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Francisco Velasco. Abogado e historiador

DE RECESIÓN, DOS TAZAS

 

 Que si no quieres arroz, Catalina. Maquiavelo, el defensor de la idea de la razón superior del Estado, ha tenido legión de seguidores. El diplomático renacentista florentino retrató, como pocos, el alma de los políticos. De su tiempo, de los pretéritos y de los venideros. Refería el autor de "El príncipe" que la naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en tiempos de prosperidad y humildes cuando la corriente les es adversa. Ni Velázquez pintó con tanta finura al Borbón.

 Zapatero ha podido leer a Maquiavelo. Sin embargo, no ha aprendido lo que es ser estadista. Cegado por la soberbia de su espíritu y envilecido por la prepotencia de su poder, el presidente convulso sigue cayendo en el pozo de su ceguera política. Actúa como el niño mimoso y mimado que rechaza airado las indicaciones constructivas de sus padres y de sus profesores. Reedita Zapatero la etopeya del rey sol. Su Fouquet no fue Solbes. Ni lo es Salgado. Él mismo es rey de su Gobierno y ministro de hacienda de su delirante reino. Un cromo, vaya.

 Una vez más ha vuelto a anunciar la inminente salida de la recesión. Y van. El presidente del Gobierno de España quiere rescatar a Grecia. Él, que precisa ser liberado de su propia prisión mental, quiere recobrar, para Europa, al vecino heleno. Él, que se proclama campeón de la masa de desempleados españoles, adoctrina sobre cómo crear empleo. Él, cautivo de los independentistas catalanes y vascos, imparte lecciones de unidad nacional. Él, adalid del desplome económico e impulsor del bombazo inmobiliario, se ofrece como salvavidas bursátil europeo. Él, orate laico, reza en cristiano y fustiga en musulmán. Él, soberbio e ingrato, ofende la inteligencia de los españoles que le votaron e insulta la razón de los que no lo hicieron. Él.

 Crédito cero. Confianza nula. ¿Quién presta un euro a Zapatero a sabiendas de que no lo va a devolver? Está hinchado de vanidad y vacío de sensatez. Puede parecer grande pero no está sano. Los contrafuertes del pesebre mediatico no bastan. Ni los arbotantes de la tropa partidaria. El amianto del edificio genera un cáncer que se extiende por la ciudad. Metástasis. Hay que abrir. Abrir y limpiar. A fondo. Y quemar. Abrir, limpiar y quemar. Ese cáncer es la soberbia irredenta  y la corrupción que con ella forma simbiosis.

 La solución pasa por conocer la recesión, analizar sus causas y , acto seguido, contundente mano quirúrgica. Zapatero cree suficiente una o dos aspirinas. Aplicaré el proverbio hindú: ¿qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?

 Un saludo.

 

 

CONVULSIÓN EN EL PSOE

 

 La caída del imperio psoecialista es cuestión de días. Aunque la frase de Aznar es demoledora, sólo la suscribo en parte. Estoy de acuerdo con que nadie hizo tanto daño a España como Zapatero. En lo que discrepo es en la segunda parte: en tan poco tiempo. Seis años de desgobierno de un país constituye una eternidad, una cadena perpetua sin revisión de condena. Mucho daño y mucho tiempo. Tanto desprestigio y tanta ruina. Cantidad de terrorismo y cantidad de corrupción. Paro enorme y crisis bestial. Todo ello en un sexenio antidemocrático y contra-revolucionario, pleno de errores, ignorancias, empecinamientos y talantes desprovistos de sentido común. Un daño excesivo en un tiempo interminable. Interminable, pues el "terror" a lo Robespierre no ha llegado, aún, a su fin.

 Se tiran de los pelos. La guardia de corps expele malos olores de odio y vomita culebras de ofensas. Blanco firma decretazos como Franco condenas de muerte. Leire Pajín se llena los bolsillos mientras millones de desempleados se arraciman en las colas del INEM. A un Solbes ineficaz sucede una ministra que a todo dice sí, bwana. La señora Aído, ministra, es, per se, una calamidad y una catástrofe juntas. Chacón juega a generala y toca a rendición antes de la lucha. Chaves hace como si lo de MATSA fuera agua de colonia en vez de aguas teñidas con diez millones de euros. De la Vega, empadronada en Beneixidá por su santa voluntad, viaja y viste, viste y viaja. Alucinan en colores. Alianza de alucinados. No se bajan del burro. Erre que erre. La culpa, del PP. A ver, voceros de la ultraizquierda, que bien os lleváis la pasta, a ver, digo, si propagáis la conspiración urdida por Rajoy y el Financial Times, reclama la portavoz del (des)Gobierno. No hay manera. El mercado se ha saturado de mentiras, engaños y tropelías.

 Las Autonomías, a la caza de trenes independentistas, se envalentonan al abrigo de un presidente absentista de la nación española. Los casos de corrupción económica se multiplican al socaire de la ruina moral que se ha adueñado del país. Sanidad y educación pugnan en retrocesos cívicos a la vista del fracaso general de los resultados. El Ministerio de Justicia, a los pies del Fiscal General del Estado y éste, mudo, se parapeta no sea que el morlaco de Baltasar Garzón le cornee en un descuido. La vivienda ni se vende ni se abarata lo que debe. La Bolsa, entubada, apenas late. La deuda del Estado como un globo, dos globos, tres globos, a punto de explotar.

 En tanto los problemas se acumulan, las soluciones se quedan en el estrato de la promesa vacía. Brotes verdes de la esperanza ficticia sucumben ante los rebrotes rojos de la sangre del paro. La culpa, del mundo, rugen los milicianos ministros que se aterrorizan por que la poltrona de poder se les escapa del mullido trasero. Ojos iracundos, labios contraídos, puños encrespados. Convulsión. El PSOE no quiere que nadie le expropie el tesoro, su tesoro. Mi tesoro, mi tesoro, mi tesoro, repiten, los ojos extraviados, mirando el infinito. Mi tesoro. E.T.

