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Francisco Velasco. Abogado e historiador

ACTUALIDAD POLÍTICA NACIONAL Y REGIONAL

SECRETOS

 

 El enemigo en casa. Quién se atreve a hablar rodeado de espías. Toda la legitimidad que quieran a estar allí. La misma que para negarles el acceso a ciertas fuentes. Cómo va a estar Amaiur en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. Mañana, ni secreto ni oficial. Hombre, un poco de sensatez. Y quien dice Amaiur, Ezquerra Republicana. Tiempo le iba a faltar a los catalanistas que se dicen de izquierda para chivarse.

 

Los republicanistas lamentan la actitud del PP. Qué habremos hecho para merecer este desprecio, espeta en el hemiciclo uno de los amigos de la coalición proetarra. Qué injusticia, papi. Como si ellos hubiesen transgredido sólo veinte veces el funcionamiento democrático ni hubieran hecho daño a España en su cándida vida política. Pobrecicos. No se preocupen. A su salvaguarda irrumpen los de Izquierda Unida. Los de Lara se mueven al conjuro de cualquier acción del PP. Se levanta Rajoy del escaño y unos cuantos polifemos de la vista sesgada dirigen hacia él sus miradas inquisidoras. Si deja el escaño, es que va a mirar el libro gordo de los secretitos. Son la leche.

 

Se les llena la boca de democracia para fustigar las acciones ajenas y pisotean el significado del término cada vez que la furia tiránica se concentra en calles y plazas. Detrás, el Psoe, dispuesto a todo con tal de seguir azuzando los revolcones a la policía. Ya falta menos. Para llamar asesinos a los del PP, les queda un barrio. Para encadenarse frente a las sedes de los populares, un cuarto de hora. Para convertir los espacios públicos en algaradas, ya transcurrieron días. Los secretos del poder se custodian en caja de EREs, en desfalco de fondos reservados, en pandilla de filesios y malesios.

 

Nuestra legislación no regula adecuadamente los secretos oficiales. Más que una laguna, todo un Caspio. Hay una ley, sí, que pretende evitar que trascienda el conocimiento de lo que se clasifica como secreto al tiempo que delimita qué autoridades y qué funcionarios pueden tener acceso a los mismos. Argumentaba Bobbio que el Estado democrático es aquel cuya opinión pública tiene un peso decisivo en la formación y el control de las decisiones políticas, aquel en el cual las sesiones del Parlamento deben ser públicas, en el que todo lo que se debata ha de ser publicado en su integridad y en el que los periódicos son libres de manifestarse a favor o en contra de las acciones del Gobierno. El amigo Bobbio, pensador ilustre, fue un filósofo de la democracia. Cosa distinta es que fuera un gobernante en un país democrático. Sucede con tanta frecuencia.

 

La democracia no es país de súbditos. Patria de ciudadanos con derechos que aspiren a paz estable. No es más. Ni menos. Nunca se vivió este ideal en territorio ni tiempo algunos. Nunca. Menos en España. Imposible en esta España de los independentismos barriobajeros. Quién será el que le ponga el cascabel al gato de la ley y, con sentido de Estado, confiese: no se levanta el secreto porque el conocimiento de materias reservadas no está hecho para la boca del jumento disruptor.

 

Así que si los de ERC, IU, Amaiur y otras formaciones de análoga laya se molestan, ya saben. Doble problema. El primero, fastidiarse por lo que son y como actúan. El segundo, serenarse y acudir al hospital de la fuerza del pueblo soberano.

 

Un saludo.

REVOLUCIÓN CONSERVADORA

 

 Un incisivo cuchillo romo. Una inteligente estupidez. Unas plenas palabras vacías. Un feliz hombre desdichado. La revolución conservadora es una majadería, con independencia de la figura literaria. Dicho por Rubalcaba, la expresión va cargada de nitroglicerina contra el PP. Los sucesores de Pablo Iglesias nunca entendieron de socialismo, de obrerismo ni de españolismo. Jamás de los jamases. Eso sí, de partido, de facción, de banda, lo que quieran. Y de consignas panfletarias, una “jartá”. Si se pierde el poder en las urnas, se conquista en las calles. Y si hay que incendiarlas y que un huracán se abata sobre la paz del país, bienvenido sea.

 

Perdidos en el intrincado bosque de luchas internas, los psoecialistas no se quedan en los cuarteles de invierno a lamer sus heridas. Ni hablar. La supervivencia del grupo depende de la mina de diamantes que proporciona el poder. Y a ello se lanzan con derechos o sin ellos. A falta de despachos oficiales, aceras y calzadas. Que no hay coches oficiales, para eso están las ruedas de los contenedores de basuras. La kale borroka se traviste de violenta calle. Necesitan confianza del pueblo y siembran el miedo entre la gente. O por las buenas o por las malas.

 

Los recientes y desafortunados incidentes de Valencia no son una casualidad. Traen causa del pasado. Son el tercer salto al vacío de los que no aceptan los votos de castigo. Antes perpetraron el inicio del movimiento de indignados. Después, regaron el semillero del 15-M. En 2004, pusieron la pica en Atocha. Previamente, la guerra de Irak sirvió de trampolín de despegue para los luctuosos atentados de Madrid. Las sedes del PP se convirtieron en citas tramadas y en focos de acusaciones de asesinos a Aznar y los suyos. Ni ayer ni hoy ni nunca, la derecha puede ser calificada de asesina si no se argumenta tamaña barbaridad. No se argumentó. Se perpetró y punto. En Valencia, los argumentos son tan escabrosos como falsos y tan afrentosos como repugnantes. No hay, pero miles de dedos comprados pulsan a la vez botones de pánico.

 

El PP no lidera revolucioón alguna. Cuanto menos una involución política. El centroderecha español peca siempre de una nefasta política de comunicación. La derecha de Rajoy no se ha quitado de encima la escarapela franquista. No porque guarde algo de aquellos polvos, sino porque no ha sabido mostrar la cara reluciente, libre de lodos que otros le arrojan. Por respeto a la inteligencia y a la cultura de los españoles, Rubalcaba -y es pedir lo imposible- debiera abstenerse de ciertos comentarios. Revolución comporta cambio violento de las instituciones socioeconómicas y políticas de una nación. Dónde, Alfredo, reside la violencia ni el cambio salvo que los votantes hayan decidido apearos del machito. Conservador, señor secretario general del Psoe, significa ser favorable a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a cambios bruscos o radicales. Es tan perverso su discurso que con tal de transportarnos a la bronca, no vacila un instante en cargarse el lenguaje castellano. El hermoso lenguaje oficial de España.

 

Le importa a Vd. un pepino España y un pimiento la españolidad. La ciudadanía se la trae al cabo de la calle. Sólo quiere, aspira y ambiciona poder. Poder y dinero. Dinero y poder. Así en un rosario interminable de canalladas linguísticas y fácticas. Muchas veces, hasta jurídicas. Qué mas da que le da lo mismo.

 

Revolución conservadora es como decir Psoe limpio. Una entelequia. Pura filfa. Si quiere seguir mandando a los españoles, saque las pistolas y a tiro limpio contra ellos cuando estén desprevenidos. En caso contrario, respete el resultado de las elecciones. Y si Andalucía también les da la espalda, aprendan a gobernar con justicia, igualdad y legalidad. A lo mejor, algún día retornan a San Telmo.

 

Un saludo.

 

DE PUTEROS Y TORPEDOS

 

 Para destruir y aniquilar, el fuego. Una buena candela. Para hacerlo con la máxima rapidez, la incandescencia se consigue vertiendo gasolina o alcohol sobre la pira ya formada. Al rojo vivo. La bronca de los ERES tuvo su nido en Sevilla y en la capital andaluza los agentes de la fabulosa rapiña añaden fragor a la lucha por llevarse las cenizas, aventarlas lejos o arrojarlas al pozo más recóndito y profundo para que nadie pueda recuperarlas.

 

La Diputación de Sevilla la preside, por seguir el protocolo, un militante del Psoe. Dentro de la sistemática de ataque-defensa de este grupo político, se atiende, en primer lugar, a satisfacer las necesidades pecuniarias de quienes pueden minar la fortaleza del partido. Mas si falla el primer envite, adviene la segunda embestida. A muerte. Contra el sujeto que no calla y que planta cara, a degüello. Si no lo creen, ahí llevan un ejemplo más que reciente: el del señor Guerrero, durante una década, Director General de Trabajo de la Junta de Andalucía. El tapón descorchado de la inmensa botella de champán avinagrado de los expedientes de regulación de empleo.

 

El presidente de la Diputación de Sevilla, dada la inutilidad de disuadir a su conmilitón, arremete contra él como fiera corrupia, indómita, cruel y carnicera. De angelito a diablazo en cuestión de segundos. El psoecialista que preside el órgano supramunicipal sevillano ha llamado a Guerrero “putero, chorizo y drogadicto”. Casi ná. De protegido a desahuciado. De alma cándida a cabronazo erguido. Cómo se las gasta la gente del Psoe. Cualquier similitud con actividades de formaciones mafiosas es algo más que pura coincidencia.

