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Francisco Velasco. Abogado e historiador

JUSTICIA PARA POBRES

 Hace años, un cliente me indicaba la posibilidad de interponer un recurso contencioso en Almería, y no en Huelva, a la vista de cómo los juzgados de aquella provincia resolvían asuntos como el que se litigaba en nuestra capital. Ignoraba el recurrente aquello del juez predeterminado por ley. La ignorancia no le quitaba razón. Ponía el dedo en la llaga. Ante identidad de objeto, hechos y fundamentos jurídicos, por qué en el levante andaluz se sentenciaba de una manera bien distinta a la del occidente de la región.

 

Muchas veces he criticado el compadreo en cualquier estamento de la vida pública. He visto a jueces compartir cafés, cervezas, almuerzos y algunas otras festividades más íntimas con abogados, procuradores y personal vario. Qué tendrá que ver el atún con el betún, me responden airados los pillados en este tipos de contubernios gastronómicos. Mucho. Tiene que ver mucho. Y si no, por recurrir a un ejemplo vulgar pero cercano, ya me dirán qué pensará la afición del Madrid si los árbitros que dirimirán la final de Copa contra el eterno rival han pasado horas de convivencia inocente en la madrugada valenciana junto a directivos del club adversario. El grito en el cielo. La justicia es ciega pero los que en ella intervienen saben más que Briján. Quién asegura a un profesional de la abogacía que su caso no ha sido colocado el último en la fila o, de convenir, ha experimentado un adelanto para su emplazamiento judicial. Nos pondríamos las manos en la cabeza si determinados funcionarios de la Administración de Justicia se compincharan para hacer desaparecer documentos del rollo, o para reemplazar unos por otros o, acaso, para atender la insistencia de algún letrado que ha perdido el plazo de alegaciones. Qué.

 

Alguna vez, hace años de esto, he sido testigo presencial de algunas francachelas de esta jaez. Como me pareció infame y como mis sospechas quedaban en la duda metafísica, siempre opté por retirarme de las citas jurídicoprivadas y apostar por otro tipo de encuentros. Me repugna el corporativismo. En general. Ya de abogados, de profesores, de médicos, de arquitectos o de masones, ya me entienden. Constituyen una mafia que viste trajes talares para ocultar su vilipendio. Con todo, el intercorporativsmo me toca el alma. Se erige esta figura como un cartel de bandas en pos de invertir influencias para obtener beneficios mutuos. Fíjense, si no, el papel de algunos medios de comunicación. Lamentables.

 

Cuando esta irregularidad andante se generaliza, la justicia se quita la venda de los ojos y se coloca un yelmo de cemento armado que cubre toda su cara. De la vergüenza que la embarga. Así, se permite que los ricos disfruten de unas connivencias favorables y que los pobres se ajoten al mundo del turno de oficio. Los abogados que prácticamente viven de estas minutas, se las ven y se las desean para sacar adelante su profesión. Para más retranca, los de la justicia gratuita son retribuidos cuando hay algo de dinero. Lo cual, en estos días de crisis galopante, es nunca, hasta el punto de acumularse retrasos insostenibles.

 

La justicia para pobres se escribe con g de gratuidad y con o de oficio. Excelentes profesionales que trabajan a destajo a pesar de los pesares. Mas qué ocurriría si, como han hecho los futbolistas de la AFE, deciden ponerse en huelga. ¿Serían apoyados por los grandes bufetes o se hundirían aún más en la miseria que les acecha? Me temo que se quedarían más solos que la una. Cuanta menos competencia, más beneficios. Lo que pasa es que si se reduce el número de árboles del bosque, las reuniones de armonía serían más visibles y la evidencia dejaría a muchos listos con el código penal al aire y con la ley de enjuiciamiento donde la espalda pierde su casto nombre. Justicia para pobres.

 

Un saludo.

ELEGIR A DEDO

 

 Qué arte. Quince figuras del Flamenco se han reunido en la sede del Instituto Andaluz para criticar a la Junta de Andalucía que preside, es un decir, José Antonio Griñán. Los artistas de este gremio reprochan al (des)gobierno de nuestra Comunidad Autónoma que no actúan con equidad a la hora de repartir el trabajo y, sobre todo, que siempre contratan a los mismos, por supuesto a dedo recio, a garganta firme o a pies volanderos, ya se trate de guitarristas, cantaores o recreadores del baile.

 

Qué arte el de Pansequito y los agraviados. Ahora se enteran cómo se las gasta el griñanismo. Pero señores míos, qué ciegos, qué sordos y qué mudos han debido estar ustedes para que una conducta tan discriminatoria no les haya llegado. Después de más de treinta años de rodillo psoecialista en Andalucía, el sistema no ha variado un ápice. Por el contrario, se ha perfeccionado de tal manera que, a día de hoy, adjudican con toda la cara a la familia entera. Ahí tienen a Chaves y las millonarias subvenciones otorgadas a sus queridísimos hijos. De vez en cuando se sacan del BOJA algunos procedimientos selectivos “low cost”, concienzudamente manipulados, para acallar murmullos. Pero el dedo sigue funcionando a todo tren. Sin pausa pero con prisa, con mucha prisa, que la debacle electoral que se otea, puede seccionar más de una falange. Falange, de dedo y de ideología, que no están tan lejanos los antecedentes parentales de las actuaciones presentes.

 

Qué arte el del Instituto Andaluz de Flamenco. Fíjense en los méritos digitalizados de doña Bibiana Aído. Nombrada, a dedo, claro, directora de la Agencia Andaluza del Flamenco. Querubina ella y tan buena en lo suyo que, al poco, Ministra de Igualdad. Eso es arte y lo demás, envidia. Hasta Pilar Távora, tan afín a los postulados felipistas, va a protestar ante el Parlamento. Cómo estará la cosa pública que el Patrimonio Inmaterial de la Humanidad se pone en solfa. Y si la rebeldía sube de calor, la llave del oro del cante se quita y se gana.

 

Qué arte. Manejar el índice con inigualable soltura y hacer creer que hablan con el corazón. A ver quién es el guapo o la guapa capaz de conocer el número de personas unidas por vía de amistad, de partido o de familia, que han sido colocadas en la Administración legal y en la Administración paralela de la Junta de Chaves y de Griñán. No hay manera. Más de cien mil, sin duda. Estos artistas del flamenco juegan en la infantil de la liga de la información escrita.

 

Qué arte. El del flamenco supera toda manifestación sociocultural asociada, generalmente, al pueblo gitano. Arte flamenco, el de la Junta del dedo. Los dedos se le hacen huéspedes. Arte. Mucho arte. Artistas. Una cosa es cantar y otra cantar las gracias al poder. Una cosa es bailar y otra bailarle el agua al jefazo. Una cosa es tener arte y otra ser artista. Las candideces y las ingenuidades son, como las inocentadas. Se dan a los más despistados. Y a los que se hacen el distraído.

 

Un saludo.


DIPUTACURVAS

 

 Bandazos. Dontancredismo que no cesa. Veletas que mueven sus flechas allá donde el viento las dirija. Cuando sopla el vendaval, ni les digo los cambios. El que ya es veleidoso, del capricho hace ley. De la inconstancia, volubilidad. De la conveniencia, sistema. El tema de las diputaciones provinciales es un recurso a exprimir en épocas de vacas flacas. La importancia de estos organismos públicos radica en que la gobernanza de los mismos corresponda al partido psoecialista. Que son ellos quienes tienen las riendas, pues nada, benditas sean estas instituciones que construyen puentes de solidaridad intermunicipales. Giraldillos airosos y banderolas festivas. Cuando el signo de las elecciones es propicio para el PP, se alzan catavientos de izquierda que reclaman un cambio sustancial en las diputaciones.

 

El malvado Rubalkov ya está pidiendo a gritos una revisión del papel de los entes provinciales. Incluso su desaparición. Con la Federación de municipios y provincias no se han enzarzado todavía, al menos mientras mantengan el mango de la sartén. Si lo perdieran, a sartenazos limpios con la FEMP y La FAMP. En esta oscura forma de entender la política, más cercana a una organización mafiosa que a una formación democrática, Griñán se deja caer asegurando la posibilidad de cambiar algunas de las funciones de las diputaciones. Coincidirán conmigo en que el gran hacedor de la Administración paralela más infame que vieron los siglos, es un modelo de incoherencia respecto al interés general y de coherencia suprema en lo que concierne al bienestar de su partido/banda.

 

Este articulista ha entrado con frecuencia en el debate sobre la desaparición de las diputaciones. En todas sus intervenciones se ha mostrado partidario de su conservación. Siempre me gustó distinguir las voces de los ecos y las coyunturas de las estructuras. En todo momento defendí a estos mal llamados ayuntamientos de ayuntamientos. No obstante, exigía que los dirigentes políticos actuaran con honradez y con eficacia. Primero, con honradez. La eficacia vendría después. Con estos dos tan sencillos pilares de gestión, las diputaciones transcenderían su actual papel de servicio a la presidencia de turno y se aposentarían en el rol auténtico de atender las necesidades de los pueblos más necesitados. ¿Verdad, Petronila?