 Un saludo

 

MIEDO A VOLAR


 El decretazo del ministro Blanco recuerda la patada en la puerta de su compañero Corcuera. Tal para cual. Pasa el tiempo, pero los hábitos antidemocráticos marcan a fuego a algunos dirigentes del PSOE. Son señales indelebles de un sectarismo inserto en los genes políticos.

 El problema de los controladores aéreos no está, ni de lejos, solucionado. Si acaso, aparcado. No me refiero a los múltiples coletazos que propinará el cetáceo acorralado. No. Lo que apunto es a la seguridad aérea que proporcionará al viajero una posición tan encontrada como la que se refleja. La pregunta no es: ¿se estima que en Semana Santa puede haber huelga? Con ser importante el tema, no deja de ser coyuntural, puntual, estacional. La cuestión es de mayor calado. Se aposenta en la estructura. ¿Se añade un plus de peligrosidad a los vuelos?

 Me explicaré a fin de no provocar alarma. Mao, el histórico líder de la revolución comunista china, creyó que la laboriosidad de su numeroso pueblo bastaba para acometer las grandes empresas económicas que precisaba el país. Convocó, pues, a millones de compatriotas a un trabajo extenuante que propiciara el desarrollo económico de su pueblo. Se equivocó. No es suficiente el querer. No triunfa, siquiera, el que puede. Es imprescindible el saber. Si falla éste, el derrumbe es total. Se manifiesta, una vez más, la tragedia de las buenas intenciones. El gran salto adelante de los chinos se tradujo en un batacazo de mil pares. No es posible el desarrollo  económico, cultural, educativo, etc. sin técnicos, sin expertos, sin científicos, sin peritos. Un albañil al uso podrá construir una casa pero nunca se responsabilizará de las torres Petronas. El tema, de tan obvio, es un axioma.

 Pepe Blanco es de los que piensan que si él, que carece de estudios universitarios, ha llegado a ministro, es debido a su valía intelectual. Yerra. Blanco se equivoca como los pigmeos Mao que en el mundo son. Blanco podrá ordenar y mandar en virtud de su poder legal. Sin embargo, como carece de autoridad, nunca podrá dar ejemplo. Que los controladores aéreos se arriscan, mazazo en salva sea la parte. Liberalizo la función y asunto terminado. Que no, Blanco, que no. Que los controladores, como los pilotos, los ingenieros o los profesores no se nombran a dedo como se hace con los ministros. Que no. Que la cosa es mucho más seria. Que los controladores son personas muy preparadas y su misión es clave en el incesante tráfico aeroportuario. Que se le meta en la cabeza, ministro. Que se deje de grandes saltos adelante, no sea que tengamos una desgracia de la que nos condolamos todos para muchos años, Nosotros nos condoleremos, pero usted se iba a enterar.

 Los pasajeros de aviones ya tenemos suficiente con el miedo a volar. No agregue usted otros componentes a ese miedo. Miedo a despegar y a aterrizar. Mas no porque se dude de la pericia del piloto o de la calidad del avión. No. Miedo a causa de que los controladores aéreos sustitutos no sepan hacer su labor con la aseidad de los sustituidos. Miedo a que los controladores de ciertos aeropuertos sean suplidos por aparatitos tecnológicos que, en modo alguno, son de todo fiar.

 Lo dicho. Uno está harto de aficionados. Pero de dictadores de porra, hasta la coronilla, oigan. Hasta la coronilla. Les aseguro que ni siquiera conozco de vista a controlador aéreo alguno. A controladores inquisidores y censores, a muchos. Blanco, por ejemplo.

 Un saludo.

 

PRENSA DE ULTRAIZQUIERDA

 

   
 Cierta prensa. Se autoloa como progresista. Pura mentira. Está al servicio del Gobierno psoecialista. Oigan, sí, al servicio. Así, cuando en éste no hay ideas, descalifica las del adversario. Cuando les falla el  líder, asalta la dignidad del otro. Cuando la gestión gubernamental fracasa, arroja bombas fétidas contra el ejecutivo opositor que avanza. Cuando la izquierda toma el poder, rinde culto al jefe en la confianza de recibir las monedas que premian sus bufonadas escritas u orales. Cuando el señor feudal busca, y paga, a un payaso más dependiente y servil, se siente preterida y amenaza con los infiernos de la venganza más caliente. Cuando suenan tambores y cornetas que anuncian el desembarco de la derecha, esta prensa vasallática se apresta a cargar las pistolas del odio. Es el sino del mercenario. Da igual que esgrima florete, empuñe daga o del procesador de texto haga apédice manual. Da igual. Lo que importa es atacar sin tregua, hasta hundir, al contrincante. Que ya no es un simple adversario. Que en enemigo se convierte.

 Al enemigo, ni agua, gritaba desaforado cierto argentino antrenador de fútbol. Ni agua, recriminaba, bravo, al jugador que se compadeciera de la sed del compañero del equipo contrario. He ahí la táctica del vencedor. La izquierda en el poder, la prensa acólita denomina "derecha" al partido de la Oposición. A medida que las encuestas otorgan al Rajoy de turno posibilidades de conquista, ya deja el sustantivo derecha y se decanta por el despectivo, y peyorativo, "derechona". Sin embargo, si los sondeos aprietan hasta cercar la torre gubernamental, entonces ni derecha ni derechona son términos propios para golpear debidamente a los sitiadores. En ese instante, utiliza el concepto "fascista" y comienza, frenética, a sembrar dudas entre los posibles votantes. Mas, si llegado el momento, los defensores a ultranza de la fortaleza que cobija sus tesoros, ven todo perdido, afilan la garra dialéctica y sueltan su famoso grito de "ultraderechas". ¡Que viene la ultraderecha!