 

Los corleones del mundo del hampa despachaban con algún disparo y los epígonos de la camorra andaluza te liquidan con una descalificación institucional que amplifican a través de los medios subvencionados. Hasta que todo el mundo sepa que Guerrero es un sinvergüenza, no por haber contribuido sobremanera a la folfería de los EREs, sino por ser un ladrón, un putero y un drogata que ha perjudicado la intachable imagen de Griñán, absolutamente ajeno el muchacho a las prácticas corruptas de ese garbanzo negro. No basta con mil veces para que los andaluces nos traguemos la mentira, en eso estamos de acuerdo. Pero veinte mil veces de tortura audiovisual a través de Canal Sur, y ya veremos si nos creemos la tesis de los griñanistas.

 

O conmigo o contra mí. Son tan canallas estos especímenes de la Cosa Nostra, que la desviación de poder es delito insuficiente para sus ambiciones tiránicas. No se conforman con desviar el poder público a sus intereses privados. Lo que quieren es el río de poder para ellos solos. En propiedad. Como en Cuba o en Corea del Norte. Cuando se es dueño de todo, no cabe desviar las propiedades de nadie porque nadie tiene propiedades. La izquierda fascista añora las dictaduras soviéticas. Lo que disfrutarían ellos con asumir la cuota de manejo de Stalin y envolverla en el azulado papel de la democracia. Inmundos unos, inmundos los que cooperan en la trama antidemocrática.

 

Por cierto, que Valderas, el político perpetuo, nos amenaza con su candidatura al Parlamento de Andalucía. IU lo ha colocado en el número 1 de la lista por Huelva. Dentro de un mes, el bollullero confiará en el voto de los onubenses para tirar otros cuatro años en el oficio de la res pública. Y, como él mismo declara, va a por todas. Ir a por todas es lo que hace un torpedo. Llevarse por delante todo lo que encuentre a su paso hasta que se estrella contra el objetivo.

 

Valderas arrasa las dignidades de la izquierda pactando/pastando con el Psoe más brutal que se recuerda desde el Gal y desde el Frente Popular. Valderas ensucia los cristales claros de la gobernanza de la Diputación de Huelva con alianzas como las del Palacete de La Plaza de las Monjas. Valderas arroja por el precipicio el crédito que los hombres y mujeres del Partido Comunista lograron a golpe de honradez y a costalazos de cárceles franquistas. Valderas es un torpedo en la línea de flotación de la democracia. Cualquier voto que se destine al grupo que él lidera, es un sufragio que engordará el saco del coco psoecialista. Avisados estamos. Avispados seamos. Libres votemos.

 

Un saludo.

LOS SIGNOS DEL ZOIDOACO

 

Mi artículo dominical va a ser breve. Muy breve. Lo que pretendo es que sea contundente. Estoy de enchufes públicos hasta la coronilla. Si hasta ahora he centrado mis legítimas críticas en el Psoe, no voy a escatimar reprensiones cuando el triste hacedor de estas corruptelas sea el PP. Bajo ningún concepto.

 

Zoido, el alcalde de Sevilla, ha quedado en entredicho. Rectificar es de sabios, sí, pero enmendar yerros es de decentes. Los partidos políticos que tengan algo que agradecer a sus militantes, son libres de hacerlo. Pero con cargo a sus fondos privados o a las empresas afectas. Las instituciones públicas no son posadas de reposo para intereses particulares. De ninguna forma. Me repugna la torcida e ignominiosa instrumentación de las administraciones locales, autonómicas o nacionales para agradecer favores. Me puede y me supera. Sin embargo, no callaré.

 

En Sevilla como en Huelva, en Madrid como en Bilbao, la ciudadanía es igual y la transparencia y la objetividad deben principiar los actos de los rectores de ayuntamientos, comunidades y del Estado. Si a Zoido se la han metido por detrás, que se la saque. A continuación, los beneficiados deben besar el asfalto de la puñetera calle. Ellos y los listos que han censurado, con razón, las fechorías del psoecialismo y, una vez han dispuesto de oportunidad, han reeditado la mala praxis de aquéllos.

 

A la calle. Astrólogos hay que se forran a cuenta de las creencias en el zodíaco. Éste que escribe no está por la labor de leer el Zoidoaco. En la diversidad, la igualdad de oportunidades. En la igualdad de todos, la diversidad del esfuerzo, de los méritos y de las capacidades. Ahí radica la virtud. Si Zoido la pierde, que Arenas la encuentre. La calidad empieza por uno mismo. La autoridad, a través del propio ejemplo. Que no se olvide.

 

Un saludo.

CIERRA EL PÚBLICO DE ZAPATERO

 

 Al igual que los césares hacían levantar su foro, Zapatero quiso un periódico de cabecera a sus pies. Felipe preservó sus riñones con el diario de Polanco y satisfizo su egolatría con la guardia pretoriana de Cebrián. El País fue un referente. Público, una coima, una dádiva, un impulso ad personam, un canto vulgar frente a la ópera de González. Desaparecida la cantera, cesó el trabajo. Público cierra. Dos meses después de la derrota de Zapatero, agoniza su particular caja de resonancia. Adiós a la edición de papel. Mojado. La desgracia de las glorias húmedas.

 

Se proclamaba de izquierda y no era sino un panfleto. Una hoja diaria de la parroquia de la iglesia de los santos de la ceja. Un libelo escrito con tinta de dinero de los contribuyentes. Uno lo siente por sus trabajadores. Sin embargo, en la ley del mercado, el Gobierno debe envainar sus ofertas y administrar las demandas. Público sufre en las carnes obreras la angustia de más de cinco millones de parados que acumuló la neurosis política del zapaterismo y de sus trompetas anunciadoras. Los falsos brotes verdes de la economía han desarrollado sus raíces en el origen del mal. Cuando la información se tergiversa y la opinión se pone al servicio mercenario del patriarca de turno, la prensa se envilece.

 

Público no contribuyó a formar la voluntad de los ciudadanos. El derecho a la información no casa con la libertad de expresión si media el propósito manipulador. Los medios sucumben a sus propias historias. Las empresas de esos medios se regentan en virtud de sus patrocinadores, que no como señal de respeto a su verdadera difusión. Si el número de lectores determinara la pervivencia de Público, su salida diaria no hubiera superado la semana de existencia. Carecía de compradores y le sobraban periodistas e ínfulas de objetividad.

 

La muerte de un periódico es una mala noticia. Siempre lo es. La desaparición de una empresa periodística malparida constituye motivo de regocijo. Y lo es porque se quiere postular como suficiente un grupo de emprendedores que, en realidad, comían y bebían, a todo tren, a costa de su patrón gubernamental. Pocas veces la realidad relaciona con tanta notoriedad las causas y los efectos.

 

Se fue Zapatero donde no puede hacer tanto daño. Se va Público a renglón seguido de la ostraka que la ciudadanía entregó al leonés. Ya no tiene quien eche un ojo ni quien pase una hoja. Habrá de conformarse, es la fuerza del sino, con la aventura digital. Su página web competirá en condiciones de cierta igualdad con otras digitales. El futuro es hoy. De todas formas, Público tiró a El País con las mismas balas que ZP a FG. Y no es lo mismo. El País gustará, o no, en su línea editorial, pero no ha perdido todos los toques de distinción que alumbraron su nacimiento en el umbral de la democracia. Público era la flor de un día en el ojal de un tiranillo que se creyó becerro de oro.

 

Adiós, Público en papel. Bienvenido, Público digital. Viva la igualdad que nos hace libres. Ni una lágrima. Ni una manifestación de contento. Por los trabajadores. Sólo por ellos. El mensaje estaba podrido.

 

Un saludo.

ECONÓMICAMENTE POBRES

 

 Necesitados. No tienen lo necesario para vivir. Los hay de solemnidad, tan notoria es su pobreza. Y limosneros, como los mendigos. Pobres voluntarios que se desapropian de cuanto poseen, algunos hay. Del mismo modo que pobres soberbios que necesitan ser auxiliados pero no admiten la situación y rechazan la ayuda. Pobres de ellos. Infelices.

 

La España del siglo XXI bebe crisis análogas a las que colmaron el siglo del Barroco. Las crisis hacen extraños compañeros seculares. Extraños y alejados por las galaxias del tiempo cronológico. En el año del Señor de dos mil doce, Cáritas nos pone los pelos de punta con su Informe sobre exclusión y desarrollo social. Una cuarta parte de los hogares de España ni siquiera se asoman al umbral de pobreza. Miles de familia no llegan por más que se empinen sobre sus castigados pies. El Gobierno no puede ignorar este gravísimo problema y, en consecuencia, debe incrementar sus inversiones sociales. El que Rumania y Letonia sean los únicos países de la Unión Europea que sobrepasan la tasa de pobreza española invita a reflexión e incita a actuar. Qué hemos hecho para alcanzar tan penoso record. Qué hemos permitido para horadar tanto el suelo de la desgracia.