 

Cómo está el país. Revuelto. La marea negra que acompaña los movimientos pendulares del Psoe amenaza con los infiernos. Ganen o pierdan las elecciones, ellos quieren mandar. Lo de las urnas es un truco manido, dicen, ideado por los liberales para proteger a los plutócratas. La defensa de los ciudadanos pasa, en exclusiva, por la orden de “ar”. Está muy bien que el 20-N vuelva a arrasar el programa del PP. Muy bien. Pero el Gobierno es una cosa seria que debe estar manejado por los amigos de los descamisados. Diputaciones, sí, pero... Elecciones, por supuesto, mas a condición de que... Estos angelitos son así y no de más carne. Mucho bolsillo para tan escaso y agujereado pantalón.

 

Agárrense que vienen curvas. El coche oficial va a derrapar y se va a dar un castañazo de no te menees. El “safety car” ya está presto a detener la carrera. Les importa un higo que las normas del circuito proclamen otras opciones. O ganan los del 34 o se rompe la baraja.

 

Son diputacurvas. Antidemócratas. Chaqueteros. Un lujo que desearíamos bien lejos.

 

Un saludo.

DeSAStre

 

Con cierta insistencia, vengo denunciando el mal funcionamiento de algunos organismos públicos. Lo de la Junta de Andalucía, que es el beaterio de Santa María griñaniana, se lleva todas las palmas a la ineficacia y a la golfería administrativas. Son el no va menos de lo malo y mucho que hay en la burocracia psoecialista.

 

Me referiré, en primer lugar, al Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva. El director médico del mismo, un tal señor qué más da, conduce este centro sanitario con la pericia de un inútil. Sabe de gestión y de organización lo que Chávez, Castro y Correa, juntos, de derechos humanos. No dudo de que como médico sea un excelente profesional. Lo que es como gestor es una calamidad como una piscina olímpica. No me voy a referir a los protocolos de los cirujanos para operar a pacientes según las urgencias. Tampoco hablaré del número de camas que cierran en verano para contratarlas en clínicas privadas. Ni al número de anestesistas disponibles durante las vacaciones estivales. Ni al número de quirófanos. Ni a las sustituciones. Nada de eso. Me voy a ceñir a dos casos.

 

El primero de ellos es a su actuación administrativa cercana, en ocasiones, a actitudes mafiosas. Se niegan, por ejemplo, a entregar a los pacientes dados de alta su historial clínico, los tratamientos prescritos, las circunstancias concomitantes derivadas de su hospitalización, los médicos de guardia, el funcionamiento del servicio de urgencias, los protocolos de operaciones, las horas en que el único quirófano en marcha está vacío, y todo un etcétera de actividades legales, programadas, se las pasan por el arco del triunfo. Con ser motivo suficiente para exigir responsabilidades a los que hacen de lo público un predio particular, el segundo ejemplo que les voy a referir, constituye toda una muestra de por dónde se pasan estos canallitas el respeto a las instituciones, a las normas y a las personas. Me explicaré.

 

En la planta segunda del servicio de traumatología, una habitación entera se ha convertido en una especie de hotel/residencia privada de un paciente. Las dos camas, oigan, al servicio de un señor. Las dos. Desde febrero está el hombre sujeto a la sala y la sala sujeta al hombre. Meses y meses sin que nadie se dé por enterado, sin que nadie demande una explicación, sin que nadie se atreva a denunciar la anomalía. Sin que nadie.

 

Es el SAS. Servicio Andaluz de Salud. De servicio ciudadano, poquito; de andaluz, todo lo que quieran, pero lo más próximo a la parte del Psoe; de Salud, algo, porque si tú no te buscas las habichuelas, te tienen a medio camino entre tu casa, la hospitalización sine die y el operatorio. Al frente del SAS, una abogada. Del Partido, por supuesto. Todo un modelo de totalitarismo político y de incompetencia empresarial. Claro, que quién le va a llamar la atención si su jefa inmediata de la Consejería come de las mismas latas y en idéntica vajilla. Aquí, o eres sumiso, o te tragas todos los marrones que la banda te tire.

 

Desastre viene de SAS. Y SAS, de desastre. El principio de Peter explicita que, en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. La jeraquiología aplicada modifica los parámetros. Los ascensos no se producen entre los empleados públicos, salvo para puestos de pacotilla. Los ascensos fulgurantes y ejecutivos se reducen a la nómina de militantes del Psoe. Si no de qué y de cuándo cualquier Otero o cualquier Rico iban a romper todos los records de ineptitud en una empresa privada. Estarían en la calle, en la puñetera calle, ganándose el pan con el sudor de su frente y no con la impotencia de los contribuyentes. SAS, de desastre. Desastre, de SAS.

 

Un saludo.

LA LIGA DE LOS LÍOS

 

 Me gusta el fútbol. Lo jugaba, de niño, en el empedrado de mi calle Alfonso XIII. Como no había coches aparcados ni en circulación, nuestros sueños se escenificaban en aquel largo y estrecho escenario. Allí jugábamos partidos interminables. Nos daba igual que la pelota fuera de papel, de trapo, de goma, o una simple piedra. El caso era jugar. Y si podíamos, ganar. Hemos ganao, hemos ganao la copa de meao. Los que han perdio, se la han bebío. Dios, como pasa el tiempo.

 

Era la época de esplendor del Madrid de Diestéfano. El fútbol llenaba nuestras vidas hasta el punto de olvidar nuestras hambres y torear las carestías que nos corneaban a cada paso. Yo era, y soy, muy madridista. Lo éramos todos en mi familia. Queríamos al Madrid con la misma vehemencia que temíamos al Barcelona. Digo temíamos porque nunca lo odiamos. Kubala era la otra cara del fenómeno. Un húngaro frente a un argentino.

 

Hoy día, hay un Diestéfano y un Kubala. El primero responde al nombre de Messi. El segundo sería Cristiano. Messi es el Diestéfano del Barça. Nos hemos de convencer de este axioma si queremos entender la pasión por la gresca y el barullo que invaden las confrontaciones entre los dos mejores equipos del mundo.

 

Desde mi humilde punto de vista futbolero, el Barça está creando escuela. Escuela con estilo. Estilo con clase. Clase llena de técnica. Técnica mojada en un humeante tazón de exquisiteces y de filigranas. Habrá otros estilos y otras formas de entender el deporte del balón. Pero coincidirán conmigo en que este Barça es diferente. Del mismo modo que Guardiola ha sabido imprimir al juego un marchamo de grupo con señas de identidad pata negra. Messi es el referente que trabaja para un equipo que se vuelca con su líder. Todos defienden y todos atacan. Pocos volean el cuero para quitárselo de encima. Tratan el esférico con el virtuosismo de un Rostropovich. Messi Diestéfano impone unas cláusulas que en la selección albiceleste se niegan a firmar.

 

El Barcelona de hoy es una empresa solvente que halla en la jerarquía un bálsamo de humildad y en los trabajadores el cariño de quienes quieren y se sienten amados. Retorna al deporte la idea iluminada que Cataluña siempre tuvo para con sus negocios. La felicidad se expande para disfrute de millones y para infelicidad de otros tantos. Como que por qué.

 

Uno anhela los triunfos del club de sus amores. Valora al adversario de toda la vida y admira su gusto por el arte. Con todo, desea fervientemente que el Madrid alce la copa de los triunfos. En esto, y para esto, se contrata a Mourinho. Me cae bien el portugués. Pese a sus incontinencias, el luso es un tipo de grandísima personalidad. Está organizando al club más laureado del mundo con fórmulas inglesas. El muchacho cae en la propia trampa de la calidad. Quiere vencer a un Barça de Guardiola con un estilo que no es capaz de destruir la plasticidad y eficacia de aquél. Ahí radica su error. A este Barcelona de Messi -en el que Iniesta sería una especie de Gento y Xavi un Puskas de altura- no se le puede superar más que jugando parecido. Imitándolo en lo posible. Los futbolistas azugranas han acumulado tal destreza posicional que no se van a Sevilla ni un momento. Saben que pueden perder la silla.

 

En el Madrid actual, al que reconozco méritos de superación y al que quiero insuflarle huracanes de aliento, ser segundo es una hazaña importante. La proeza sería ganar. Si lo consigue esta temporada, me alegraré como hincha pero tendría que analizar el tema con la reflexión que merece. Bajo ningún concepto, admitiría que se intentase con Messi lo que algunos desgraciados hicieron con Diestéfano. Lesionarlo. Para que el cazo dé la vuelta, no hay otra solución que quitar de enmedio al Leo. Al León. Y así, no. No y no. Respetemos, al menos, el arte. Este Barça lo tiene. Al menos, esto reconoce este humilde seguidor del Real Madrid.

 

Un saludo.

SOBERANÍA, PERO MENOS

 

Se veía venir. Lo habíamos anunciado. La pérdida de soberanía de un Estado supone, de hecho, la razón de ser de ese Estado. Se podrá hablar de otra cosa, pero de Estado, en el sentido definidor del término, no. Soberanía es la cualidad de quien posee la autoridad suprema e independiente. Esa cualidad reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos.