 De la derecha de la Oposición pasan, a pasitos cortos  y picados pero endiabladamente seguros, a la ultraderecha del posible nuevo Gobierno. Los actores de la pluma y del noticiario audiovisual, dizque demócratas, lo hicieron con Adolfo Suárez, se ensañaron con José María Aznar y se disponen a repetir hazaña con el futurible inquilino de La Moncloa. La estrategia, cien veces empleada, no deja de dar sus frutos. Si no logran derrotar a los que les privarán, parcialmente, de su pesebre, tratarán por todos los medios de advertirles que, de hacerse con el poder de las urnas, tendrán que contar con la vileza envenenada de sus lenguas de víboras. Sólo si la ofendida "ultraderecha" cede al chantaje, volverá a ser llamada derecha. Simplemente María. Ah, la prensa.

 ¿Y quién es, articulista, esa facción tan poderosa capaz de dominar al Partido Popular? Fácil respuesta: el cuarto poder. La prensa. La prensa mercenaria. La prensa que recibe dádivas en forma de subvenciones y prebendas. La prensa que subordina el derecho a la información veraz a la capacidad de llenarse los bolsillos a cambio de la información más tendenciosa. Pero, ¿es posible que haya, en nuestros días, medios  que actúen de esta manera tan vergonzante? Por favor, los hay a docenas. Por un puñado de euros, mienten. Por dos montones, apuñalan. Por más, son capaces de matar. Yo, por dinero,  ma-to, MA-TO. ¿Comprenden? Pues eso. Lean la prensa local o nacional. Reflexionen a continuación, sobre lo leído. Juzguen, pero no condenen. Basta con que  analicen y, posteriormente, voten en conciencia. Descubrirán que la ultraderecha no es tal. Que es la derecha vencedora en buena lid. En buena lid. Sin atentados del 11-M ni nada parecido.

Si el artículo se titula “ultraizquierda”, ¿por qué insiste en lo de ultraderecha? Porque es la ultraizquierda la que descalifica, sin fundamento, a la derecha que está o que viene, a fin de deslegitimar lo que la ciudadanía le ha concedido: su voto. El sufragio limpio. Por eso, pertenecen, ellos, sí, a la ultraizquierda. A la ultraizquierda cavernaria que sólo ve sombra en el Partido Popular y luces en el de Zapatero. Luces remuneradas, eso sí. Y muy bien. Con la pólvora del rey. Con el dinero del pueblo.


 Un saludo.

 

 

EL BARÇA ES DE ESPAÑA

 

 Algunos trepas catalanistas, que se alinean en la derecha o en la izquierda, da igual que da lo mismo, se arropan en símbolos para esconder su nadería, su escasa entidad personal. En Cataluña, el principal monumento de catalanidad es la lengua. En Barcelona lo es, sin embargo, el Barça. El Fútbol Club Barcelona. La cosmopolita Barcelona, orgullo de la burguesía má avanzada, se deja conquistar por la fuerza de un club de fútbol. Más que un club, perdone, mucho más que un club.

 Sempre he cregut que lo més valios de qualsevol cultura es el seu idioma, me dice Joan. Y yo, replico de volea. La lengua es la base cultural de un pueblo. La base. Los catalanes tienen gran suerte. Como los valencianos, los vascos o los gallegos. Asientan su cultura sobre dos bases lingüísticas. El catalán y el castellano son dos caudalosos ríos que enriquecen la humanidad y la humanística de un pueblo. Qué suerte.

 Un servidor, que es andaluz y que se enorgullece de su cuna, bebe, sin embargo, sólo de las aguas del Amazonas castellano. No obstante, aspira a bucear en las otras riveras que riegan España. A veces, confundimos los términos, los conceptos, las expresiones, y los prejuicios nos hacen cortos de entendederas. Para este articulista, tan español es el castellano como el catalán. Los británicos sólo tienen una lengua. Y los poderosos alemanes, otra. Nosotros, varias. Rica cultura en un culto pueblo.

 Y si el catalán es una lengua de España, el Barça es un club español. Tan español como el andaluz Betis o el valenciano Hércules. Uno reivindica la riqueza y la variedad de España, se jacta de la potencialidad comunicativa del castellano y se muestra todo lo arrogante que se puede al defender el patrimonio cultural de nuestro país.

 Oiga, me dicen, que el artículo 3 de la Constitución nos anuncia que el castellano es la lengua oficial del Estado. Perfecto, le respondo con prontitud. Lo es el castellano. Y si desde un punto de vista político o jurídico, convenimos en denominar español a la lengua oficial de España, pues muy bien. Pero desde la perspectiva de la lingüística, hablamos castellano. Españolas son, por supuesto, todas las lenguas que hacen diversa y plural a nuestro tierra, a nuestra nación y a nuestro Estado.

 Si yo fuera catalán, me agraviaría escuchar que se confunde el español con el castellano. Se discriminaría al catalán o al vascuence o al gallego, por tener un ámbito de difusión más reducido. Los ríos, como las lenguas, no por tener menos longitud dejan de ser más caudalosos ni más rápidos. La España de los mayorazgos dejó de ser hace tiempo. En las herencias, las hijuelas prevalecen. Hijos, todos por igual. Catalán español como el mismísimo bable. Venga riqueza lingüística, ya que la económica nos da la espalda.

 Y el Barça, de Barcelona, nada. De Laporta, menos. De los Montilla, Carod, Mas y otros Millet, res de res. El Barça, de mi hijo, de los barcelonistas de Aracena y de Ferrol, de Almagro y de Alcaudete. Barça de España. Visca el Barça. Visca Espanya. Vivan. Lenguas que unen y nos dan vida. Joyas. Tesoros. Rica España. Y varia. Y diversa. Qué suerte.

 Un saludo.

 

 

ALIANZA DE BLANQUEADORES: EL ZAPATERAZO


 Un servidor es demócrata desde 1978, cuando el pueblo aprobó la Constitución. Antes, me sentía demócrata, pero serlo era imposible. En una dictadura no se puede ser demócrata. Sentirlo ya era cosa grave. Si expresabas tu sentimiento, estabas perdido. Nadie te quería. -Rojo, comunista, te insultaban. La gente huía de ti como un apestado. Vestías pana y, quasi barbilampiño, dejabas crecer la barba y la cabellera. Te distinguías en el fondo y remarcabas la forma. Tiempos de Franco. Años de dictadura. Décadas de necesidades. Vida sin libertad.