 

En la actualidad, asevera Cáritas, la pobreza en nuestro país es más extensa, intensa y crónica que nunca. El diagnóstico asusta. La pasividad ante este espanto repele. En el otro extremo de la sociedad, los ricos. Las doscientas familias más ricas de nuestro país suman un patrimonio superior a 135.000 millones de euros. A estos potentados, la crisis no arruga ni un pliegue de sus mantos de oro y platino. Unos pocos, tanto y otros muchos, nada. La mullida estructura de la clase media impedirá el roce entre los polos enfrentados. Si el aumento del paro sigue su línea de pavoroso ascenso, habrá que ponerse a echar cuentas por dónde va a comenzar el estallido social.

 

Los millonarios se cuidan muy mucho de cómo blindar sus capitales. Ni se fían de la banca española ni atisban un mínimo de confianza en la inspección de hacienda. Escapan de las crisis profundas y se refugian en paraísos fiscales. Listos. Tan listos que menos de 7.000 contribuyentes declaran una base imponible en el impuesto sobre la renta superior a medio millón de euros. El tributo es el dudoso honor que el Fisco reserva a los pobres tontos, que no a los tontos pobres.

 

Todas las reformas laborales se convertirán en brindis al sol si no se acompañan de una seria reforma fiscal. Una sociaedad desigual puede ser admisible. Una sociedad extremadamente no igualitaria es repugnante. La avaricia rompe el saco. Los pobres se convierten en un descomunal instrumento de rebelión popular, atizada por la burguesía más descontenta de su suerte económica y más alejada de los centros de poder. Al tiempo, conforma un guiso apetitoso para el hambre de batallones de fascistas y comunistas ávidos de pesca en río revuelto.

 

El Partido Popular debe observar las reglas más elementales de perspectiva y de prospectiva a fin de, advertidas las consecuencias, preparar los cauces por los que han de circular las torrenteras. No se olvide. El club de perjudicados por las elecciones generales es fuerte y poderoso. O se establecen diques de contención o habrá que acudir a los agentes de la porra y del antidisturbios. El segundo camino es inapropiado. Se pondría en bandeja de plata la invitación a la bronca que pretenden los desahuciados del mangoneo institucional.

 

Pobres pero avisados. Avisados para aspirar a la igualdad. Iguales si defendemos la libertad. Libres para no caer en las garras de la dictadura. Dictadura, ni de derechas ni de izquierda. Pobres, a extinguir.

 

Un saludo.

VIOLENCIA CONTRA MUJERES

 

 Cuando las personas sólo disponen de fuerza bruta, el animal que llevan dentro hace acto de presencia. No hay más que una fiera hambrienta que urge su ración de carne. Los maestros que golpean a sus alumnos o, simplemente, los agreden de palabra, no tienen más recursos pedagógicos que la superioridad física. Los médicos que se amparan en su pedestal de especialistas en salud para diagnosticar a base de recetas miles, han perdido la razón de la ciencia y se congratulan nadando entre aguas reservadas a las élites. Los primos de zumosol son el instrumento de disuasión, o de persuasión, a convenir, de los que, insolidarios, se escudan en la ley de la jungla. Aunque la selva sea urbana y los tarzanes vistan corbata.

 

Esa fuerza bruta masculina está alcanzando cumbres de ferocidad que parecían superadas. La crisis pone nerviosos a muchos. El tigre que llevamos dentro sale de su jaula y mete miedo por doquier. En lo que llevamos de año, los casos se multiplican. A la luz del día y en la oscuridad de la noche. Las presas del macho son hembras. Los hombres se llevan la triste palma del protagonismo cobarde. Amenazan de palabra, golpean con la mano, atizan con el garrote y utilizan el cuchillo para desgarrar a las mujeres. A las suyas. Porque se creen que les pertenecen. Con su propiedad, hacen lo que quieren. Dueños de vidas y de honras. Dominadores del rebaño que capitanean. Desgraciados.

 

Una sociedad que desprecia a las mujeres y no pone los medios adecuados para su defensa, está envilecida. El machismo imperante triunfa porque las leyes no amparan a las físicamente débiles. No es violencia de género. Es violencia nacida de la fuerza física. Es violencia que pende de una mentalidad cobarde que se ha conservado durante siglos. Es violencia animal.

 

Los juzgados cuentan los juicios por faltas y no por delitos. Una amenaza se paga a tres o cuatro días de arresto domiciliario y pare usted de contar. Hasta la próxima. El hombre condenado aceptará de buen grado un castigo superior si le permiten el lujo de romper un par de costillas a la mujer a la que nuca trató de igual a igual. Entre diez y quince años por matar a víctimas inocentes. Y así. Así, hasta cuándo.

 

Es preciso acabar con esta lacra. La enfermedad de las agresiones transciende lo personal para instalarse en lo social. Pruebas. Una vez acreditada la agresión, duro con los apaleadores y los verdugos. Mientras tanto, que se eduque en igualdad y en libertad. Pero al tiempo, que la facultad punitiva del Estado se deje sentir sobre esta jauría de lobos con piel de hombres. Si no pueden vivir de forma civilizada, aplíquenseles las medidas necesarias para preservar los derechos y las dignidades de sus víctimas.

 

Cuántas mujeres más han de morir para zanjar esta cuestion. Ni una sola. Desde ya, fin a las agresiones y a las violencias de los machos brutales. Poco hombres. Nada hombres. Hienas.

 

Un saludo.

DEL IRPF A LA IGLESIA

 

 No voy a recurrir a la manida frase de “con la Iglesia hemos topado” que, de manera malintencionada, quiere referir el poder omnímodo de la iglesia en todo tiempo y lugar. Don Quijote dijo: “con la iglesia hemos dado”. En el sentido de encontrar el edificio y no en la interpretación maliciosa sobre la intervención del clero en asuntos del Estado. Las confrontaciones en este sentido han sido históricamente reiteradas. Claro que en España, al hablar de iglesia no cabe sino la católica. Los ataques a esta congregación de fieles no han dejado de producirse. En la actualidad, el discurso de algunos partidos se dirige contra la Iglesia en tanto institución que sustenta a esta religión.

 

 En un país de quijotes, porque los hay a millares, es tarea improductiva cebarse con los fuertes que se antojan débiles y con los débiles que nunca serán fuertes. Los extremismos siguen zarandeando al cuerpo social de esta España de nuestras entretelas. Resulta notorio el descenso del poder eclesiástico en nuestros días. De ahí el tránsito de las históricas guerras de religión a las guerras contra la religión. La católica, naturalmente. Contra la islámica, los progres de boquilla se consumen en el humo de su cobardía. Lo cierto es que la voluntad, que comparto, de separar Iglesia de Estado, ha desembocado en la realidad de que esta separación culmine en la desaparición del primer término del binomio. Iglesia fuera. Fuera la religión.

 

Craso error. Si el entusiasmo por prohibir se midiera en magnitudes de votos, algunos limitarían sus afanes liberticidas a otros menesteres. La ley seca disparó la venta de alcohol. La cruzada antitabaco azuza el vicio de fumar. Las ofensas al catolicismo generan legiones de defensores de esta religión. Y así sucesivamente. Reflexionen si no. En el ejercicio fiscal del año 2010, aumentó la cifra de declarantes que marcaron la casilla de la Iglesia. Alrededor de doscientos mil nuevos contribuyentes optaron por beneficiarla. El incremento se apoya en numerosas bases, pero todas ellas pasan por dos: la corrupción reinante en el gobierno zapateril y la convicción de que los dineros entregados a la Iglesia se dedicarán íntegramente a atender a los más necesitados.

 

A falta de razones para amortiguar la caída, el Congreso del Psoe ha vuelto a cargar contra los curas. El anticlericalismo de la izquierda feudal es un arma arrojadiza en tiempo de crisis. Lanza cortinas de humo para simular incapacidades pero el fuego termina por quemar a los promotores. En lugar de estrujarse la cabeza para hallar salida al espantoso paro, los demagogos de la corte levantan bulos y extienden maledicencias a fin de entretener su falta de sentido constructivo. Contra la Iglesia. Todo el mal del país se concentra en la religión. Díganme qué diálogo se puede mantener con un muro de cemento armado.

 

Servidor, que no es creyente pero que defiende las prácticas confesionales y rituales de los demás, ha colocado también la “x” en la casilla de la Iglesia. Tengo la certeza de que darán buen uso a mi dinero. En cambio, cada vez que Hacienda me reclama su parte, mi lengua se disparata en un reguero de imprecaciones acerca del destino de mis impuestos. No sé si algunos lo utilizarán en pantagruélicas mariscadas, en compra de coches de lujo, en adquisición de drogas fetén o en la edificación de viviendas particulares. Y como no me fío, en lo poco que pueda disponer, prefiero donarlo a los obispos antes que a las avispas del panal psoecialista.

 

Así que marco la casilla de la Iglesia.

 

Un saludo.