 

Merkel y Sarkozy han decidido otra cosa. El francés y la alemana han dado un salto de gigante en la destrucción de Europa. Se han pasado por el fajín de su generalato la política escrupulosa y prudente de los “pequeños pasos” diseñada por los padres de la Unión Europea. Gobierno auténtico para la zona euro, demandan los grandes impulsores de la economía de este continente, tan viejo que se cae a pedazos. En el país de Obama, es que ni disimulan del contento. No porque piensen que los Estados Unidos de Europa es una realidad de alguna forma temida. Al contrario. Los norteamericanos saben que la propuesta de los líderes deja abierta una puerta a la deconstrucción de la realidad política que se avizoraba para bastante más tarde.

 

En España todavía podemos darnos con un canto en los dientes. Acaso sea preferible delegar una parte de nuestra soberanía en la formación de una entidad supranacional, que rendirla a manos de unos etarras asesinos confesos. Los de Bildu y Sortu se frotaban las manos. De confirmarse esta posibilidad, la independencia se les frustra de raíz. La base económica prevalece sobre los vértices políticos. Aquí y en Berlín. En cualquier caso, la situación es compleja y peliaguda. O se compone un Gobierno económico en la Europa de la moneda única, o el tren de la prosperidad pasará de largo por nuestras estaciones. Ya no habrá siquiera un Plan Marshall mirífico. La ley de la jungla reinará en cada rincón de la aldea global. Los más perjudicados, como siempre, los más débiles.

 

A dónde irá España, sin la asistencia germana y el apoyo de los galos. Qué será de Portugal, Irlanda, Grecia o Italia. Inglaterra pactará con el mismísimo diablo con tal de no ceder un fleco de su historia de siglos. En cuanto a los demás componentes de la Unión, a su suerte. Es sencillo adelantarse a las conmociones sociales que agitarán las poblaciones de los países más abandonados. O se federan o se aislan. No hay más opciones. La barbarie iza la bandera de la rebelión. Las revoluciones estallaron por motivos de menor peso.

 

No se trata sólo de buscar disquisiciones entre soberanía nacional y popular al albur del concepto que se acuñó en la Francia de 1789. No. Se está tejiendo una idea novísima: la soberanía supranacional. Atender las aportaciones teóricas de doña Ángela y de don Nicolás nos conducirá irremisiblemente a ello. Y entonces, España, que nos duele, pasará a formar parte de una confederación de estados relativamente dependientes. Dependientes, sí, de la Gran Alemania. Tiene narices la cosa. Lo que no se logró mediante la guerra, se puede convertir en amarga realidad a causa de la desesperanza económica. De todas formas, el conflicto bélico es el término de este tren que ha perdido el control de su velocidad.

 

Termino con una cita del dictador Fidel Castro: “En el mundo actual, ningún problema social se resuelve por generación espontánea”. Se refería el octogenario líder cubano a que el futuro de una nación no puede dejarse en manos de los financieros o de los magnates. ¿O sí? La Bolsa no puede ser la vida, pero marca las pulsaciones de una economía mentirosa. Cómo que no. Ayer, casi cinco puntos menos. Mañana, un respiro asistido. Pero la enferma no podrá recibir el alta. Así, menos soberanía y más Alemania.

 

Un saludo.

BENDITO DIECISÉIS

 

 

La influencia de la Iglesia católica sigue al alza. Basta con observar el número de críticos destructivos que han sacado sus alfanjes a relucir con la llegada del Papa. Eso de la JMJ les pone de los nervios. El fundamentalismo es un mal a extinguir. Toda religión y, por cultura y civilización, la religión cristiana, es digna de respeto. Toda. El cristianismo fue decisivo en su doctrina de igualdad de los seres humanos. Con todas las imperfecciones que se quiera, pero una feliz realidad. Ni siquiera la revolución francesa aseguró la igualdad jurídica. Y menos las constituciones democráticas actuales. En esa diatriba nos encontramos.


La historia como confrontación de buenos y malos es maniqueísmo de baja estofa. Juan Pablo II cumplió un papel estelar en el mundo católico y Benedicto XVI, que carece del carisma de su predecesor, realiza una labor sorda de singular importancia por más que pase inadvertida. La Iglesia es necesaria en la medida que administra los asuntos de los fieles. Guste o no, es así. Se tenga, o no, fe, la evidencia aplasta. Que los editoriales de algunos periódicos subvencionados por Zapatero lanzan soflamas de repudio, pues muy bien, están en su derecho e incluso forma parte de sus obligaciones. Ni las discuto ni las reprocho. Lo que sí rechazo frontalmente es el ataque político a una persona que, aparte de otras connotaciones, es el Jefe del Estado del Vaticano.

 

Que no hable del aborto, bramó amenazante Jáuregui, uno de los del GAL. Que no se inmiscuya en la política española. Él si puede hacerlo en la labor pastoral de la Iglesia. A sabiendas de su situación de superioridad. No haría lo mismo con el Dalai lama o con el Arzobispo de Canterbury y qué decir con algún alto dirigente islámico. Pero, bueno, con la Iglesia todo vale. País.

 

Si la Iglesia condena el aborto, forma parte del mensaje del Sumo Pontífice recordar el pecado. No el delito, si lo hubiere. El pecado. Las intervenciones del Gobierno sobre este tema no es ya que denoten, sino que connotan. Le chorrea la dosis de subjetividad. Cada aborto que se ejecuta (sic), muesca en su revólver de abortador mayor del reino. En su objetivo de conservar tan dudoso galardón. Cómo se atreve la Conferencia Episcopal a rechistar. Qué osadía la de los obispos carcas que refutan una ley psoecialista.

 

El Gobierno sí pontifica. Y dogmatiza. Descorren cortinas de estancias ajenas al tiempo que telones herméticos censuran problemas candentes. Porque el desempleo se agrava. Porque la crisis se hace más aguda. Porque las empresas cierran. Porque el consumo se arrastra. Porque el futuro amenaza vendavales. Porque el (des)Gobierno aumenta. Porque los nacionalismos se encrespan. Porque los abertzales campan a placer. Porque la democracia se corrompe. Porque los valores se diluyen. Porque la corrupción invade. Porque la educación naufraga. Porque a la sanidad se la ayuda a morir. Porque el ejército no defiende la unidad. Porque se pervierte el Derecho. Porque...

 

Juerga de ministros descabezados. Gesticulante corifeo de una tragedia de final previsible. Compra de voluntades parlamentarias. Control policial de la ciudadanía. Pérdida de libertades cívicas. Indignados de prédicas oficiales. Imperio del gran hermano Sitel. Vertedero de los parlamentos regionales. Dudosa credibilidad de algunos tribunales. Unificación antidemocrática de poderes. Ineficiencia de una mastodóntica Administración Pública.

 

Bendito Dieciséis viene a España en son de concordia. Alguno españoles le reciben con aires de guerra. Qué males padeceremos en esta patria nuestra que los valores cívicos se transforman en desgracias alentadas. Bienvenido Ratzinger. Bendito Dieciséis.

 

Un saludo.

El naufragIU

Puro espejismo. El éxito electoral de IU en las elecciones municipales onubenses es una entelequia. El pequeño salto cuantitativo –de dos a tres concejales- en el consistorio de Huelva era fruto de una creencia falsa. Se pensaba, se creía, que Pedro Jiménez era la fuerza personal capaz de devolver credibilidad a una formación desautorizada por las infamantes acciones políticas de algunos desaprensivos sectarios que mientras besaban a su esposa en público, metían mano a la mujer de otro con fines lascivos, lúbricos, concupiscentes y obscenos. Mostraban la careta de honradez en sus nucas cubiertas al tiempo que sus rostros se dirigían, babeantes, hacia la rica cónyuge del amigo de progreso.

 

Lo tienen crudo. Los “amigüitos” de Llamazares van de cráneo. Procuran, en estos momentos de confusión social y de revoltijo político, acercarse a los “indignados”. Utilizan la vieja táctica fascista y policial de infiltrar en el grupo del 15-M a una serie de sujetos perfectamente preparados para la manipulación asamblearia. Manual de libro de la dinámica de grupos acerca de cómo reconducir los movimientos espontáneos del pueblo en organizaciones pertrechadas al servicio de los granujas de turno.

 

El grupúsculo director de Democracia Real Ya ha convertido el descontento generalizado de los ciudadanos contra Zapatero y su banda psoecialista en un movimiento de repulsa a la derecha. El autor de la fechoría financiera y económica no es el Ejecutivo de Rubalcaba. Para este hato de pandilleros de la crispación, el responsable de la debacle es Aznar, como líder máximo de una derecha que sigue anclada en el franquismo trasnochado. A partir de esta falacia, se aprestan a levantar un monumento, una torre de Babel de la infamia, a la mentira. En eso están. No hacen sino entrenarse para lograr la conjunción táctica necesaria para acometer al Gobierno que se avecina. La acogida que se prevé al Papa, forma parte de la recepción que se dispensará a la derecha triunfante. La izquierdona política y sindical moviliza a sus bases para frenar la victoria democrática impecable de la derecha social.

 

Esta gente del 15-M asemeja a los paramilitares de las guerrillas urbanas. Llamazares tiende sus manos anchadas de tinta a estos mafiosos que viven gracias a las aguas revueltas de la política más impúdica. No cabe atribuirles buenas intenciones. La tragedia de los buenos propósitos no es de aplicación. De ninguna forma.