 El “ordeno y mando” no era expresión exclusiva del dictador que murió en la cama. Que va. El ordeno y mando era el latiguillo del padre, del maestro, del jefe de centuria, del comisario, del gobernador. Ordeno y mando. Cuanto menor el rango público, más represor el dictado del ordeno y mando. La dictadura es un mar de aguas sucias. La ciudadanía que surca a nado esas aguas, no puede sino tragarla de una vez o beberla a buches. De una manera u otra, nos bautizamos civilmente y matrimoniamos en lo político en ese oscuro piélago. No cabía la posibilidad de atravesarlo en barco. En la dictadura no navega buque republicano o monárquico alguno. Sólo las galeras tienen licencia.

 La Constitución logró el milagro de que los demócratas de sentimiento alcánzaramos la gloria de gritar a los cuatro vientos la bienvenida al ser. Gran trecho ese del sentir al ser. Al ser demócrata. Del platonismo democrático a la consumación democrática. De ese armario salieron, en rebaños informes, otros que se proclamaron demócratas cuando ayer bebían del licor de la dictadura. Los neoconversos dejaron la gomina de los viejos tiempos para vestir a la usanza de los combatientes de la izquierda antifascista. Los marranos que se cambiaron de chaqueta en milésimas de segundo, buscaron con igual prontitud el poder. El poder es el mismo con Franco que sin él. El poder carece de ideología y de escrúpulos. Por el poder, se miente, se acosa, se ofende y se mata.

 Los delitos de la dictadura se siguieron cometiendo. Eso sí, con sutileza, con talante, con disimulo, con taimada astucia. De pronto, afloraron los Zapatero, los Blanco, los Bermejo, los Bono, que en España fueron, y son, apostataron del origen franquista de sus padres y parientes, y abrazaron la democracia como el que se aferra al tesoro que les facilitará su vida. De esta manera, ocultaban en la forma la dictadura que bebieron a granel. O eso creían, que no se les notaban las reminiscencias de antaño. Se equivocaron. Se coge antes a un mentiroso que a un cojo.

 Ejemplos de este cinismo impenitente, los que quieran. Les citaré dos como más ilustrativos. El primero, RUMASA. La gracia costó a los españoles un ojo de la cara y el otro está a punto de perderse. El dictador que promulgó el decretazo anti Ruiz Mateos fue don Felipe González. El segundo, ocupa titulares de prensa en estos días. El decretazo anti controladores aéreos. El dictador que se lo sacó de salva sea la parte, el señor Zapatero. Lo que pueda costar a España esta acción va a ser un pico. Un pedazo de pico. Si no, al tiempo. Es el pico, y la pala que, como resultado de la acción de regreso, este articulista entregaría al señor Blanco y a la señora De la Vega, para que penaran, en amor y compaña, el pecado de lesa arbitrariedad que acaban de cometer.

 Decretazo que te crió. Después vendrán el pensionazo, el congelazo salarial, el bombazo etarra, el golazo a los impuestos y el subsidiazo. A los que no obedezcan, el paredón. Salieron del armario vestidos de bailarinas democráticas. Sin embargo, bajo los tutús se les veía el armatoste de pegar, la porra de sacudir, la barra de torturar. No se puede engañar a tanta gente tanto tiempo. Les supura la mala leche.

 Un saludo.

 

RIESGO PAÍS, PAÍS EN RIESGO

 

 Íntimamente ligadas las expresiones, sí, pero distintas. Los economistas han acuñado el concepto "riesgo país" y lo han definido con gran propiedad: el que entraña un país para los inversores extranjeros. O lo que es lo mismo: cada día que desgobierna Zapatero, la inversión foránea huye despavorida. Cosa lógica. Ningún empresario invierte por amor al arte. Quiere beneficios. Un descenso de las ganancias previstas les pone de los nervios.

 España ocupa un alto lugar en el índice riesgo país. ¿Por qué? Porque la deuda pública desmesurada que está emitiendo el señor Zapatero ha conducido a España a un riesgo casi inasumible. Me explicaré. Si la deuda española se ha incrementado de manera desorbitada, ¿cómo vamos a pagar a nuestros acreedores? Si seguimos emitiendo deuda y determinados países nos la compra, van a elevar el interés que exijan por dicho préstamo. Si por cada mil euros de deuda, el índice nos situaba en un interés del siete por ciento, cuanto menos confianza inspiremos a los prestamistas, mayor interés nos exigirán en el futuro. De esta forma, si por cada mil euros, abonábamos mil setenta, a partir de ahora, pagaremos mil ochenta, mil noventa y más y más.

 En el marco de una economía saneada, con una tasa de desempleo en torno al ocho o el diez por ciento, el Estado se puede permitir el lujo de emitir puntualmente más deuda. Pero en España, cercano el paro al 20% de la población activa, disparados como cohetes los subsidios de desempleo, clausuradas miles de empresas, en polvorosa los pies de los inversores internos y foráneos, derrumbado el sector inmobiliario, inflada la Administración Pública, desterrada la política de innovación, fracasado el sistema educativo, cautivos los sindicatos, y rota la confianza en el equipo gubernamental, en España, digo, la calificación de riesgo país se va a las nubes. Así, éramos pocos y parió la abuela.

 Las pasarelas por donde transitan las economías real y financiera, no tienen por qué ser paralelas. Sus caminos pueden seguir una relativa divergencia. Relativa, mas no absoluta. Relativa, pero no opuesta. La plausible convergencia, ligeramente desviada, ha desembocado en una divergencia escandalosa. Cuando esto ocurre, el sistema tiene los cimientos de barro y por mucho cuidado que pongas, el tortazo no lo evita nadie.