LA CONTRARREFORMA

 

 La compañía está revuelta. Los cómicos lloran por las esquinas. Los faranduleros de la vertical se han enfundado tupidas medias de grises otoñales. Rajoy les ha cerrado el grifo del gratis total. Qué futuro aguarda a los centinelas de la subvención. Por qué el PP se tiene que meterse en asuntos de formación a los trabajadores. Y qué carallo hace la derecha trasvasando el convenio estatal a embalses privados de cada empresa. Cómo van a mantener a tanto liberado y contratar a cuantos amigotes. Qué injusticia, papi. Del Villamagna a un hotelito de dos estrellas y de comer en el Bulli a tapear en la taberna de Sebas. No puede ser. Los representantes de la clase obrera tienen su dignidad y su distinción. Cosa distinta son los afiliados. Si no pueden degustar strogonof a las finas hierbas y regarlo con un riberadelduero de cien años, ya lo hacen los toxo y los méndez por ellos.

 

Lo calladitos que estaban cuando ZP y la pandilla del gobierno psoecialista recortaron el sueldo a los funcionarios, congelaron las pensiones, establecieron la indemnización de 20 días/año y generalizaron la de treintaytrés. Toca ponerse la saya. Es la hora de atarse los machos de la austeridad. Donde no hay, no se saca.

 

Las prendas. Los prendas. La imagen de los sindicalistas con el mono y la pana es la última moda en las reuniones sociales con la patronal y Fátima Báñez. Tienen que mantener el tipo fotográfico. Después del retrato, vuelta a la dolce vita. Si Rosell y los suyos se decidieran por despojarse de la chaqueta sastre y de la corbata de Loewe durante los encuentros y, como sus interlocutores de la prebenda, vestir las galas de los sincorbata, a ver quién era el guapo que diferenciaba a los pobrecitos de la ugeté y de los cocos de los líderes de la casta empresarial. Ni sus padres.

 

La contrarreforma se cuece en el engaño de la escenografía más barroca. Todo lo que parece, es. Se inunda de sensaciones a los sentidos pero se seca el caudal de la razón. El dorado y el oropel sustituyen al oro y a la piedra preciosa. La contrarreforma de Toxo y Méndez se reduce a la idea de la pana primofelipista y a la convocatoria de ciscos callejeros. Cuentan con la interesada ayuda de los derrotados de Rubalcaba y con la extrema izquierda verbal de Llamazares y de Lara. Si se les quita el ropaje alquilado, aparece la verdadera dimensión del fraude.

 

Una vez más, los popes de la iglesia de la pistola y de la asamblea de liberados rezan en comandita. Ocurre que el consenso que pregonan es el caldero hirviendo del acoso y de la coacción. Sucede que las propuestas del nuevo y honrado Gobierno afeitan sus sucias barbas hasta mostrar rostros amoratados por la envidia, el rencor y el odio. La cosa es que apuestan por imponer el desorden con tal de que la justicia brille por su ausencia. Los cantos gregorianos de la sindical del pesebre se quedan en simples canciones obsoletas de tiempos que no volverán.

 

Había que hacer la reforma. El PP tuvo la vergüenza torera y la fortaleza moral de llevarla a cabo. Que los empresarios han podido salir beneficiados sobre los trabajadores, acaso. Que en doce meses será difícil crear empleos, tal vez. Que se ha abierto una ventana para detener el alud del paro, seguro. Que la reforma es una medida más en el seno de otras que han de decretarse, por supuesto. Que el Gobierno del PP ha hecho más en dos meses que el del Psoe en siete años y medio, lo aseguro. Que Andalucía debiera darse cuenta del gravísimo problema que se cierne sobre sus habitantes, ojalá. Que si no remamos todos en la misma dirección compartiendo esfuerzos y sudores, nos vamos a salva sea la parte, lo asevero.

 

Que la contrarreforma sindical es una pandereta carnavalera, grítenlo conmigo.

 

Un saludo.

CURRICULA DE MENTIRA

 La titulitis es una inflamación del ego que se manifiesta en la presentación de documentos que dan fehaciencia de haber cursado carreras universitarias. Nadie presenta en su curriculum el haber hecho cursos de formación profesional. Nos podemos topar con los mejores mecánicos del mundo y no se hacen eco del papel oficial donde conste su paso exitoso por el instituto del ramo. El título es universitario o no es nada. Triste existencia. Eres un mindundi si no te acompañas de una licenciatura aunque sea expedida -que se ocultará obviamente- por la universidad libre de Lusaka.

 

Todo el mundo tiene aspiraciones y sentimientos de grandeza. En cualquier consultorio médico, abogacial o de la especialidad que prefieran, las paredes muestran las habilidades académicas de sus titulares. No ya por erradicar cualquier mal pensamiento de intrusismo como por advertir a la clientela las calidades del dispensador de respuestas. Galileo Galilei no pudo, será desgraciado, oficiar de astrónomo titulado. El gran Leonardo murió sin llevarse a la boca la satisfacción del reconocimiento de sus excelencias como artista, arquitecto, ingeniero o anatomista. Infeliz el de Vinci. Goya se pasó por la cobertura de su paleta la distinción de ser formado en una Real Academia. Sería problema de la sordera.

 

En nuestros tiempos, a menos sabiduría, más recurrencia a las titulaciones. El fantástico Messi no cambiaría sus artes futbolísticas por un doctorado en ciencias del balompié. Don José Tomás es torero de sueños sin la pesadilla de haber soportado la dormilona de ciertas aulas de tauromaquia. El dueño de Zara no ostenta diplomas empresariales expedidos por facultad alguna y esa carencia no le ha impedido convertirse en un empresario capaz de enriquecerse como pocos y de crear puestos de trabajo como menos. Valiente porquería.

 

Si se tiene título, que se ofrezca. El título indica la superación de unos requisitos establecidos por ley. El mérito de quienes los superan, es incuestionable. No obstante, una cosa es la carrera superada y otra, bien distinta, la praxis subsiguiente. Todo ello viene al caso porque el Partido Popular ha podido caer en la esquizofrenia provocada por la inflamación de los títulos. El nuevo Secretario de Estado de la Seguridad Social no es médico pero en su curriculum nos ha colado la apostilla mentirosa de tener “formación universitaria en...”. En este contexto se han movido Carme Chacón, que nunca obtuvo el doctorado, Elena Valenciano, jamás licenciada ni en Derecho ni en Ciencias Políticas, o el señor Patxi López que alguna vez soñó ser ingeniero. Las patologías inflamatorias no entienden de formaciones políticas. Se sufren o se eluden.

 

Me atrevo a recomendar a Ana Mato, ministra de sanidad, servicios sociales e igualdad, que, en aras al respeto general, despoje de la secretaria de Estado al señor que ha engordado indebidamente su historial. Si nos la quiere meter doblada antes de, qué no intentará colarnos una vez se consolide en el puestecito. Lo mismo nombra traductor/traidor de euskera en el Senado al primo del presidente por argumentar que pasó las vacaciones de primavera en Vitoria.

 

Si vales, vales. Con o sin título. Que lo tienes, lo exhibes si apetece. Si no, que ponga énfasis en sus cualidades demostrables. Lo demás, cuento, milonga, falsedad. Bastante hemos padecido a los lumbreras de ZP como para seguir experimentando estupideces de este calibre.

 

Un saludo.

JUNTA “FALSEAACTAS”

 

 Tantos ejemplos. Como churros. Lo de falsificar actas forma parte del acervo criminal de algunos halcones de la Junta de Andalucía. Si estos señores son expertos en algo, lo son en desvirtuar la verdad y en alterar la realidad. Auténticos magos de la fechoría. No de la mala praxis, que es un eufemismo como el ERE de Mercasevilla. Fechoría. Malvada acción. A conciencia. Con malas artes. Con ánimo de perjudicar a unos y de beneficiar a otros. Monumento a la discriminación y cañonazo al Derecho.

 

Se falsean actas cuando se les pone la fecha que conviene. O cuando se eliminan párrafos molestos. O cuando se agregan expresiones favorables. El fin es inducir a error y la intención, la de producir relevancia jurídica. Se pisotea la fe pública y se cachondean de la garantía constitucional. Les da igual cambiar la genuidad del documento que la veracidad del mismo. Todo sea por la pasta.

 

Ese monumento a la valentía que es la Juez Alaya lo ha denunciado. Al parecer, la Junta que ahora preside el chaconista rubalcabiano que responde al apellido de Griñán, ha podido alterar casi quinientas actas de los Consejos de Gobierno. La cifra, con ser preocupante, no es lo escandalosa que ustedes puedan pensar si tenemos en cuenta la cantidad de actas falseadas por los mil y uno organismos públicos de la Autonomía. Me sé de la directora de un Centro de Profesores que, puestos a delinquir, permite el robo de ordenadores portátiles sin avisar a la Guardia Civil del pueblo, no sea que salga trasquilado alguien de su camarilla, o del hurto de dinero en metálico que, olvidadizos ellos, se encontraba en una estantería de la oficina administrativa. Del mismo modo que se avería el vehículo particular de un asesor de la nada y se transmuta la factura del taller mecánico en varios impresos de justificación de dietas. Una cosa.