Cómo es posible que se comparta la idea de regeneración en la IU de Pedro Jiménez si el 21 de marzo mostraba la candidez de su alma y veinticuatro horas después se intitulaba señor de las llaves del palacete de la plaza de las Monjas. Tetas y sopas no caben en la boca. A Pedro Jiménez se le estiró la sonrisa de retrato de la “enciclopedia Álvarez” una vez las comisuras de sus labios quedaron ocultas tras la poblada, cetrina y adusta barba blanquinegra que cubre su cara. Sin rubor. Piel curtida por años de preparación escénica. Una voz alta y rotunda y un mensaje de limpia apariencia son vehículos de corto engaño. Ya se sabe: se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

 

Ahí tienen al superviviente Valderas. Más de siete legislaturas ininterrumpidas al servicio de sí mismo. Triste record, a fe mía. Sin embargo, ahí lo tienen, orondo y colorado como un tomate (toma té, elector confiado) de invernadero. Viviendo del cuento parlamentario durante décadas. Qué sorpresa nos depara, entonces, con mimbres como los citados, el amigo Torrijos. Amigo de lo público, claro, porque de lo privado, de lo suyo, como mal comunista, no toca un céntimo. Las mariscadas con dinero particular le sientan mal. Es preferible el gratis total con peculio del Estado. Debe saber a elixir de dioses eso de yantar y de libar, acaso de folgar, a cuenta del país. Torrijos es a Monteseirín como sálvame de luxe a salsa rosa. Disfrutan rajando de lo ajeno y nutriendo la moral del percebe como la gula adorna al pecador. Los trabajadores como excusa. Se admite pulpo como animal de compañía. Los trabajadores como defensa, según y cómo. El Juzgado de lo Social -¡qué paradoja!- de Sevilla ha condenado al jefezuelo Torrijos por acosar laboralmente a una empleada. Toma ya. Si el varapalo judicial hubiera recaído sobre Zoido, estarían cantando aleluyas los telediarios vergonzantes de Canal Sur.

 

Los antecedentes sindicales del señor Torrijos, como los de don Pedro Jiménez, se sitúan en la estela (funeraria) de Comisiones Obreras. Pobre Marcelino Camacho. Lo que le costó construir un sindicato para los trabajadores. El disgusto que se llevaría si pudiera ver su extraordinaria obra convertida en guarida perpetua de magnates, digo de mandantes, digo de mangantes, ya no sé lo que digo. Pero no, los COCOs son una cosa, el PC, otra, y en lo que respecta a IU, la adulteración clamorosa de una bella idea. Los Torrijos y los Valderas son los grandes deshacedores de la doctrina del común. El “paquebot” que pudo ser se ha quedado en una falúa de reyes. Reyes. Ellos que se las dan de republicanos. La vida. El naufragIU.

 

Un saludo.

 

 

EL ENEMIGO EN CASA

 

 Estilo. Bueno, si el modo de comportarse revierte en interés general. Malo, si los usos o las prácticas revelan un dechado de maldades. De un signo o de otro, maniqueísmo simplista, el estilo marca gusto, elegancia o distinción.

 

El señor Duran (sin tilde) Lleida presume de estilo. Claro, que no precisa la tendencia. Va de amable y gentil, cual Bono sin tupé, pero como el presidente del Congreso atribuía a Esperanza Aguirre, sonríe al amanecer, junta el entrecejo al mediodía y chupa la sangre de sus víctimas cuando la luna reina en el cielo. Estilo, sí, pero no digno de ser imitado. El amigo Duran Lleida ha declarado que el PP logrará mayoría absoluta porque el Psoe ha arruinado al país. Inmenso. El portavoz de los catalanistas de CiU en la Carrera de San Jerónimo es un portento de sabiduría. Ya digo. Carácter de Bono. Pónganle un peluquín, añadan un frenillo a su voz y, hala, a dar el pego. Españoles de boquilla, cristianos católicos de confesión, políticos de oficio y escorpiones de instinto.

 

Pues es verdad lo de la ruina de España a causa de la banda psoecialista de Zapatero. Lo que oculta el astuto maquiavelín es que su coalición independentistas de tragos cortos ha contribuido en gran medida al descalabro económico del Estado y, sobre todo, al descrédito moral de la nación. Don Duran, sin tilde, es un cómico de la legua. Se ha aprendido un papel menor y, eso sí, supo colocarse en lugares destacados del proscenio gubernamental. Su rol se reduce a aparentar españolismo a fin de atemperar las ínfulas segregadoras de los nacionalistas de Jordi Pujol y de Artur Mas. Se presenta como el poli bueno de la película de chinos mafiosos. El hombre ha sobrevivido pese a todo.

 

Las ratas son las primeras en abandonar el barco. Primera lección de una clase de ciencias naturales y de sociología de la conducta humana. Mosén Duran ha roto su idilio septenal con el zapaterismo. Tiempo de amoríos rotos como los romances de Corín Tellado. El papá de la novia es desahuciado y el galán, trémulo de ira por tener que soportar a una pobre española, prefiere lanzar los anzuelos en bancos genoveses, cuyos caladeros se adivinan repletos. Pacto fiscal con Cataluña, desliza el noviete de fortuna. Con la de banquetes que ha presidido y con la de despilfarros que ha protagonizado, el Bono catalán sin bisoñé se erige en defensor de las clases medias y de los jóvenes.

 

Lo malo de tanta memez publicada es el silencio de los nuevos interlocutores. Uno considera que, a veces, las palabras nos hacen esclavos de nuestros actos. Hasta ahí de acuerdo con la prudencia. Sin embargo, lo que está fuera de discusión es que a un charlatán de feria aldeana se le permita moverse por palacio como juglar desafinado de damas indefensas. Alguien tiene que decirle a Duran que el disfraz está anticuado y que sus cantos de sirena no son sino onomatopeyas del croar de sapos y del crepitar de tablones incendiados. Cuanto antes.

 

El majete Duran quiere dinero. Mucha pasta. A cambio de qué. De nada, por supuesto. De que Cataluña prosiga la ruta separatista con los medios y recursos del nuevo padre de la novia. Si Rajoy tiende la mano, en vez del puño, a Duran Lleida, volverá a repetir el brocardo de que no hay peor cuña que la de la misma madera. Se habrá metido al enemigo en casa. Entonces, si el PP se deja seducir por el estilillo puntillero del maletilla, éste le clavará el estilete envenenado en el mismo costado que al vallisoletano de León. Vaya, y que un gallego, con la retranca que atesora, se deje atrapar por el fulanismo de un individuo así, es que manda bemoles la cosa.

 

Para amigos como Duran, para qué necesitamos enemigos. Ya tenemos a Rublacaba, a Pepe Blanco, etc., etc., etc.

 

Un saludo.

NOVIEMBRE, VEINTE

 

 Rajoy halla en el Congreso la caja de resonancia que se le escapa fuera de la sede parlamentaria. La vida, don Mariano, es un universo más amplio que la sede española de la soberanía popular. El pueblo delega allí su poder. Sin embargo, la fuerza de la gente se manifiesta en sus escenarios cotidianos: el lugar de trabajo, la cola del paro, la charla de bar, el encuentro con los vecinos del barrio, el sofocón en los campos de fútbol. Y así. Rajoy olvida esta circunstancia. Y si la tiene en cuenta, poco hace por construir una estrategia más efectiva de aproximación a los ciudadanos.

 

Zapatero sabe perdidas las elecciones novembrinas. En la misma medida que Rubalcaba trata de rebajar la dimensión de la cantada derrota. Tanto mal a tanta gente pasa lógica factura. El coche de la pandilla de Ferraz se desliza sin control por esta pendiente abrupta. Mientras el vehículo del adversario va del encontronazo al porrazo y del golpe a la culada, el presidente del Partido Popular se limita a observar. No discutiré la bondad política de esa posición. Lo que sí reprocho es la actitud poco elegante de la misma. Ver los toros desde la barrera es carácter del aficionado, mas no calidad del matador. El albero es el destino natural del lidiador.

 

En medio del oleaje que levanta la crisis económica y moral que padecemos, a sabiendas de que el capitán Zapatero ha sido relegado del mando, cuando el pasaje se aferra a los salvavidas, el señor Rajoy, a verlas venir. No puede ser, hombre. Hay que levantar la voz. Hay que advertir el peligro. Hay que hablar con la gente. Con tripulantes y tripulados. Con financieros y financiados. Con empresarios y empleados. Hay que animar el cotarro. En los camarotes, en los salones, en la cantina o en la cubierta. A cielo despejado o bajo una gran tormenta. Por doquier.



El filo de una navaja es la frontera que separa al prudente del cobarde. El miedo al fracaso acrece a medida que se tienta el éxito. Sin embargo, cuando este triunfo inminente obedece más al demérito ajeno que al valor propio, entonces, Mariano, se incurre en la cobardía. Se deja de ser prudente para volverse cobarde. Sin paliativos. Navegante, considérese avisado.

 

La crisis económica está haciendo estragos. El sistema de pensiones puede caer hecho trizas. Las hormigas prevén calamidades si no se taponan los huecos. España ha de reformar efectivamente y no sobre el papel. La inseguridad del (des)Gobierno se extiende a la Oposición. Tres meses de angustia esperan a los españoles antes de decidir un cambio de rumbo. Si los mensajes no son diáfanos, la niebla oscurecerá la visión. Ya se sabe el alcance de los de Ferraz. Lo que todavía desconocemos es el horizonte de los dirigentes de Génova.