 Este articulista no quiere culpar al presidente Zapatero del desbarajuste del sistema. No. Sería mentira y, por tanto, injusto. No obstante, sí responsabiliza a este señor de la escoliosis de esa columna vertebral de la sociedad española. Sí le imputa el engaño continuado, pertinaz, intencionado y electoralista de vender como pura sangre lo que era uno de los caballitos famélicos de Juan Guerra. Sí le imputa su malsana soberbia política de querer ser Aznar a pesar de carecer de los atributos de su predecesor. Sí le acusa de convertir el Estado en un cortijo verbenero donde reina el jolgorio, imperan los caciques, mangonean los oligarcas, padecen los jornaleros, sufren los parados y se satisfacen los corruptos.

 El riesgo país, señor Zapatero, nos lleva a un país en riesgo de quiebra. Y mientras, usted, tonteando en la tierra de la NBA. Por mí, como si quiere quedarse. Favor el que nos haría a los españoles. El problema es que sus seguidores, o secuaces según qué casos, van a seguir vendiéndonos la vespa como una Harley Davidson. Donde irás, buey, que no ares, decía un amigo. Dónde.

 Un saludo.

 

 

CONGREGACIÓN ZAPATERIANA

 

  Una de las acepciones del verbo rezar es decir por escrito una cosa. No es aplicable este significado al rezo que, es de suponer, practicará el señor Zapatero en Estados Unidos. Más bien, debe referirse a la idea de dirigir alabanzas o peticiones en señal de culto. Culto entendido ya como homenaje que se tributa a Dios, a la Virgen o a los santos, ya como devoción que se siente hacia alguien o algo. Rezar con Obama, sí. Por las víctimas de ETA, no. Por el soldado asesinado en Afganistán, menos. Con Obama, sí reza. Con grandes empresarios, también. Con la soldadesca, va a ser que otro día.

 Zapatero, el todavía presidente, se ha publicitado como acérrimo adalid del Estado laico, es decir, de un estado independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Lo cual me parece, en principio, bien. Sin embargo, nuestra Constitución no habla de Estado laico. Sí afirma que ninguna confesión tendrá carácter estatal, lo que se deriva del respeto al derecho fundamental de libertad religiosa. Libertad religiosa. Libertad. La confusión de mosén Zapatero entre lo laico y lo confesional hace que uno albergue dudas sobre la capacidad comprensiva e intelectual del secretario del PSOE y/o sobre la tragedia de sus buenas/malas intenciones. ¿Que por qué? Sus ataques a la Iglesia católica han sido reiterados, constantes y contumaces a lo largo de sus seis años de desgobierno. ¿O no? La defensa del aborto como un derecho, en vez de como una facultad contemplable, revela su catadura moral y su voluntad de afrenta a las más esenciales ideas cristianas. ¿O sí? Tantos ejemplos...

 La presencia del presidente del Gobierno español en el tradicional acto religioso al que ha sido invitado por Obama es, sin duda, polémico. No sé si hablará de Dios. De la religión como sistema de creencias sagradas. De la Iglesia como Asamblea de fieles. No lo sé. Mas me aventuraré a pronosticar el contenido de su discurso basándome en la sensiblería del personaje que atribuye al viento la propiedad de la tierra.

 El poco ilustrado Zapatero, que dice haber releído en Navidad a Keynes, aludirá a la filantropía como su religión civil. El amor a la humanidad. A toda ella, sin distinción de ideas, razas o convicciones. Filántropo Zapatero. Tan filántropo, que legisla cuándo y cómo pueden morir los nascituri. Tanto ama a la humanidad, que rechaza la presencia de crucifijos (símbolo del amor al prójimo) en espacios públicos. Su amor a los seres/seras humanos/humanas (que diría Bibiana) le impulsa a fomentar la igualdad entre los ciudadanos, dentro del partido, por supuesto. La prosperidad moral y económica de la sociedad es el motor que alienta su política de paro, a fin de que el trabajo no interrumpa la oración constante. Seguro que, a la vista de "El rezo del Angelus" de Millet, ZP se  molesta. No por la oración puntual de los trabajadores. Por su trabajo. Quietecitas, en paro, gusta más al presidente por accidente.

 

 Filántropo y aliancista. En su persona se re-ligan la espiritualidad del ser atormentado y la sensibilidad del verdugo atormentador. Confluyen en su figura Hyde y Jekyll, ángel y demonio, guerra y paz, noche y día, odio y amor. Encrucijada de caminos en oposición. Eso es Zapatero. Punto de encuentro. Como creyó serlo Rasputín. Rasputín. Revolución rusa. Romanov. Borbones. Ya estamos: los Borbones como los Romanov. La burra al trigo.

 Un saludo.

 

 

BOLSA SIN VIDA

 

 Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. Así se expresaba, según la leyenda, Arquímedes de Siracusa. Un punto de apoyo real. Muy real. No ficticio. Con la palanca, se mueve el mundo. El problema es el punto de apoyo. En su hallazgo reside el éxito. El punto de apoyo es la credibilidad. El crédito. El crédito, no entendido como préstamo (que sería una consecuencia) ni como una deuda (otro efecto). El crédito en su acepción de confianza hacia una persona en la seguridad de que va a cumplir los compromisos que contraiga.

 Le voilà, que dicen los franceses. El quid de las operaciones bursátiles radica en la certeza, no exenta de riesgo, por los valores a los que se apuesta. Es como el póker. Cabe el farol y, a veces, se gana. Son las menos. El triunfo lo proporciona la confianza en la gestión y en la seguridad del producto. Cuando una empresa cotiza en bolsa, debe descubrir el cofre de su estado financiero. Revelarlo sin cubrirse, sin alterarse, sin contaminarse, sin simularse. Esos informes son la llave matarile que precisa la Administración reguladora para desarrollar su función de control y que necesita el interesado para asegurarse la dimensión de su juego. Si los estados financieros se maquillan o, simplemente, se someten a la cirugía de la estética, la desconfianza se apodera del mercado.