 

No cabe sorpresa. En nada de lo que gestione la Junta, se puede uno sorprender. La Juez Alaya podrá constatar, pero la atonía ha desaparecido de su rostro ante tantas golferías. Algunos funcionarios se apuntan gastos de viaje y de manutención sin moverse del lugar de trabajo y contratan despachos de abogados o proveedores externos en la certeza de las comisiones a recibir y en la impunidad que otorga el silencio cómplice de la superioridad. El sistema está tan podrido que las manzanas frescas son acosadas hasta el traslado o terminan germinando los mismos gusanos del saco de sus compañeros. Es así. Asistimos a un overbooking de canallerías.

 

La mafia no consigue mayores éxitos que esta banda de cuatreros que roban los caballos de la Administración Pública y, a continuación, borran las marcas de sus antiguos dueños y, por último, emplean hierros candentes para tatuar el linaje de los ladrones.

 

Mientras tanto, los hampones más siniestros lanzan a las ondas mensajes de solidaridad, de educación en valores, de civismo democrático y demás odas a las libertades. Mentira. Pura mentira. Los tontos pensábamos en su buena voluntad. Era mentira. Nos estaban entreteniendo hasta dejarnos en la ruina. Los “falseaactas” son sicarios de voluntades despiadadas. Se cuentan por millares. Sirven a diversos señores que, en común, tienen la avidez de las serpientes más venenosas. Si se creara trabajo sólo por limpiar a la Administración andaluza, el número de ingresados acabaría con el paro actual. Los despedidos, otro tanto. Con la ventaja de que la sarna ha sido expulsada.

 

Un saludo.

INCOMPATIBILIDADES

 

 La defensa de los derechos es, en sí mismo, un valor incuestionable. Los derechos han de ser universales. En caso contrario, estaríamos lesionando el artículo 14 de la Constitución que adjetiva a los demás derechos fundamentales que conforman el núcleo duro de nuestra Carta magna. Igualdad que nos permite ser libres y libertad que se disfruta porque somos iguales. Es así y el que no quiera entender, se confunda solito.

 

La Ley 53/1984 regula el régimen de incompatibilidades. Acaso el quid de esta regulación específica radique en la exigencia a los funcionarios de un esfuerzo testimonial de ejemplaridad ante los ciudadanos, como muestra de solidaridad, de moralización de la vida pública y de eficacia de la Administración. Dura, sed lex. Dura, pero es la ley.

 

De la voz cantarina de Rosa Díez ha resurgido el debate sobre las pensiones vitalicias del los expresidentes del Gobierno de España. El grupo de UPyD pretende declararlas incompatibles con la percepción de retribuciones procedentes del sector privado. Lo cual me parece bien. Bien pero moderadamente. Ni públicas ni privadas. O pensiones u otras remuneraciones. A elegir.

 

Me resulta inaceptable que en esta España de dos mil doce, afectada de un gravísimo problema social y económico, y hundida en la espesura selvática de más de cinco millones de parados, los poderes públicos disfruten de ingresos millonarios al tiempo que el nivel de pobreza se convierte en boca de ogro que devora a los más desvalidos. Inaceptable y reprobable. Ni siquiera se debe contemplar el debate. La singularidad de los personajes no es excusa para escarnecer a la pluralidad del pueblo.

 

Fallecido Calvo Sotelo. Ensimismado Suárez en la materia gris de su cerebro. Nos quedan Felipe, Aznar y Zapatero. Tres que tres son. Sus pensiones como expresidentes deben ser incompatibles con sus funciones en el Consejo de Estado y con cualesquiera actividades de lucro ocasional provenientes de intervenciones en empresas privadas. En cualquier caso, si quieren renunciar a las pensiones, libres son de hacerlo. Siempre les quedará el ingreso no estatal. No caben descalificaciones de demagogia ni de populismo a quienes se plantean con seriedad el tema.

 

La autoridad del gobernante se cimenta en la categoría humana de sus propios actos. La autoridad es poder, influencia, liderazgo y también competencia. Es prestigio ganado a base de capacidad y eficiencia. Es el respeto hacia las leyes y las normas en vigor.

 

De lo contrario, el abuso. La investidura de poder se materializa en actos que causan agravios materiales o morales a las personas. No caben distinciones en derecho. Menos todavía si las diferencias acentúan las desigualdades que sangran el cuerpo social en épocas tan críticas como la que atravesamos.

 

Incompatibilidad. Pensiones, sí. Pero igual trato que a quienes las perciben inmensamente más magras.

 

Un saludo.

EL PARTIDO DE BOABDIL

Llora como corrupto lo que no supiste cantar desde la honradez. El fin de treinta largos años de hegemonía absoluta toca a su fin. Nada es hasta que no acaba. Sin embargo, salvo penalty a lo Guruceta diez minutos después del tiempo reglamentario, alea jacta est. El Psoe sucumbe a sus desvergüenzas y recibe el desprecio de una masa de votantes. Lo tuvieron todo y todo dilapidaron. Suele ocurrir a los golfos. Del placer viven y por el placer mueren. En medio dejan un reguero de heridos sin hospitales.

 

Tomar el nombre de dios en vano es un pecado. Reos de demagogia son los que saludan a la democracia mientras queman la bandera de la igualdad y de las libertades. El escándalo del Psoe en Sevilla es la noticia del día. No es, en cambio, el titular de la semana. La corrupción institucionalizada sí ocupa las portadas de toda la prensa seria. La trama del dinero y de las influencias es como un tsunami que inunda las orillas del Guadalquivir y amenaza con tragarse la Giralda. No conozco un alto cargo del partido psoecialista que esté libre de prácticas nepóticas y de cazos malolientes. Ni uno solo. El que no trinca por un lado, manga por otro. La meta no es ganar las elecciones autonómicas para satisfacer la sed de justicia de la ciudadanía. Ni de broma. De lo que se trata es de seguir chupando del bote gubernamental. Ahí comienza y ahí termina toda la dialéctica electoral.

 

Que Viera haya dimitido como secretario general es una cortina de papel. El telon de raso y terciopelo del escenario lo vendieron para cocaína y, ahora, para tapar sus partes pudendas, recurren a la celulosa de antier. Griñán se significa como buscador de consensos cuando lideró el disenso de Chacón. Su escudero parlamentario, el sátrapa de Moguer y gran visir de las colocaciones por corriente eléctrica, el muy esclarecido Mario Jiménez, se sitúa primero en la lista de los candidatos onubenses al Parlamento andaluz. Chaves sigue maniobrando como un Schettino cualquiera hasta que su costa concordia particular encalle entre los arrecifes cercanos a su pueblo. No se salvará don Manuel de la ola de chivatazos que se avecinan. Ni su sanchopanza Zarrías podrá detener el incontenible ataque proveniente del fuego amigo. Ya saben. O me das o te zurro. Los pobres tienen que comer.

 

El Psoe sufre el acoso político, dentro de sus filas, que con tanta perversidad como acierto ha ido instrumentando durante tres ominosas décadas. Alababan el consenso con la aviesa intención de maquillar su vis dictatorial. Los prepotentes que viven del pueblo utilizan a la gente para justificar el rodillo de sus malas acciones. Todo para el pueblo, decían los déspotas. Sin el pueblo, afirman los del Psoe. La fractura de la organización recorre el tejido social y político. En Huelva, la mano firme de Jiménez contiene la descomposición al socaire de la escasa entidad humana e intelectual de sus adversarios. Más vale asesoría en Diputación que ponerse en la cola del paro.

 

Los andaluces tenemos la palabra. Si tienen dudas acerca de las maldades de los cafres de San Telmo, miren a Grecia. Atenas arde. Como París con los nazis. Andalucía se quema. Poco a poco. Las cenizas se esparcen y el viento aviva el fuego oculto. El reino de Boabdil está a punto de caer. Es cuestión de días.

 

Uno se felicita por ello. Ese reino no es de este mundo. Pertenece al imperio de las sombras, al lado oscuro de la realidad, al underground de la conciencia. Boabdil llora. Andalucía festeja sus lágrimas. A la calle con ellos.

 

Un saludo.

LA CALLE ES DE LOS DE SIEMPRE

 

La izquierda tiene tal sentido de propiedad que defienden con uñas y dientes sus moradas particulares y con pancartas e incluso pistolas reivindican el espacio público como escenario privado. La calle es de ellos. De esa izquierda famélica de argumentos, huérfana de ideologías y multipropietaria de avenidas, parques y plazas. Cualquier excusa es válida para hacer ostentación del dominio de su predio.

 

Si por izquierda se entiende a los indignados con el Gobierno del Psoe, a ella pertenecemos más de cuarenta millones de españoles. Si se aplica a los del partido de Llamazares y Lara, unos pocos miles están afiliados. En cuanto a la izquierda que dice representar el grupo de Rubalcaba, es posible que haya millones, entre los cuales, en honor a la verdad y en el uso más propio del término, ni lo es el líder ni quienes como él han hecho de esa hermosa ideología, una piltrafa doctrinaria.