 

O se aclaran o se votará contra Zapatero. El PP perderá legitimidad si su victoria en las elecciones descansa en el demérito de sus adversarios. El éxito pasa por la evaluación positiva de las ofertas. Rajoy debe dejar los arcanos de la fecha electoral y manejarse en clave de asertividad ciudadana. Los sondeos son simples tendencias de opinión. La gran encuesta se publica el veinte de noviembre. Veinte ene.

 

Un saludo.

EFECTO ALAYA

 

 En cenáculos de abogados, se está comenzando a acuñar un nuevo término: efecto Ayala. Se refiere a la Juez Ayala. Con mayúsculas. La titular del Juzgado de Instrucción número seis de Sevilla tiene más valor que el Guerra. Y más redaños que todo un ejército de fiscales y magistrados. Realiza la función de instruir una causa y lo hace con la seguridad que otorga el conocimiento de la ley. Instruir es tramitar un procedimiento administrativo o judicial. Esto es, realizar cada uno de los estados y diligencias que hay que recorrer en un negocio jurídico hasta su conclusión. Y la señora juez Alaya lo hace sin aspavientos pero con una fortaleza profesional que da que pensar. Pensar en lo que se hace y en lo que se omite. A partir de ahí, reflexionar por qué unos, muy pocos, sí, y otros, la mayoría, por desgracia, no.

 

Las medidas coactivas que contempla la ley para reducir la negativa de la Administración a remitir a los juzgados los expedientes administrativos, son claras. Claras pero escasas. Escasas y poco eficientes, en tanto se reducen a una multa que, a la postre, no paga el funcionario de turno puesto que, al cabo, éste no hace sino cumplir órdenes. De la superioridad. Hasta tres veces y hasta tres multas. La Ley de la jurisdicción contenciosa ya avanzaba la nula rectitud de ciertos procederes. Hasta tres. A la primera, a la segunda y a la tercera. A la cuarta, se pone los hechos de desobediencia, de burla y mofa, en conocimiento del Ministerio Fiscal. La Juez Alaya, la del efecto de su nombre. Cómo que la Junta del Psoe no va a entregar los expedientes. Cachondeos los justos.

 

La Administración no se descompone, no. Ella, a lo suyo. Es como un búfalo ciego que arrolla a cuanto se le enfrenta. A falta de los jueces, de algunos, los funcionarios, los secretarios judiciales y algunos que otros fiscales se hallan en la órbita de su fuerza bruta. Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar, se dicen los directores generales y toda esa patulea de advenedizos que, de la nada de su oficio, si lo tienen, pasan de golpe al todo de un poder omnímodo. El efecto Alaya ha puesto a algunos jerifaltes del cargo público sobrevenido en el lugar que les corresponde. Expediente mutilado, incompleto o nunca entregado. Ya se cansarán. La demanda ha de empezar por la ausencia de documentos.

 

El efecto Alaya es un golpe de mano legal que la jurisdicción ha asestado en pleno rostro a unos administradores públicos corruptos que hacen y deshacen a voluntad. Que les multen, que paga el contribuyente. Faltara más. Y les da igual un juzgado de pueblo que un tribunal superior de justicia, un Supremo que un Constitucional. La facultad de autotutela se convierte en potestad de autocorruptela. Así va el país. Con esta Administración golfa, para qué queremos administrados.

 

Administrar, señores de la Junta psoecialista, es ejercer la autoridad. Y autoridad, conmilitones del partido de Griñán, es legitimidad, prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su calidad y competencia. Autoridad de la Junta, ninguna o muy poca. Mando, un montón. Ordeno, tela. El efecto Alaya es un aldabonazo en la conciencia de los jueces, de los abogados y de los fiscales. El efecto Alaya es un respiro de democracia pura. Un alivio para la moral.

 

Un saludo.

EL MALVADO RUBALCOV

Me recuerda uno de los personajes cinematográficos salidos de la pluma extraordinaria de Dickens. El anciano jefe de una banda de ladrones infantiles. Fagin. Un lado cómico que no escondía la poliédrica crueldad de un hombre desalmado. Los bajos fondos del genial novelista británico asoman en la cara impasible e imperturbable de un sujeto de condición bajuna.

 

Durante un tiempo aguardó su oportunidad. Cuando los problemas de España amenazaron al partido, quiso, y logró, formar parte del gobierno de Zapatero. Rubalcaba previó los sucesos graves que se cernían sobre su gente. Se adelantó, astuto, para lograr artificiosamente su fin. Cuestión de tiempo pues la suerte estaba echada. De factótum en el Consejo de Ministros a candidato único para las elecciones cantadas. A la luz de los sondeos, ordenó al presidente el adelanto de los comicios. Nada al azar. Ninguna experiencia incontrolable. Todo, cuando y como conviene.

 

Ninguneado el líder, renegó de su talante y se apresuró a proclamar su óbito político. El que manda, oficialmente, a partir de ya, es Alfreddo. Cuesta arriba las encuestas, al taimado personaje de las calles londinenses no queda sino la treta en su más alta traición. Hay que ganar como sea. Como en 2004. Si es preciso llamar asesinos a los populares, se hace. Si hundir tres Prestiges, sin vacilar. Si no Atocha, Chamartín o El Prat. O el Palacio Real, a imagen y semejanza del noruego Breivik.

 

Ha pasado del “los españoles no merecen un Gobierno que les mienta” al “a los españoles los embauca mi menda lerenda”. Posee talento pero le falta imagen y le sobra maldad. El viejillo de aspecto pretende rejuvenecer sus canas pero sus ojos lacerantes le delatan cuando impone a los flashes su meliflua sonrisa. Es el rey de la trampa. Muestra sus redondeces mentales porque carece de principios y desconoce sus finales.

 

Teme la derrota pero rechaza el derrotismo. Alborota el cotarro para que el polvo del camino altere las señales y confunda a los viajeros. Se acerca a Democracia Real el propagandista y agitador de los indignados. Utiliza a los muertos como votos lázaros de una misión que se antoja imposible. Lanza mensajes de concordia para compensar el efecto morigerado de Rajoy. Pura entelequia. Tiene nombre y está bautizado. Este Fagin dickeniano se ahoga en su propio vómito verbal. Sin embargo, cuidado con él. Rubalkov es un privilegiado del dios Marte.

 

“Se ofrecen cinco guineas a quien ofrezca noticias acerca de Oliver Twist, en paradero desconocido desde el pasado jueves”. El Oliverio Twist de este Fagin de carne y hueso es la nación española. Ofrezco mi patrimonio a cambio de quien me facilite cómo encontrarla. Tan pérfido el desactivado ZP como taimado y vil el activista Rb.

 

Aviados estamos. Si fuera creyente, terminaría con el ritual “Dios nos coja confesados”.

 

Un saludo.

COBRA POR BERREAR

 

 Que se mantenga la actividad de Astilleros. Que se garanticen los salarios. Así se expresaba, en 2009, Mario Jiménez. Cómo que quién es Mario Jiménez. Nadie con palabra. Alguien con una cara descomunal. Un señor que miente más que habla. Un sujeto agente que cobra por insultar. Lo del Secretario General de los psoecialistas onubenses se aproxima más al concepto berrido que al término expresión razonada. Ya les digo. Hace dos años, pedía el voto a los trabajadores para que la derecha no ganase en las elecciones europeas. Al Psoe, reclamaba, hay que votar a la izquierda de progreso. Para que uno se lleve las perras, debe haber otro dispuesto a dárselas, salvo que las birle directamente. En este caso, los trabajadores, confiados, que ya hay que tener moral, entregaron su tesoro democrático a tan impío individuo. Y claro, las consecuencias no se hicieron esperar. Cierre patronal, despidos, y hasta la próxima, Lucas.

 

En este verano de dos mil once, Mario Jiménez ha vuelto a dar muestras de su honda sapiencia para las manifestaciones más peregrinas. Si la estulticia tuviera rostro, se parecería a los que siguen creyendo en este político de poco calado y profunda mala leche. Pues no que, ahorita, en plena canícula estival, se deja caer el muchachito de Moguer asegurando que las soluciones para Astilleros de Huelva “han venido por parte de la Junta de Andalucía". Se necesita tener valor para proferir falsedades tan toscas sin descomponerse la boca en el acto de perpetración del infundio. O sea, que están los trabajadores pasándolas canutas y el asistente personal del Jefe de los EREs poniéndose las botas.

 

Si la grosera declaración quedare en esos tremendos disparates verbales, pues bueno, pues mira, pues forma parte del tinglado de “nometoquesrroque” que se han montado estos buitres. Lo peor es que les importa un “carallo” que se cierre una empresa con más de mil empleados. Y lo que ya toca las narices del más circunspecto de los ciudadanos, es que, encima de la que está cayendo, culpe al Partido Popular y a Pedro Rodríguez de la catástrofe laboral que ellos, los ineptos dirigentes de la incompetente Junta de Andalucía, han generado. Mira que si la responsable de todo es Merkel, derecha germana intratable. Este Mario sigue la carrera de sus mayores más experimentados. Te ahogan en la orilla del mar y luego se lanzan a salvarte para, al final, decir que lo intentaron con todas sus fuerzas pero que el bañista era ya cadáver.

