario. En todos los pueblos y ciudades de la geografía nacional. Sin traumas. Con paciencia y arrojo. Todos juntos y a la vez, gritando: elecciones, ya. Elecciones, ya. Hasta que la callosidad endurezca nuestras gargantas. Elecciones, ya.


Habla, pueblo, habla. Habla. No perturbemos los servicios. No cooperemos con los actores de la gran estafa. A la huelga, los sindicatos. Los ciudadanos, al trabajo que nos queda. Después, unos minutos al clamor. Diario.


Un saludo.

 

 

 

EL COSTE DEL DECRETAZO

 

España en almoneda. España se vende a precio de saldo. El pasivo de la Administración es tan gravoso que los números tiñen de rojo la contabilidad. La empresa España se halla en quiebra técnica. La deuda pública sólo se compra fuera a intereses de usura. Hay momentos en que ni siquiera el Shilock del Mercader de Venecia prestaría una libra. Ni en la seguridad de que Shakespeare cambiase el final de su obra maestra.


La intervención del Banco Central Europeo pone sobre el tapete un asunto escabroso. Por vez primera desde que se instituyera, la Unión Europea se entromete en un asunto hasta ahora intocable: la soberanía estatal. Antes de partirse en mil pedazos, la comunidad cuya creación propiciara hace más de medio siglo Schuman, ha metido las manos en hogar ajeno. La situación es tan grave que o se amputa o la Unión se va al garete. La Europa unida y fuerte defensora de la paz, descalabrada. La Europa que se ha ido construyendo pasito a pasito para no despertar alarmas entre los estados miembros, descoyuntada por el traspiés. La Europa económica que no cedía cancha a la intromisión política, mancillada en su honor de independencia patria. Cómo estarán las cosas para haber traspasado la gruesa línea roja. Cómo.


La voz de Zapatero en el Congreso anunciando el recortazo, es, en realidad, la del ventrilocuo. El presidente español ha abierto la boca pero el mensaje le ha sido dictado desde arriba. El primer ministro español se ha convertido en una marioneta cuyos hilos maneja el ente supranacional. Nadie esperaba que el Consejo y la Comisión llegaran tan lejos y tan hondo. La gravedad del paciente hubiera provocado una metástasis invasora de todo el cuerpo. O se amputa el déficit o la ruina campeará. Zapatero ha dicho, pero quien ha hablado ha sido la cirujana Merkel.


O Zapatero aprende o se entera. Ni aprende ni se entera. Ha dicho, pero no ha hecho. Todavía no sabe cuánto va a recortar por aquí, qué va a congelar por allá, si apretará más los tornillos fiscales o a qué recurrirá para frenar la sangría del desempleo. No sabe ni se entera, pero se empeña en seguir al mando de la desvencijada caravana. Si la UE le dicta y no comprueba el efecto del dictado, es como si tuviera un tio en Graná. Por mucho que dejen a Zapatero como administrador concursal de figurín, el leonés de Valladolid se comportará como un niño. Querrá seguir jugando, inconsciente de lo que le han puesto en las manos. O se le ata corto o el nene pulsa el botón de la bomba financiera. En cuyo caso, el títere se ríe del autor y el enfermo finta a su médico. Tanto dolor para nada.

 

El Congreso debe validar el tardío decreto ley. Hay que echarle bemoles para someter al Parlamento una decisión ayer innecesaria y hoy excepcionalmente urgente. O Zapatero mentía ayer o ahora nos estafa o es víctima de una impostura. O las tres cosas a la vez. Y si, pese a todo, el jefe psoecialista obtiene el apoyo -o la abstención- de los nacionalistas vascos y catalanes para validar el decretazo, habrá que echarse a temblar. A cuánto nos habrá salido el voto o la abstención. ¿Se legalizará a ETA o se devolverá a Urkullu la lehendakaritza en bandeja de oro? ¿Se modificará el Tribunal Constitucional o, directamente, se les regala el Estatut independentista?


El prisionero de la Moncloa es un hombre roto. Despedazado en su honor por sus consocios de la Europa que debía presidir este trimestre y violentado en su ambición por sus prestamistas cortesanos, Zapatero es la viva imagen de la derrota. El fracaso de lo que quiso ser. El abatimiento del despilfarro de una gloria tan inesperada como efímera. El sometimiento a un destino previsto. Nunca nadie con tan pocos méritos llegó tan lejos en España sin ser de sangre azul. Ni Godoy.


Por causa de aquél, España vivió la muerte. Por el desbarato de éste, España se vende. Muy barata. La burbuja inmobiliaria preludia el estallido de la casa nacional. O suspendemos la subasta o nos la compra el mismísmo Carod o el extraordinario Otegi. Elecciones, ya. Antes de que sea demasiado tarde.


Un saludo.