 

Pues bien, esa dizque izquierda antisocial se ahoga en sus vómitos de deslealtades. El felipismo nos pasó una factura de no te menees. El desgobierno de Zp ha elevado el “debe” a la enésima potencia. Cinco millones de parados, y subiendo, hablan claramente del obrerismo que sepultaron sus siglas y del españolismo en el que nunca creyeron. Su dios es el poder. Son plurales cuando los votantes los destierran a la oposición. De vueltas con las riendas, monocromía y uniformidad. No falla. La constante de la izquierda es dar de comer y de beber, a veces hasta de esnifar, a sus élites. La variable radica en que la estrategia impele ya a acordonar sanitariamente a la derechona, ya a llenar las bolsas de los aliados, ya a ganarse el apoyo de los medios, ya a respetar/condenar las sentencias judiciales según les sean, o no, favorables.

 

Tantos ejemplos. La reforma laboral que anuncia Rajoy comportaba, a priori, una huelga. Estaba convocada desde que las elecciones generales no eran sino un proyecto. Vacía la despensa a base de robos y estafas, los huelguistas apuntan sus cañones hacia quien la ha de llenar. Actúan como los matones de suburbio: “te espero en la calle”. En la calle. Amenazan antes de disparar. El conflicto vandálico subsigue al aviso dialéctico. En la calle te espero.

 

No tienen pelos en la lengua y les sobra maldad en la boca. Miren la frase de la psoecialista madrileña Martu Garrote: “siempre digo que en España quemamos pocas Iglesias y matamos pocos curas, pero en la catedral de Granada dan fe de lo malos que somos los rojos”. Lo primero es conquistar la calle. El acto segundo, quemar los templos cristianos. Mezquitas y sinagogas, ninguna. Musulmanes y judíos son religiones de otros libros que no entran en el examen. Contra el cristianismo, a fuego. Asesinato de sacerdotes, tercer acto de la función macabra de unos resentidos criminales. De la guerra civil, han aprendido que el número de muertes de clérigos debe multiplicarse. Todo en la calle, en la claridad de su noche triste o en la oscuridad de una mañana de lutos colectivos. La señora Garrote es un alto cargo del partido. Es la misma irresponsable que, días antes, nos había sacudido un zurriagazo en nuestras meninges siempre asequibles al espanto. Doña Martu, apellidada Garrote, llamó mendigos, pordioseros, tullidos y polipoterras a los necesitados y discapacitados de la Comunidad de Madrid. Si los coge en la calle, qué les haría la secretaria socialista. Da miedo.

 

Se conquista la calle y se enciende la mecha del desorden que, a su vez, transporta en recipientes criogénicos los tubos del miedo tumultuario. Una vez introducida la jeringuilla fatal, la grey comprenderá el papel del lobo. Al cabo de miles de heridos y cientos de muertos, la fiera cambiará su piel por la del manso corderito. Los damnificados, al "haber" del Gobierno de la derecha. La universidad de la calle es, en verdad, el armiño de los callejones del hampa. Así se hace historia. Qué pena.

 

Rajoy y compañía deben aprender las lecciones del pasado. Tan reciente, que lo tocamos con los dedos. Atención a la calle. A las avenidas, a las plazuelas, a los bulevares. Peligro: matones.

 

Un saludo.

REFORMA LABORAL DE RAJOY

 

Este articulista escribió en junio de 2010 un artículo que tituló “Cláusula de descuelgue”. Refería entonces. He decidido reproducirlo por ver hasta qué punto uno debe rectificar y comerse sus palabras o, por el contrario, qué aspectos cobran actualidad. A continuación, lo que sigue:

 

“Canción triste de la demagogia. Demagogia. Política por la que un gobernante se gana, mediante halagos, el favor del pueblo. Demagogia. Degeneración democrática que lleva al político de turno a mantenerse en el poder, o a alcanzarlo, a través de la lisonja que remueve los sentimientos más elementales de los ciudadanos. Demagogia.

 

Perlas. Muchas perlas. "No habrá recortes sociales". "Defendemos los derechos de los trabajadores". "Rechazamos cualquier intento de la patronal contra la clase obrera". "La banca española es la más sólida del mundo." "Mientras yo sea presidente, no habrá reformas drásticas que comporten recortes salariales o congelación de pensiones." Lisonjas que esconden mentiras y mentiras encubiertas de lisonjas. Zapatero dixit. Ayer. Hoy, no. Hogaño “dicit” cosa distinta y perpetra un tijeretazo jurídico. El Gobierno. Del PSOE. No el de Rajoy. Ni antes el de Aznar. El de los psoecialistas.

 

Al recortazo a la función pública y a la clase pensionada, se va unir ahora el decretazo contra el mundo obrero. Se consuma una traición anunciada. Sabida por el traidor y sospechada por la ajusticiada. Sindicatos cooperantes de la felonía que, descubierta la trama, reniegan de sus cómplices de ideología y de subvención. Descuelgue. Y cuelgue. Cuelgue y descuelgue. Qué vergüenza. Ahora. El 16 de junio, César ha caído apuñalado por los suyos. Los derechos sociales yacen víctimas de sus más cercanos de boquilla.

 

Era el estío desconsolador. Era el verano sofocante. Era la estación adormecedora. Era el Fútbol y su mundial. Era el circus que consuela la falta de pan. Era el opio laico. Era el druida de pócima infame. Era el abono del envenenado árbol. Era el momento para el flagelo cruel. Cláusula de descuelgue. España pierde ante Suiza. Era el fin. Ni siquiera el circo. El equipo gobernante habitual ha dictaminado la muerte del moribundo. El obrero no se puede, ya, sujetar al convenio colectivo. La cláusula estipula que el patrono puede modificar, motu proprio, las condiciones de trabajo de sus empleados. Cambio a malo. Tránsito a peor. Se vuelve al ámbito predemocrático. Se cisca el espíritu, que no la letra ignota, del Estatuto del Trabajador. Sólo para empresas en crisis. Sólo. No hay soledad. La excepcionalidad se halla en la empresa no sujeta a la crisis. No hay. Toda empresa sufre la crisis.

 

La necedad demagógica del Gobierno ha llevado a la necesidad impúdica del Consejo de Ministros. De la necedad a la necesidad. Amago histriónico de diálogo social acallado por los decibelios de las disputas entre los agentes en pugna. El Estado pudo intervenir antes. Mucho antes. El salario determina el consumo, la inversión, la balanza de pagos, la inflación y, por supuesto, el empleo. Tres millones de parados más tarde, Zapatero echa mano del descuelgue. Tarde, mal y caro. Retorno a 1979 y al Acuerdo Nacional sobre el Empleo de 1981. En 2010, tres años después de que la crisis nos estallara en la cara y el vendaval del paro se llevase los sueños de millones de españolitos, se acude a la cláusula de descuelgue. Ineptos, sí. Incompetentes, también. Sobre todo, demagogos.

 

Si es imprescindible en estos instantes, más lo era en 2006. El ovillo hodierno es la conciencia falsa del hilo de antaño. Los empresarios van a optar por el despido antes que por el recorte de salarios. Lo sabe el más lerdo. Economía de guerra. Estado de emergencia. Gobierno sumergido y subrepticio. El convenio colectivo ha muerto. De tanto abusarlo. Por continuado maltrato. El carácter normativo del convenio cuelga de la cláusula levantada en la plaza mayor del Boletín Oficial del Estado. Crucificado. A su derecha, la cruz de los empleados públicos. A su izquierda, la cara rota de los que entregaron su vida laboral a la fe de unos dirigentes impúdicos y golfos. Políticos, eso sí. Pero golfos, cantidad de descuelgue”.

 

Reforma laboral de Rajoy. Qué noche la de aquel Gobierno de ZP. Qué noche. Oscura. Triste. Interminable. Se abre el telón.

 

Un saludo.

LA CULTURA DEL CINE

 

 El cine es cultura. Con mayúsculas. Si me apuran, sólo la televisión lo supera como vehículo de colonización cultural de masas. La diferencia es que mientras el cine atrae, la televisión abduce, -la caja tonta nos aliena-, el cine nos integra.

 

El cine es arte. Extraordinario. Séptimo u octavo, pero arte. En ocasiones, arte bellísimo. Bellísimas artes las cinematográficas. Ninguna otra bella arte puede despertarnos, a la vez, tantas emociones al mismo tiempo a gente tan distinta y tan alejada.

 

Si el cine es arte y cultura, podremos convenir la necesidad de impulsar su desarrollo como alimento espiritual de una humanidad cada vez más sojuzgada por los condicionamientos sociales, económicos y políticos.