 El petróleo muerde la economía. Hasta qué punto. Los fabulosos beneficios de las empresas petroleras están disminuyendo. ¿Cómo es posible si el oro negro es la fuente energética por antonomasia? ¿Es que ha descendido la demanda de ese carburante? La respuesta es no. Un rotundo no. Las petroleras distribuyen y surten, pero tardan en cobrar. No hay un euro en las empresas suministradas. Los préstamos, por los suelos, dada la morosidad rampante. Los bancos se retraen y contraen. Los promotores compensan su descalabro entregando miles de viviendas a las entidades que las financiaron. La industria, en retroceso. No hay crédito porque hay morosidad y hay morosidad porque no hay palanca.

 Fallan, pues, la palanca y el punto de apoyo. No hay, entonces, movimiento. La quietud económica es el vicio del estancamiento muscular del mercado. Un mercado atrofiado termina su vida en la quiebra técnica. Como los Függer en la Edad Moderna. No hay pulso. No hay vida. Las oscilaciones del mercado (sube poco y baja más) hacen pensar en una cierta salud del paciente. Sin embargo, los latidos no son nada firmes. El cliente no pone de su parte. El hospital carece de medios. Los médicos no se atreven. ¿Y el regulador estatal? Ni está ni se le espera. No está porque no tiene credibilidad ni inspira un poco de confianza futura. No se le espera porque, de venir, el estropicio sería de campeonato.

 Bolsa sin vida. Actuación inane. Regulador oculto. Se espera el milagro de la reactivación. El milagro. A ver si Zapatero, en su oración obamaniana, reza lo bastante. Mas no tiene fe. Lo mismo que le ocurre a la economía española con él. Ni un ápice de confianza. El gerente del hospital es, a la vez, el cardiólogo jefe. No hay nada que hacer. Salvo un desembarco electoral que traiga aires nuevos y gestores valiosos. Que no, al garete nos vamos todos. Si el mercado languidece, la bolsa se queda sin vida. No es la bolsa o la vida. Es la bolsa sin vida.

 Un saludo.

   

 

DESIGUALDAD INADMISIBLE (Privilegios de políticos)

 

 Recién comienza febrerillo, el loco, los ánimos se encrespan y la razón se nubla. Acaso el esfuerzo de la cuesta de enero, llena de repechos insufribles, haya agotado nuestras energías físicas y mentales. Uno acepta parcialmente ese "acaso". Es una parte muy pequeña de una casuística muy grande. Verán. El artículo 14 de la Constitución -la Carta Magna que el Tribunal Constitucional lleva tres años manoseando para cargársela o para desvirtuarla con el fin de congraciarse con el Gobierno de Zapatero, preso de las huestes del tripartito catalán- es muy explícito. Largo y extenuante párrafo, pardiez. Pero había que decirlo, ¿no?

 Explicite, pues, articulista, y no se enrolle Charles Boyer. El dicho artículo 14, decía, consagra el derecho a la igualdad. Este derecho adjetiva a todos los demás derechos y libertades. Los adjetiva a todos. Sin él, la dogmática constitucional sería pura calamidad y la democracia, desvergonzada demagogia. -Pues, ¿qué dice? Así: "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social". Mi interlocutor me arroja, acto seguido, toda una furibunda andanada verbal. -Bueno, eso dice, pero entre el dicho y el hecho hay un trecho. Es como identificar la España real con la España oficial. O la teoría y la práctica. Vamos, anda, a otro perro con ese hueso.

 Mire, prosigue entre cabreado y violento, fíjese en el tema de las jubilaciones y de las pensiones en general. No ya en el paro ni en la vivienda ni en el desequilibrio regional ni en la corrupción desoladora. Centre su mente en la inseguridad social que genera el anuncio de cambio de la edad de jubilaciones. 67 años para un españolito de a pie si quiere percibir el cien por cien. Sesenta y siete. Para los españoles en general. Para los españoles especiales, criterio distinto. ¿No se da cuenta, hombre de Dios, que la Constitución se está convirtiendo en una carta rota a pedazos, no por las Autonomías, que también, sino por los que rigen los destinos del pueblo? Que no, articulista, que no, que hay tanta igualdad como democracia. Es decir, un mojón de carretera en el desierto de los Monegros. Déjese, entonces, de monsergas y acepte que esta democracia es tan vergonzante porque así es el pueblo español. Se repite, ¿se entera bien?, el "viva las cadenas" aclamando a Fernando -Zapatero- Séptimo. ¿Se entera o se lo repito?

 Mire, articulista de las narices, y lea la prensa del día. Los políticos. Los padres de la patria. La grey de élite de los partidos. Los paniaguados que compensan su docilidad gregaria con pingües beneficios sociales y económicos. Mire. A ellos no afecta la subida de impuestos con que nos castigó el Gobierno a los ciudadanos. A nosotros, neo-súbditos, el cien por cien. A los diputados y senadores, la cuarta parte. Para ellos, exención fiscal. Para el pueblo, mayor gravamen. Nobleza privilegiada y pueblo avasallado. Revolución Francesa, qué lejos te quedaste.

 Pero le digo más, por si no le ha quedado claro, me fulmina con la mirada y endurece la voz. Ministros, diputados y otros altos cargos pueden compatibilizar varios tipos de pensiones. Los pobres trabajan tanto y tan duro que, al final de su vida política, aunque sean siete años, reciben una compensación por sus desvelos patrióticos. Los pobres. A los mineros, profesores, albañiles, fruteros y todos los gremios que quiera, ricos ellos, otro mojón kilométrico, esta vez del páramo mesetario. Para éstos, treinta y cinco años de cotización. Para los privilegiados, basta con siete. Están muy desgastados, comprenda, su arrastre diario provoca enfermedades graves como la reptilitis. Infatigables ellos.

 (...) No digo ni mú. El torrente dialéctico del interlocutor me disuade de pronunciar discurso alguno. La verdad es que poco mensaje cabe ante la evidencia. El pueblo, a pagar. Los políticos de altura no son el pueblo. Los de bajura, son de cabotaje. Atracan en puertos amigos sin alejarse demasiado de las sedes oficiales del partido que les dará de comer. Refería George Orwell: Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros". Verdad.