 

Mis mensajes escritos de los últimos tiempos discurren por un plus de insistencia en un aspecto. A Pedro se lo comió el lobo. Por mentiroso. Mario se sigue manducando a las ovejas del rebaño social. El silencio de los corderos es la coartada de los zorros y de las fieras. En este sentido, desprestigiado por sus acciones el insólito líder de los psoecialistas de Huelva, habrá que atribuir a los crédulos su parte alícuota del culpa en el cultivo de tanto embuste. Del mismo modo que José Blanco justifica las vacaciones de ZP mientras la Bolsa va de batacazo en julepe y de desliz en descalabro. Qué ricos.

 

Ya se sabe que la fe es hermana de la esperanza y cuñada de la caridad, y que es más fácil creer que dudar. Sin embargo, como decía Mariano José de Larra, “el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. El corazón, vale, pero el cerebro y el estómago repelen la porquería. Un berrido no deja de ser algo desaforado. Mario, a ver si aprende usted, alguna vez, a decir la verdad. Aunque no cobre por ello.

 

Un saludo.

VATICINIOS

Hay  predicciones fáciles. Adivinaciones sencillas. Pronósticos claros. Vaticinar la conmoción social que nos acecha a la vuelta de la esquina, es tarea al alcance de cualquier observador atento. Las protestas estudiantiles y obreras del pasado serán cosa de niños con las reivindicaciones de los universitarios, de los parados y de los afrentados del presente. Se dice que de la pobreza, se sale. De la miseria, es casi imposible. Si hay que estudiar, se estudia, pero estudiar para nada, pues… Es la alusión a la frase ingeniosa de cierto grupo cómico español: si hay que ir… Lo que no se conjuga es el si hay que trabajar. Porque aunque se quiera, que se anhela, no hay curro.

 

La situación socioeconómica es tan peliaguda que una de dos, o se dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad al pueblo, o las mentiras continuadas harán hervir la marea de rabia contenida de la gente. Dar esperanzas falsas de curación a un enfermo terminal no hace sino engendrar enfermedades nuevas. La realidad es la que es y su interpretación maliciosa no hace sino deformarla. Esto es lo que hay. Se toma o se deja. En el segundo caso, los efectos serán caóticos. Si se toma, hágase con las debidas fórmulas. La Bolsa está cantando la traviata. Los voceros del pesebre se quedan con el culo al aire por más que traten de subirse sus sucios calzones.

 

La nave económica zozobra y arrastra en su hundimiento a los demás navíos sociales. Hacer emerger los pecios cuesta muy caro. Es preferible intervenir antes de que el mar se trague a toda la flota. Se precisa cirugía. Lo venimos anunciando desde hace años. Si se asume esta premisa, comenzaremos a cambiar el rumbo. No se trata de recortar derechos, sino de configurarlos a la luz de nuestras posibilidades. Tampoco es cuestión de mutilar libertades, sí de adaptarlas a unas necesidades distintas.

 

Libertad y seguridad forman parte de una misma soga. Cuerda que une pero que también ahorca. Tirar de un extremo lleva consigo minorar la superficie del otro. En las estaciones de ferrocarril, no ha mucho tiempo, los familiares solíamos despedir a nuestros seres queridos desde el mismo andén. Se era libre para abrazar a los familiares a la llegada del convoy. Razones de seguridad hacen imposible, actualmente, esa práctica. Nadie se lleva las manos a la cabeza cuando se aducen motivos de peso. En los aeropuertos, las medidas son más extremas. Se acaba comprendiendo que, a veces, la seguridad de todos comporta la incomodidad de unos cuantos.

 

De esta crisis maldita que sufrimos, saldremos. No se sabe con exactitud el momento. Pero se superará el bache. El cataclismo económico era previsible. Sin embargo, en vez de explicar el estallido del fenómeno, los gobernantes priorizaron la conveniencia del voto antes que el interés de los votantes. Engaño artero que beneficiaba a los políticos desvergonzados a costa del sacrificio de una población ingenua que, por otra parte, cierra los ojos y se esconde cuando alguien les apunta con… un simple chorro de agua que sale disparado del orificio pequeño de un botijo.

 

Advertir el peligro supone, de alguna manera, adelantarse a sus consecuencias y, en esa previsión, atemperar sus peligros. No se trata de amenazar. Basta con llamar la atención, hacer notar, amonestar si es menester. Bajo ningún concepto conviene silenciar, omitir, censurar. El sistema democrático cuenta, entre sus imperfecciones, la ambición de los candidatos a ganar su escaño de forma fraudulenta y a no dar cuenta del incumplimiento de sus promesas.

 

La cercanía de las elecciones generales debería hacer reflexionar a los partidos. Miren ustedes, España atraviesa tal crisis, que si queremos sacarla del hoyo en que la hemos metido, habrá que sudar sangre. Todos habremos de arrimar el hombro. Lo que hasta ahora nos costaba tres, a partir de mañana, y hasta no se sabe cuándo, costará seis. Despidos, salarios, pensiones, impuestos, derechos sociales, libertades públicas y otras necesidades básicas habrán de supeditarse a la exigencia de sacar al carro del atasco. Si no, el fango se apoderará del bien. Y entonces, ni habrá trabajo ni ingresos ni derechos ni  libertades.

 

El sacrificio de todos llevará a la rendición de cuentas de quienes nos gobernaron. Eso, en el futuro. Lo que pasa es que, en el presente, la mentira ha tomado tal carta de naturaleza, que a los estafadores se les piden responsabilidades desde ya. De ahí el vaticinio. O aprendemos a decir no o el tren de la miseria nos aplastará a todos. La miseria se llamará insurrección, pillaje, pistolerismo, atentado y guerra. De la pobreza, se sale. De la miseria, no. Vaticino.

 

Un saludo.

VÁNDALOS JUVENILES

 

 Mala fama la de los vándalos. El antiguo pueblo germano que se estableció en parajes de las actuales Galicia y Andalucía hacia el siglo quinto de la era cristiana, cobró reputación a causa de su brutalidad, de su violencia y de su espíritu destructor. Hasta hoy.

 

Los actos vandálicos resumen la esencia de aquel antiguo pueblo. La prensa se hace eco, de tarde en tarde, de las actuaciones incívicas de determinados grupos de muchachos encaminadas a hacer daño por el placer mismo de causarlo. No es la kale borroka porque la ideología es distinta. No obstante, sus métodos aniquiladores se asemejan bastante. Su campo de acción son las plazas urbanas. Rompen a placer, incendian a discreción y despedazan la tranquilidad de los vecinos. Una joya. Lo mismo en España que en Gran Bretaña. Allá donde crean que esto es Jauja.

 

El problema no es baladí. Descansa en una casuística bien concreta. Se puede explicar desde un punto de vista psicológico o sociológico. Ahora bien: cada vez que se quiere justificar esta ristra de atropellos a los derechos y libertades de los demás, se está abonando el terreno para que la cosecha de estos malhechores de baja estofa sea más abundante. Los actos señalan a sus autores. Vándalos, sí. Gamberros, también. Delincuentes, por supuesto. No me vale el discurso huero del progre y del pureta acerca de la desafección familiar, escolar y social de estos individuos. Yo los pondría en el vestíbulo de sus casas durante una semanita. Ni dos horas transcurrirían antes de implorar apoyos coercitivos. La policía en casa. Si les apuramos un poco, hasta los GEOS.

 

Urge tomar medidas. Cierta es la relación causa-efecto entre el paro, la pobreza, las desigualdades asumidas y la inseguridad ciudadana. Pese a ello, si no se pone pie en pared, qué ocurrirá en nuestro país si las legiones de desempleados quieren tomarse cumplida venganza y se dedican, durante las madrugadas, a romper farolas, quemar contenedores, echar ácido a los coches estacionados, a obstruir cerraduras y a cometer otras lindezas por el estilo. Lo fácil es echar la culpa a lo que en el presente no tiene solución por más que sirva de aviso para impedirlo en el futuro. Los sucesos de Tottenham reflejan una patología hasta ahora silente. Al mal, el remedio. Al problema, soluciones. Ya.

 

Erradicar la idea de impunidad debe ser el punto de partida de esta batalla por la convivencia colectiva. Algunos jueces Catalayud desempeñan en este punto un rol esencial. Firmeza y respeto conducen a situaciones de equilibrio y proporción. Dejadez, apatía e incuria comportan leña al fuego del abandono. Una legislación específica debe enfrentar este fenómeno que va desbordando sus cauces naturales. De acuerdo con que hay que concienciar a los jóvenes. Pero y quién calma a los que padecen los insultos, los tirones, las heridas, los arrastres y las ofensas de estos grupitos de desencantados que se complacen en proyectar a sus semejantes la inanidad de sus cortas vidas.