 

Arte y cultura. También industria y comercio. Aquí aparece la madre del cordero. Productores sin escrúpulos, intermediarios sin remilgos, distribuidores carentes de prejuicios, exhibidores sin conciencia, se suben al pedestal cinematográfico para hacer de la cultura, mercado de comerciantes que ensucian el templo de la belleza, y del arte, montón de podredumbre fétida. El cine como negocio termina por enturbiar las límpias aguas del celuloide con vertidos inmundos. A confundir, que algo se pilla.

 

El mundo del cine español merece análisis aparte. Los cineastas, rancho especial. La politización de los artistas ha provocado, en gran medida, el descrédito del colectivo. Se incrementa el número de los espectadores que rechazan la imagen de algunos actores incluso en sus papeles fílmicos. Ha triunfado la tendenciosidad de su posicionamiento político sobre la calidad indudable de su caracterización. La señora Bardem ha dejado de ser una actriz grande porque sus manifestaciones la han convertido en un dragón que ha quemado su indudable categoría escénica. Y como ella, legión. La ceja les ha subsumido en la burbuja de los alineados.

 

Cuando un artista se especializa en ciertos roles, cuesta la misma vida liberarlo de su amojonamiento. Sobre todo si su incorporación a ciertos grupúsculos de poder se empareja a la percepción de subvenciones partidistas y partidarias. Desde este momento, es imposible el Velázquez que retrate a los Austria o el Goya que desnude el espíritu del Borbón. Al igual que los pintores de cámara, los actores abandonan la creatividad en pos de la mendicidad de unos euros. La bohemia se percibe en su indumentaria pretendidamente desaliñada con ropa de marca y carísimos perfumes. Fuera de la forma, el desierto. Puro y engañoso decorado.

 

En vez de arte, artisteo. En lugar de cómicos, titiriteros. Los creadores han degenerado en vulgares copistas. Los directores devinieron recaudadores de tributos del Estado. La cultura fue abandonada en manos de familias innobles. Y el arte... Ni se le ve ni se le espera.

 

El ministro Wert se enfrenta a un reto como máximo responsable del Gobierno en materia educativa y cultural. Su desafío no es sino devolver al cine al lugar que merece. Ese rango no se alcanza con dineros públicos. Ni mucho menos con limosnas o dádivas. Alentar el cine es espolear a los creadores. A partir de ahí, cultura y arte. A su través, la industria el comercio. Así se fundamenta un ministerio y se sustenta un poder. Si los cines se llenan y el público se rinde, entonces se abrirán las puertas y las ventanas de la riqueza espiritual de la que estamos tan huérfanos.

 

La cultura del cine y el cine como cultura.

 

Un saludo.

TOCAPELOTAS, ROMPENARICES

 

 El término no se remonta a Carlos el Calvo, Charles le Chauve, en el siglo noveno después de Cristo, como algunos pretenden. Es anterior, muy anterior. Incluso antes de Obelix, ya les digo. El “chovinismo” es al francés como el quijotismo al español. Con la diferencia virtuosa de la humildad y de la generosidad hispanas frente a la “grandeur” y a la soberbia de los galos. Dónde va a a parar.

 

Sin embargo, el chovinismo como ejemplo de mitomanía y de paranoia mental se atribuye a un señor, Chauvin, mitad real mitad ficción, que fue instituido como modelo de patriotismo insuperable. El tiempo histórico, el del imperio napoléonico. Podía ser otro, pero la Francia del corso constituía el marco idóneo para glorificar al imperio y para mitigar Waterloo. Oh, la, la. Garibaldi fue un aventurero sin "charme" al lado del héroe Chauvin. A modo de ejemplo, porque el estado mental no es singular, los atenienses sostenían que su luna era más brillante y, por tanto, distinta, de la que alumbraba las noches de los habitantes de Éfeso. Erich Fromm concluía al respecto que el hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad. Peor que el malvado o el sádico. Y ello porque combina el amor a la muerte con la simbiosis incestuosa y con el narcisismo maligno. A partir de ahí, aflora el síndrome de la decadencia y el hombre destruye por el gusto de destruir y odia por el gusto de odiar.

 

Durante la Guerra de la Independencia, los franceses nos legaron buenos ejemplos del amor por la libertad y amargos cálices de la pasión por matar. De todo hubo. En cualquier caso, prevaleció el título honorífico del rompenarices y tocapelotas. Lo que no podían llevarse a Francia, lo dejaban. Pero mutilado. No es del todo cierto pero algo de verdad sí lo es. Que pregunten, si no, en Egipto. O escuchen al guía sobre el Doncel de Sigüenza.

 

Las iras de los franceses se centran ahora en el vecino del sur. Que los españoles ganen el Tour de France es una afrenta que no pueden soportar. Los pobres de abajo vencen a los ricos de arriba. Cést pas possible. Contador, al paredón. Hasta las meninges de droga, acusan los gabachos. Anquetil o Hinault, no. Los grandes atletas del Mont Ventoux han de nacer entre los Pirineos y los Alpes. Algo de cancha se concede a los belgas, los francófonos, claro, y los holandeses, siempre y cuando no se les note el acento germano. Del mismo modo, en fútbol, que donde esté Zidane que se quite Iniesta y que si nació en Argelia, se trató de un accidente geográfico. Y en tenis, René Lacoste y Yannick Noah, muy por encima de Santana, Orantes o Nadal. Rafa está fichado. La musculatura del mallorquín es inexplicable si no se acude a la ingesta continuada de clembuterol o a las transfusiones de sangre de Sansón o a las pócimas mágicas de los druidas. Se ponga como se ponga, las victorias del campeón español se deben a su gusto por el dopaje. En cuanto a Gasol, su estatura es fruto de injertos transgénicos y su talla baloncestística se labra en clinics del doctor Frankestein. Criaturitas.

 

Es que son. Los españoles somos gente humilde y los conciudadanos de Voltaire o Rousseau no pueden tolerar que los colonizados humillen en los campos deportivos a los ases del firmamento. Hay franceses que, a fuerza de soles, se creen reyes y que a base de reyes se consideren galaxias. Problema de personalidad. Deben hacérselo mirar. No obstante, los agraviados, de un lado, y los responsables del deporte español, por otro, han de indicarles el camino del psiquiatra o, en su defecto, de los juzgados. Si quieren romper narices, adelante con las suyas. La Gioconda, que no la toquen, que es de Leonardo. A poco que se hayan enterado de la réplica del Museo del Prado, enviarán una delegación de ilustres a anatematizar la obra como una mala, y falsa, copia de un aprendiz de tercera división del maestro de la toscana Vinci.

 

Y para tocar pelotas, las ovoides. Con un par. Y para bromitas, las de Cádiz. Con las bombas que tiran los fanfarrones...

 

Un saludo.

EN CARRERA

Eso de querer tener razón a toda costa es lo mismo que imponer la razón de uno sobre la de los demás. Mal síntoma. La democracia se construye sobre la pluralidad de pensamiento y sobre el rigor del Derecho. De no ser así, el totalitarismo más infame se abate sobre las costuras de una sociedad rota.

 

La resolución unánime del Tribunal Supremo de inhabilitar a Garzón y expulsarlo de la carrera judicial precisa de un análisis sesudo por parte de quienes como el juez estrellado han creído, y se creen, que el país es el paraíso de los golfos. Y si lo ha sido, y lo fuere en la actualidad, no es óbice para que algunos pájaros hayan caído en la red de su propia desvergüenza. Todos ellos pueden clamar al cielo pidiendo justicia, pero dudo que Dios conceda privilegios a los que abusaron del poder. Dios podrá perdonar, pero hecho el mal, que el diablo juegue su papel. Por más que el demonio se enfunde trajes talares con puñetas.

 

Garzón prevaricó. Ya no cabe presunción. Lo sentencia la más alta magistratura del Estado. Prevaricó, maldita sea. Y por más que el condenado se declare mil veces inocente y declame en verso que se ajustó estrictamente a la legalidad, los jueces han motivado extensamente el fallo. Sin un solo voto de discrepancia. Que don Baltasar quiera recurrir al Tribunal de Derechos Humanos, pues muy bien. Mas lo que está acreditado es que el titular del Juzgado nº 5 de la Audiencia Nacional vulneró “de forma drástica e injustificada el derecho de defensa de sus investigados”. Y lo hizo, “laminando de forma arbitraria y sustancial”. Laminando, comprimiendo, las garantías constitucionales. Toma del frasco, carrasco.

 

Para frasco, el tarro de las esencias de la Fiscalía. Los miembros del Ministerio Público encargados del asunto no sólo no acusaron sino que solicitaron la absolución de don Baltasar. Cómo es posible que unos tanto y otros tan poco. Cómo es posible quitar la razón a don Pedro Pacheco cuando denunció que la justicia es un cachondeo. Cómo me la maravillaría yo. Cómo se puede saltar el foso -lleno de agua e infestado de caimanes hambrientos- del castillo sin puente levadizo y careciendo de alas. Teniendo padrinos. Hasta que la ruina acabe por empobrecer a los corleones y las balas del poder judicial pongan fin a las prácticas mafiosas. Vamos en carrera hacia el más absoluto descrédito judicial.