 Un saludo.

 

 

TERRORISMO LINGÜÍSTICO

 

   
 Decía Nebrija: "Lingua imperium est". Anda que sabía poco el humanista lebrijano del siglo XV. No acuñó la idea, sin embargo, nuestro compatriota. Es tan antigua como la filosofía. Sócrates consideró la mayéutica como la palabra que alumbra la enseñanza. Pero puede alumbrar tanto, que llega a convertir el verbo en azagaya envenenada. Lo saben muy bien algunos contertulios de Tele cinco que dicen aborrecer la violencia física pero incitan a ella con sus desmesurados ataques de cólera oral.

 La política lingüística de la Cataluña actual marcha por ese sendero. Dominar la lengua es el paso previo al logro de su afán independentista. Lo tienen tan claro que a ese objetivo subordinan la ley y a ese fin dedican los medios a su alcance. Que son muchos. La llegada de un cordobés, Montilla, al trono catalanista ha supuesto un impulso en este sentido. Que Puyol tiene seny, él, Montilla, el psoecialista avinagrado, tiene al Gobierno cogido por los perniles. Que Carod le echa una carrera hacia la sima del esperpento, él, Montilla, "esprinta" hacia la meta de las sanciones rotuladoras. Que un honrado comerciante publicita su negocio en castellano, allá va la tijera inquisidora de Montilla, él, el psoecialista, y le toca los bolsillos.

 Es el abuso del derecho institucional llevado a instancias de terrorismo. La cartelera, en catalán. Las inscripciones en catalán. Por la fuerza. No por "huebos", no. Por el terror a la multa millonaria. Montilla, el psoecialista, ampara esta política de inmersión que, en realidad, no es sino una política de terror, propia del más genuino Robespierre. Mientras tanto, Zapatero sonríe, labios y cejas circunflejos, la maldita gracieta de su aliado. Nos necesitamos, comentan entre ellos, bien ufanos por su incestuoso matrimonio de conveniencia. Se necesitan. Prebendas a destajo justifican el mantenimiento de esta política de acoso y derribo a lo español.

 El catalán les trae, al mismo tiempo, al cabo de la calle. Les importa un pimiento Cataluña. Es la venganza de los charnegos desclasados. La toman por el pito de un sereno. Poder y ambición. Ambición y poder. Zapatero y Montilla. Un par de gemelos engendrados en el útero desmochado de una ideología de bote. Al bote. Esta multa al bote. Ricos. Se están haciendo ricos. La lengua fuera, no por cansancio. La lengua fuera, como signo de burla. La lengua viperina que inocula veneno en vez de tender puentes de comunicación. La lengua bífida que atrapa a sus presas para engullirlas después.

 Terrorismo lingüístico, oigan. Lo peor es que no hay un grupo policial antiterrorista sobre la materia. Lo peor es que Zapatero, el prejubilado pensionista, acusa al viento de ser el dueño de la lengua. De la tierra, por supuesto. De la lengua, más que sí.

 Madre, están convirtiendo el tesoro-lengua en la lengua-alfanje. Qué pena.

 Un saludo.

 

CORRUPCIÓN EN SEVILLAMERCA

 

 La corrupción psoecialista es imparable. Se corrompen los valores y, a partir de ahí, los espíritus. ¿Qué queda de los cien años de honradez que llevaba como estandarte la muchachada de Felipe y Chaves? Ni la tortilla. Se la comieron. Con ella, se tragaron los sapos y culebras del arribismo, de la conveniencia interesada, del "mecalloquenosalgoenlafoto". Los intereses creados, que titulara Jacinto Benavente, toman razón de ser en el espacio generacional del siglo XXI. Los crispines y los leandros crecen como mala hierba en el reino mercasevillano de las malas artes.

 Con toda la gracia de Sevilla, y dejan el abasto en manos de estos pícaros del tardobarroco de las vanguardias. Murillo y Velázquez retrataron personajes de leyenda en una ciudad de nobles, bravucones, malandrines, hetairas, curas y mendigos. La genialidad de los pintores dulcificaba la dureza de aquellas vidas. Al cabo, pinturas, retratos, paisajes. Hoy, no. Hoy la imagen florece en las portadas de la prensa diaria y en los entresijos de las revistas de opinión.

 Monteseirín tendrá algo que ver. Pero Sevilla no es Fuenteovejuna. A una sólo van los que ponen el cazo. Abren la mano, la cierran y cosen la boca. Ni pío. Omertá. Chaves qué va a decir con su Matsa de cabecera. ¿Y Griñán? Griñán se estremece cuando escucha las pisadas de Pizarro. Griñán sabe más que Briján. De Andalucía la Bella hace su torre albarrana el presidente sin principio anunciado pero con final advertido. La torre almohade del oro se dedica a otros menesteres. No se encierran ya los caudales americanos. Sí las mangonetas de la corrupción, los sirimiris de los cursos de formación y las pañoletas de bordones con tentáculos. Crispín y Leandro aquí nacieron, de aquí volaron y aquí volvieron.

 Dinero negro mercasevillano. Ni que decir tiene que los tres mosquepsoeros se enteraron por la prensa. D´Artagnan Guerra, menos. El rey Felipe, equis. El bambi, aprendiendo inglés en Davos. Dinero negro y miladys. Muchas señoritas con y sin flor de lis tatuada. Da lo mismo que lo mismo da. Yo cohecho y tú condonas. La historia se repite. Pero ellos son inocentes. Lo juro por los muertos de Satán que somos inocentes, dice el curita mientras los otros le jalean.