Estamos asistiendo, impávidos, resignados e incluso cabreados, a un espectáculo lamentable. La rendición del cuerpo social ante las invasiones de pueblos que nada tienen que perder y mucho que ganar, hace germinar nuevos brotes de apocalipsis. O la ciudadanía impele a sus instituciones a conservar lo que tanto costó construir, o los vándalos de hoy harán trizas la cultura occidental de manera análoga a lo que perpetraron los bárbaros de la antigüedad con el decadente imperio romano. El “limes” está más cerca de lo que se pueda pensar. El vandalismo indica un cambio de sistema. Si la civilización carece de instrumentos para preservar sus valores, la barbarie usucapirá el bien descuidado. Es un axioma. Luego que vengan los teóricos de la noche a explicarnos el movimiento rotación de la Tierra. En cuanto al de traslación, es que ni llegaron a esa lección cuando iban a la escuela.

 

En cuyo caso, vándalos los violentos, bárbaros los pasivos.

 

Un saludo.

CARBÓNICO

 

Palo al paro. Corona de laurel al empleo. Nunca en la historia democrática de Huelva, el problema de la falta de trabajo nos maltrató con tanta saña. Jamás. La creación de puestos laborales en nuestra ciudad genera ansiedad. Del mismo modo que la creciente destrucción de los mismos provoca una creciente angustia. En este contexto de desesperación por el presente laboral, social y económico, debemos ser especialmente cautos a la hora de opinar. Muy precavidos y muy sesudos.

 

En diversas ocasiones me he significado públicamente en el apoyo a los trabajadores del Polo Químico. No obstante, siempre me pregunté si acertaba en mi posición a tenor de las contraindicaciones que esta tesis arrostraba. El territorio urbano, que sí, que es urbano, que se extiende desde el muelle del Tinto hasta el monumento a Colón, es de una belleza admirable. Una auténtica legua de oro. Sin embargo, la naturaleza idílica de esta zona ha sido abducida por las fuerzas económicas de la potente, aunque perversa, industria química. En los años sesenta, los onubenses creyeron que las fábricas que enfrentaban nuestra hermosa ría eran un don de ésta. Como si el Nilo que fertiliza Egipto fueran esas horribles instalaciones fabriles. A fuer de dar las vueltas a la realidad, llegaron a vendernos la burra de que la ría se beneficiaba del progreso industrial y no de que este desarrollo malsano se cargaba la hermosura de este entrante de mar en nuestra costa. Eso ocurrió hace medio siglo.

 

A cambio de la mentira de décadas, se nos graciaba con empleos. Un pequeño maná que compensaba las escuálidas aspiraciones laborales de una ciudad tan desgraciada que terminó siendo víctima del síndrome de Estocolmo de su atonía mental. Qué buenos son los empresarios químicos que colocan a la gente de Huelva. Ilusos todos. Esa coartada continúa estrangulando en el segundo decenio del siglo veintiuno a una población que no acaba de desperezarse. Mientras surjan voces en defensa del Polo, la antigua Onuba no se despojará de su costra secular de servidumbre y de autoabandono.

 

En estos momentos, a la vista del paro que nos roba el alma, de la política indecente de la Junta de Despilfarradores, del entreguismo de los sindicatos y de la desconfianza general en los políticos, mi tesis sigue en pie. Por pocos que sean los trabajadores que permanecen, conserven ese pájaro en mano. El mañana de las espléndidas posibilidades de riqueza material que alberga la zona de nuestra ría deberá demorarse. Postergarse, sí. Renunciar a ello, no. Sería el suicidio definitivo de una población que ha de luchar contra sí misma para emular, en lo bueno, la capacidad emprendedora de nuestros vecinos de Sevilla y de Cádiz.

 

Ello no obstante, pateemos el suelo de la realidad que no nos gusta. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático viene alertando sobre el efecto invernadero que aumenta como consecuencia de la emisión ascendente de dióxido de carbono. El problema afecta sobremanera a nuestro medio. En este sentido, urge tomar medidas reductoras. Si hay que almacenar bajo tierra, hágase cuanto antes. Cueste lo que cueste porque en mucho tiempo no se hallarán fuentes de energía más limpias y eficientes. Como para permitir que el monstruo oleoso de Balboa atraviese sinuoso nuestra sierra, nuestra campiña y zambulla su cabeza en las aguas de la Punta del Sebo. Venga ya. A falta de pan, buenas son tortas. Lo que pasa es que de estas bofetadas crueles, los onubenses ya hemos recibido raciones de empacho. Alguna vez será llegada la hora de la calidad.

 

En cualquier caso, seguiremos en el furgón de cola. El almacenamiento de CO2 será el mal menor. La atmósfera seguirá sangrando con el carbónico que se lanza a sus cielos. Los pobladores de esta tierra culta aunque apenas se cultive, masticaremos el veneno ambiental. Y si no, penetrará a través de nuestras fosas nasales. Del mal no nos libra ni la caridad. Eso sí, IU nos prometerá el oro y el moro. Ja. La palabra de la coalición izquierdona vale lo mismo que el voto a Petronila Guerrero. Dinero. Poder. Influencia. Gases. Las limonadas, para los patrones. El ácido para los obreros. Lo de siempre. Este carbónico no es el de las gaseosas.

 

De disfrutar de un Gobierno valiente, entendido y capaz, el corto plazo señalaría la fecha de desmantelamiento del vertedero químico, la recolocación justa e inmediata de sus trabajadores y la puesta en marcha de un ambicioso plan de regeneración ambiental, económica, social y cultural de nuestra ciudad. Riquezas a granel. Así se justificaría la acción política. Demasiado pedir a Griñán y compañía.


 

Un saludo.

TALGO TALGO

Este año, el viaje de vacaciones, más corto. En tiempo y en recorrido. Incluso en fórmula de transporte. He prescindido del vehículo privado y, con él, de mi inveterada cota de rebeldía institucional. He confiado a RENFE la comodidad y la rapidez de unos cuantos de mis días de asueto. Hasta que no descubres la red ferroviaria española, no se percibe en plenitud los contrastes de este pueblo llamado España.

 

Me subí al Alvia a las ocho menos diez de la mañana. Confortable y espacioso. Sin embargo, setenta y cinco minutos para llegar a Sevilla. El coche de hierro iba tocándose las campanillas. Si tres cuartos de hora después de abandonar La Giralda, llegábamos a Córdoba, cómo se explica la velocidad de diligencia de la Western Union entre Huelva y la capital del Guadalquivir. A paso de tartana. Desde la ciudad de los califas hasta Madrid, la locomotora nos enseñaba sus doscientos cincuenta kilómetros por hora en varios de sus tramos. Es decir, se tarda mucho más desde la vieja Onuba hasta la vecina Sevilla que desde ésta a la más lejana Córdoba. Es un agravio, uno más, en toda regla. Y nos conformamos.

 

Mientras comulguemos con las ruedas de molino de la marginación institucional, el desarrollo de nuestra provincia estará marcado por el almidón que reviste de rigidez el cuello de camisa de los petimetres de modas pasadas. Ese almidón esclerotiza las ideas y roba flexibilidad a las iniciativas. Para qué el AVE si el TALGO sirve casi lo mismo. Las vías. El trazado. Se cambian a fondo y, en media hora, estamos en Sevilla. La frecuencia de la comunicación. En poco tiempo, el desplazamiento en tren relega al autobús y al transporte privado. El precio. Un TALGO más rápido, seguro, confortable y barato revolucionaría a la ciudad, a nuestra abandonada ciudad. A partir de aquí, hablemos en serio de desarrollo, progreso y prosperidad.

 

Mientras la red ferroviaria española se rompa en el suroeste, Huelva no pasará la reválida económica. Si nuestros gobernantes no reclaman, ya, un remedio urgente, mostrarían su ineptitud y nos estarían invitando a darles un zapatazo en sus mullidas posaderas. Su molicie y su desidia pervierten el derecho. Y no se puede consentir. Cuando no hay libertad, padece el Estado democrático. Si lo que se añora es la igualdad, entonces el Estado social es pura filfa. La celebérrima frase de Cánovas, “la política, arte de lo posible”, se redacta en Huelva como misterio de lo improbable. No nos comunicamos con Cádiz, ni con la Sierra, ni con Sevilla, ni con Portugal. Más solos que la una. En este desamparo, el milagro del progreso queda en manos de la divinidad. La postración de nuestra sociedad no está en manos de Dios, sino de los políticos. Y éstos, desgraciadamente, se compran y se venden. No hay cariño verdadero. Su amor al pueblo dura una campaña electoral.

 

Venga ya. Arreglen la maldita red. Déjense de avecillas y de pajaritos. Saquemos a Huelva de su adormecimiento histórico.

 

Un saludo

DE ATOCHA VENGO

 

 Equivocarse y no rectificar. De sabios es enmendarla. Dícese que de humildes es corregir. Del valor de la ética y de la cualidad de la inteligencia, están ayunos los políticos. Su orfandad ética e intelectual halla uno de sus máximos exponentes en las leyes que ellos redactan y que, a la luz de sus defectos o de sus carencias, no revocan. Clama al cielo. La angustia del pasado se recrudece en el presente y su amenaza se abre hueco en el futuro.