 

Nadie podrá argüir que se trata de una sentencia a favor del franquismo. Nadie, salvo los revientaorden de siempre. El Psoe expresa su preocupación. IU considera al de hoy como un día triste. La izquierda catalanista manifiesta su queja. Ninguno se pronuncia sobre si la decisión se ajusta, o no, a ley. Son los mismos que fusilaron a Montesquieu. Los talibanes del rencor que hacen de la política una selva de intereses “fauves” sin colores ni formas de Matisse. Cuando la porquería se acumula en los rincones de la casa, los habitantes de la basura construyen estancias redondas. A partir de ahí, los residuos son tapados por las alfombras persas del poder iraní. Lo que sea, antes que reconocer que la suciedad es propia. Cualquier triquiñuela para no admitir que la enfermedad terminal inicióse tiempo antes y avisó largamente de su presencia.

 

En carrera. La inhabilitación es la primera en la frente del estado de derecho. Sin embargo, lo más grave de todo es que la acción ilegal de un delincuente togado puede poner en la calle a un grupo de facinerosos merecedores de las penas más rotundas. La correa puede devenir una simple guita. Y la guita tiene nombre de fino. Y el fino, vino de ferias es. Y de juergas. Cómo que por qué. Porque los dictadores que se visten de seda, dictadores se quedan.

 

No me alegro de los males ajenos. Sí me complazco de los bienes propios y de los triunfos de la democracia. Aunque sean lentos y cansinos.

 

Un saludo.

LA DIGRESIÓN


Si existe un virus letal en los partidos políticos, es el de la digresión. La digresión es un efecto rompedor. Y lo es porque cercena el hilo de los discursos al referirse en ellos a asuntos no conexos con lo que se está tratando. Estas conferencias periódicas se celebran con el fin de debatir cuestiones y programas que habrán de servir de guía a las distintas formaciones. Tal es su fuerza vinculante que de los congresos salen elegidas las juntas directivas que, durante el período intermedio al siguiente, se convierten en los máximos órganos de dirección.

El Congreso expresa el poder soberano de las bases militantes a través de los delegados electos para acudir al mismo. El pensamiento único es la base esencial sobre la que reposa la unidad del partido. Así reza en los Estatutos del Psoe. Y esa unidad de pensamiento se recoge, entre otros aspectos, en la unidad de acción de sus militantes cara a la sociedad. Unidad. De pensamiento y de acción. Preocupante. La pluralidad no encaja. El signo distintivo de las democracias frente a las dictaduras se combate desde los Estatutos y se impulsa desde los congresos. Esclarecedor. Lo del mandato imperativo proscrito por la Constitución tiene aquí su nido. Pues muy bien.

Los sacerdotes de la pureza hallan su alter ego en la impureza de sus prédicas. Los pastores del rebaño son los lobos del miedo de los corderos. La codicia encuentra su contrapunto sagrado en los préstamos usureros de algunos bancos. La lujuria suele residir en los popes de la castidad a machamartillo. Menos caperucitas, lobo. Blanco pasó de ser látigo fustigador de los imputados del PP a condescendiente lama de su situación judicial por el caso Dorribo. El impoluto Felipe González perdió la virginidad con la no salida de la OTAN (recuerden: de entrada, no) y despachó su inocencia con los crímenes del GAL. Garzón, cazador de escopeta y juez estrella, puede dar con sus huesos en la cárcel del desprestigio supremo por mor de su afición a la significación mediática. Lo de presumir y carecer van de la mano.

El pensamiento único del Psoe se va a ver en el Congreso que este fin de semana se celebra en Sevilla. Rubalcaba y Chacón están obligados a pensar lo mismo. Pero después. Antes de la cita congresual, van a la gresca si bien endulzan sus diferencias en la leche condensada de sus abrazos públicos. La digresión es total. De sexo, de gestión, de política, de administración, de ideología. Uno tiende al sur de  Libia y la otra al norte de Egipto. Los fontaneros de las delegaciones provinciales se apresuran a reparar las cañerías de la organización. Por los desagües, los votos se pierden a chorros y, por las cloacas, el dinero de la corrupción se dirige a bolsillos andaluces. Si al menos repartieran. Llama la atención. Los griñanistas, ahogados hasta el encéfalo por la trama de los EREs, basculan hacia la señora Chacón con similar intensidad a como la apoyan la Sexta y Público. Do ut des. Cui prodest. Esta gente no atiende a más razones que las del interés material. Se juegan mucho en la apuesta.

Hay jugadores que no buscan ganar. Persiguen el equilibrio aunque sea inestable. Ignacio Aldecoa nos dejó una magistral muestra de la digresión. Se resume así: alguien preguntó a una señora el nombre de la estación de tren en que se había detenido. En su lugar, contestó un señor sentado junto a ella: pero no hay cantina y, además, si la hay, el vino no es bueno y no quita la sed.

El pensamiento único no es tal. Lo que es singular -ay de quien se mueva- es la imagen. La sonrisa etrusca. La mano no se apoya en el hombro de la mujer. La mirada no se pierde en el infinito. Se contiene para no llegar al cuello. El hilo del discurso es que la diferencia dialéctica no es fruto de la lucha por el poder sino resultado feliz de un partido democrático.

Menos decir la verdad, cualquier cosa. Nadie espere lo contrario. No sería del grupo de Zapatero o de Chaves. Mucha suerte.

Un saludo.

EL SUMMUM

 

 El desempleo en Huelva escuece las ingles y martillea las sienes de miles de familias. La deuda de los ayuntamientos asfixia a sus habitantes. Los ciudadanos pierden las viviendas de sus sudores porque no pueden pagar las hipotecas. No cabe dación en pago y, como siempre, los pobres son los que sufren la ignominia de una ley injusta. Nuestro abuelos de Alosno son cuidados por un personal que lleva meses sin cobrar. El Museo del mundo marino cierra por falta de recursos después de haber desperdiciado millones en su construcción. Los gobernantes nos fríen a impuestos y las empresas cierran por ausencia de ingresos. Los empleados públicos se enfrentan al atropello de la Junta y el mismísimo presidente de la Audiencia Provincial de nuestra provincia critica el estado de los juzgados. La justicia no se mendiga, la justicia se conquista como todas las libertades y la democracia, ha declarado el señor Fernández Entralgo.

 

El pueblo de Huelva es así. Nos han hecho de esta manera y no somos de más carne. Tantos años de sumisión explican nuestro abandonismo. Mas no lo justifican. El miedo al pie que pisotea. Con tamaña carga a nuestras espaldas, seguimos contemplando cómo los golfos se pasean delante de nuestras caras atónitas. Porque acaso nos criaran de esta guisa, ellos, los canallas, se juntan en bandadas de aves carroñeras. Nuestra reacción ante los atracos institucionales se detiene en el "son todos iguales" y se sofoca en los susurros de los bares. Silencio, que nos pueden escuchar. No es la culpa de la dictadura que padecimos. Es la consecuencia de siglos de horror y de terror. La solución pasa por erguirnos como ciudadanos libres y despreciar nuestras pesadillas seculares.

 

Qué va a ser de nosotros si somos esclavos de nuestras omisiones a veces cómplices. El paraíso de los mangantes. La penúltima en el carrillo izquierdo. La prensa recoge la enésima noticia sobre corrupción psoecialista en el Ayuntamiento de Valverde. Su exalcalde, el señor que pagó con tarjeta municipal en un lupanar de carretera, percibía dietas de GIVSA (ay, ay, los urbanos y señoras) y de GMU (vaya, vaya, señoras de urbanos). Givsa y Gmu son empresas públicas. Tan públicas que se utilizan para el cachondeo privado. Tan arruinadas que su deuda es impagable. Tan urbanas, que en alguna se puede colocar a la esposa de algún preboste de la construcción. Esta práctica es el summum de la corrupción. Los artífices, tres señores del Psoe. Uno, Domínguez, sucesor de Cejudo. Los otros, tránsfugas de IU, herederos de un latrocinio institucional.

 

Los valverdeños están que trinan. Sobre todo, los empleados del Consistorio. Éstos no cobran y mientras los sociatas emasculan las dignidades del pueblo, muchos votantes seguirán confiando en el partido que los cobija y defiende. Pues nada, señores y señoras, a seguir con esa fe ciega. Los quejidos y lamentos posteriores, al maestro armero. Miren, por no tener, ni actividad. Givsa y Gmu habían dejado de estar. Eran pero no estaban. Existían pero no desarrollaban. Las dietas, sí. Religiosamente.

 

Nos queda por saber el nombre de los trabajadores de la plantilla de ambas entidades. Mira que si fueran amigos, familiares o roces afectivos de algún otro político postinero. Le devuelvo la pelota a Fernández Entralgo. La justicia no se mendiga. Se reclama. A través de la ley. El summum de la porquería excrementicia tiene nombres y apellidos. Los de esta trama se aproximan. Sin embargo, no son todos los que están ni están todos los que son.

 

Un saludo.