El aliento independentista es demasiado fuerte para que el Gobierno, débil hasta la náusea, se enfrente con valentía a esta lacra que no busca sino la ruptura de la unidad de España. Por más que esté escrito en la Carta Magna que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado, Bildu se ríe, se burla y se mofa de Zapatero. Ni éste ni Rubalcaba ni el mismísimo Rajoy, en su caso, van a tener narices de aplicar esa Constitución que juraron o prometieron cumplir. Ni País Vasco ni Cataluña van a ceder un centímetro de lo birlado a España. Al menos, por las buenas. Por más que se requiera a los presidentes de ambas Autonomías. La autodeterminación se encuentra tan cerca que casi la disfrutan. Se ve desde Atocha y desde Santa Justa.



La monarquía parlamentaria se apellida juancarlista. Es el culto a la personalidad. Enorme error el de la sinécdoque regia. Se minimiza, una vez más, al pueblo. Qué más dan Austrias que Borbones si los ciudadanos quedamos relegados a la condición de aquel Sebastián de Morra que inmortalizara Velázquez. Monárquicos o republicanos, pero con la vitola egregia de demócratas. Una cosa es que la sociedad esté en crisis y otra, la crisis de la sociedad.



Penden carteles por todo Madrid anunciando la visita del Papa. La prensa capitalina que cobra del Gobierno ya calienta las críticas. Los indignados sin dignidad se suman al abucheo planificado. La libertad religiosa queda para los papeles. Aunque algunos no disimulan su afección al republicanismo, muchos se la tienen jurada al suegro de doña Letizia. Jáuregui, ministro de la NO presidencia de ZP amenaza al Santo Padre católico. Ojo con atacar la ley del aborto.


Las romerías del 15-M de primeros de agosto de dos mil once nos parecerán inocentadas dentro de muy poco. Se va a armar un cisco de mil pares de demonios. El grupito de un par de miles que el pasado viernes volvió a tomar la Puerta del Sol salpimenta un plato gigantesco. Interesa al Ejecutivo cualquier cosa con tal de distraernos del aburrimiento del paro, de la deuda y de los despidos laborales. Hasta que empiece la liga de fútbol, la gran adormidera.



Desde Atocha, las cosas se ven distintas. Lo de Sol es algo más que un lema o una consigna. Sol quema. De cerca, mucho más. Vamos a ponernos crema. Cuanto antes.



Un saludo.

GÓMEZ EN LAS BERMUDAS

 

Hijo de Bermudo. Como de Rodrigo o de Jimeno. El sufijo ez significa hijo de. Nada más que eso. Y nada menos. Un hijo de Bermudo ejerce de juez. Eso parece.

 

Conocí personalmente a Javier, hijo de Gome y de Bermudo, en una charla que se celebró, años atrás, en el auditorio principal de la Casa Colón de Huelva. Era uno de los conferenciantes estrella que José Antonio Gómez Marín presentaba todos los viernes para regocijo de muchos onubenses que acudíamos encantados a escuchar a gente importante de los Madriles. Organizaba el acto, de elevada categoría cultural y política, el Mundo Huelva Noticias, que dirigía de forma extraordinaria ese gran periodista que es Rafael Pérez Unquiles.

 

Tocaba el turno a Gómez. En aquellos momentos, el magistrado que dictó la sentencia del 11-m andaba en trifulcas profesionales. Gente cercana al Psoe procuraba, por todos los medios, que este juez no presidiera la sala de lo penal de la Audiencia Nacional. Pedrojota se puso de su lado y articuló fórmulas para que triunfara la independencia. O dicho de otra forma: el segundo periódico más difundido de España se posicionó en favor de las tesis de Bermúdez. Se apostó por la capacidad de este hombre joven, de aspecto a lo Yul Brynner, que ofrecía aliento a la desmadejada ciudadanía que suspiraba por el esclarecimiento del atentado criminal de Atocha.

 

No pudo ser. La consolidación del puesto hizo sonar la alerta. Se le había dado la vuelta a su pensamiento como a un calcetín. Lo de caminito de Jerez se quedó en peregrinación al Rocío de Ferraz. De la gloria del héroe a la fama del convenido. Poca chicha. Menos limoná. Puro escaparate. De adelante hacia atrás sin freno.

 

La última ha sido reciente. Don Javier ha tomado parte en el escándalo del faisán. No conforme con la resolución de Ruz, Gómez quiere elevar al Pleno el escándalo del chivatazo a ETA. Prejuzga un empate en los votos de los jueces -dónde queda la objetividad de la ley y qué lejos la calidad de los juzgadores- y, por si acaso la cosa deriva en condena de los policías amigos de Rubalcaba, se cura en salud. A pleno. El caso, a manos de catorce, que veintiocho ojos ven más que seis.

 

Maliciosos hay que sostienen que Bermúdez teme lo peor. Que la condena de los Ballesteros, Hidalgo y Pamies, tiene visos de realidad. Demasiado para el body. Imposible para la cuarta y la sexta. Demoledor para Cebrián. Insoportable para la vieja guardia felipesca. Puntilla para los estertores postreros de la esperanza rubalcabiana. Que no, que no. Ese riesgo deja en mantillas al que califican Moody´s o Ficht.

 

Es posible que Gómez, Javier, ande desorientado. Por aquello del triángulo de las Bermudas. Ya se sabe la leyenda que rodea a este área atlántica. Lo mismo el hombre necesita una brújula más moderna y una moral más recia. Por si acaso, propongo un brindis. Por la justicia que nunca se logró en la masacre de Atocha. Por la garantía de imparcialidad de los tribunales. Por la necesaria independencia del poder judicial. Por la defensa de los valores.

 

En suma, por don Javier. El hijo de Gome y de Bermudo. A ver si consigue, al fin, recuperar el rumbo. Si alguna vez lo tuvo.

 

Un saludo.

CONTRA LOS CRISTIANOS

 

 Qué tendrán en la cabeza quienes persiguen al cristianismo. Qué les pasa. ¿Es odio a una confesión, inquina a una Iglesia o ausencia de virtud? Desde mi reconocido descreimiento, me pregunto y no hallo respuesta. No es cosa de ideología, pues la doctrina de Cristo es seguida por personas allende su militancia política. Tampoco es caso de fundamentación teológica, ya que los dioclecianos de hoy no confinan en catacumbas a los seguidores de Jesús. Qué ocurre entonces cuando en un Estado aconfesional se ataca de manera tan injustificada los símbolos e iconos de esta religión.

 

En Mérida, a falta de creatividad, la puesta en escena de la Antígona de Sófocles recurre al tópico de la Guerra Civil española. Difuminada la causa de la tragedia griega, se pretende despertar el interés del público a partir de hechos pretéritos pero dolorosos, buscando abrir las llagas de un conflicto que debiera estar cicatrizado. Cuando los artistas se refugian en el escándalo fácil y en la ofensa burda, mal andan de genio. La exposición de una fotografía en la que un actor aparece desnudo, caracterizado de hijo de José y de María, constituye un claro ejemplo de cuanto digo. Si la comprensión y respeto al artista ha de pasar por el desprecio y por la vulneración de las sensibilidades religiosas del pueblo, apaga y vámonos.

 

La delegada en Extremadura del (mal)Gobierno del Psoe pide respeto y tolerancia de los cristianos hacia los artistas. A los cristianos. A los manipuladores chabacanos de los clásicos griegos, no. Están por encima del bien y del mal. Y digo yo: qué obsesión embarga a estos directores teatrales y nefastos adaptadores de guiones para escapar del texto y zaherir a los creyentes. ¿No será que sus ofensas verbales y gráficas a los cristianos se enmarcan en la propia prédica de no violencia de sus principios y de su fe? ¿Se atreverían estos cobardes a escenificar la figura desnuda de Mahoma?

 

La cosa es epatar, asombrar. Sin duda, lo consiguen. Jamás serán admirados, sin embargo, por su talento innovador o revolucionario. Es más: su popularidad se impone sobre su fama en tanto los medios recogen lo accesorio como noticiable mientras reducen a la nada el principal argumentario de la obra literaria. Se conforman con meter ruido una vez constatan que las ovaciones son imposibles. Reaccionan frente al progreso. Retroceden ante la fuerza del clásico entendido como modelo y arquetipo. Como carecen de ideas, rompen crismas y se dedican a herir creencias.

 

Contra los cristianos. Únicamente contra los seguidores de esa figura que unos consideran divina y que servidor no alcanza sino a denominar singularmente histórica. Se comportan como las fieras de la selva. Atacan a los más indefensos. Se arredran ante los poderosos o los que tienen sed de venganza. No son tigres o leones. Simples hienas, buitres carroñeros. En su torpeza, ignoran que en el mundo de la justicia, incluso los que no participamos de los dones de la fe, nos ponemos de lado de los perseguidos, de los más necesitados, de los que sufren acoso injusto. La estupidez mental y moral de estos timoratos del demonio sirve para que los creyentes consoliden sus convicciones y certidumbres.

 

Así, si su acción ambicionaba otros objetivos, aparte de sacarle la pasta gansa al psoecialismo que mandaba, hasta ayer, en Extremadura, se van a tener que ir con el rabo entre las patas. O a rabear por ahí. Como los animalitos que menean su apéndice rectal hacia una parte y otra. Buscando un consuelo, una caricia, una dádiva, una subvención. Porque si no la consiguen, muerden.

 

Un saludo.