 ¿Y la fiscalía? Rumores, ¿Y los jueces? Parole. ¿Y el Parlamento? Lamento. ¿Y la prensa? Presa. ¿Ninguna es libre? Alguna se la juega. Mercasevilla de Crispín y Leandro. Una más en la frente. Y van... Que no vengan Murillos ni Velázquez a llenar de arte el estercolero. Que no vengan. Basta con el fotógrafo que capta el frontal y el perfil y el tipógrafo que llena de tinta a los que tocan el piano. Arte, de verdad. Artistas, de altura. Crispines y leandros, de Benavente. El resto, a su sitio. ¿La pocilga? Más o menos.

 Un saludo.

 

 

MANUEL PIZARRO

 

 

 Hace años conocí personalmente a Manuel Pizarro. Fue un encuentro casual en el hall de un hotel de Madrid. Celebraba mi cumpleaños en compañía de unos amigos y, al oir mi edad, se acercó educadamente al grupo y me felicitó por mi 45º aniversario. -Tenemos la misma edad, dijo. Yo nací cinco días antes, prosiguió. Rechazó cortésmente la copa que le ofrecí, se disculpó por razones de agenda y salió.

 Manuel Pizarro es un señor de muchos quilates. A lo largo de su dilatada e intensa carrera profesional ha mostrado, y demostrado, su valía. Sin embargo, me quedo con dos botones que caracterizan al actor de carácter y al intérprete de altura. La primera muestra la ofreció a toda España en su defensa numantina de la compañía eléctrica que presidía. Defensa numantina pero de una inconmensurable brillantez estratégica. Triunfó en toda regla.

 La segunda manifestación de sapiencia y de saber estar, con ocasión del diálogo televisado que mantuvo con el entonces vicepresidente Solbes en la campaña electoral de 2008. Los medios -medios al fin- otorgaron al señor Solbes la victoria dialéctica escaparatista. Erraron. Se equivocaron hasta las trancas. La lección de Pizarro fue tan magistral, que, a día de hoy, se recuerdan sus palabras con el marchamo del augur, del arúspice, del gurú. Pieza a pieza, paso a paso. Profecía económica. Prospectiva como ciencia. Economía futura destripada en el presente.

 Después de dos años en el ostracismo político, este abogado del Estado deja su escaño como congresista. Demasiado junco para tan frágiles tallos en derredor. Mucha secuoya en el centro de tan livianas mimosas. La espada envidiosa cortó la sansoniana cabeza y selló su lengua de líder.

 Se va Pizarro y el PP pierde un activo irreemplazable. Si no vuelve, la jugada sería desastrosa para quien aspira a presidir el Gobierno de España. Uno lo lamenta. No andamos sobrados de cabezas pensantes y de espíritus independientes en este país de medianos encumbrados y de pequeños que se elevan en su docilidad gregaria. Muy escasos los Pizarro compatriotas.

 Deseo a Manuel Pizarro un futuro espléndido. Más anhelo que retorne a la arena política. Es lujo alcanzable. Basta con pulsar la tecla de "ayuda". Vendrá. Entonces, vendrá. El país lo necesita.

 

 Un saludo.

 

LOS PREJUBILADOS

 

 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no contempla el término "prejubilado". De uso más que corriente, los doctos académicos no han oficializado el concepto. Bueno. Aténgase a la palabra jubilado, que es quien ha dejado de trabajar y percibe una pensión. A veces, las inconcreciones sociales y políticas de la Academia empobrecen la língüística. Y viceversa. Marchan muy rezagados los academicistas respecto a la realidad social. Allá ellos.

 Lo cierto es que ahora el Gobierno quiere terminar con las prejubilaciones y retrasar la edad de jubilación. Ahora. La medida puede ser acertada. El "qué" tal vez sea aceptable. Sin embargo, en democracia, las formas son tan importantes como el fondo. Si el Gobierno no explica el "cómo", abre un torrente de inseguridades peligrosas.

  La ley, cuando es gravosa, no puede ser retroactiva. Ahora bien: ¿a partir de qué momento cursará esa irretroactividad? Porque, en modo alguno, bajo ningún concepto, puede afectar a los ya prejubilados. Menuda se liaría. Sentada esta premisa, ¿qué vacancia concederá la nueva ley antes de su vigencia? ¿Va a ser dicho y hecho, sin contemplación de vacatio alguna? ¿Qué colectivos verán mermadas sus esperanzas legales y lógicas de prejubilación? En el caso de los funcionarios docentes, ¿se prorrogará, de nuevo, la jubilación LOGSE? ¿Y en el caso de los estatutarios de Sanidad? Con perdón del desconfiado: ¿han previsto la incidencia de esta ley sobre el paro? Muchas preguntas que deberán encontrar cumplida respuesta en la normativa que se anuncia.

 Si usted, lector, se toma la molestia de leer el programa electoral de Zapatero para la actual legislatura, acaso se sonroje, quizás se cabree, a lo peor despotrica, si lo contrasta con la cruda realidad. Lo seguro es que cualquier semejanza, es pura coincidencia. No se cae la cara de vergüenza al Gobierno socialista cuando, en 2008, prometió a los españoles que el porcentaje del desempleo no sobrepasaría el 7%. Siete. El 20, oiga, el 20. Estamos en el 20 por ciento y subiendo. No se desprenden, a trozos, pelotones pétreos del duro rostro de estos gobernantes de la miseria cuando nos aseguraron una reducción fiscal de 400 euros que, a las primeras de cambio, han abandonado. No. Qué se les va a caer si están recosidos en las mazmorras telúricas de Frankestein. A prueba de bombas. Y, lo que es más lamentable, a recaudo de humanidad.

 Prejubilaciones. ¿Se preocupa usted por eso? Por favor. Si tiene empleo, trate de conservarlo. Si ya cumplió los sesenta, milagro será que se jubile cinco años después. Si puede prejubilarse hoy, agárrese a esa posibilidad como clavo ardiendo. No lo dude. -Pero hombre, no sea tan derrotista, que nos acongoja. -Derrotista, en absoluto; el pesimista no es sino un realista informado; el optimista es, en este marasmo español, un ignorante, un desvergonzado, un estafador o un zapatero. En cualquier caso, si la ley no precisa los criterios, se va a liar la de San Quintín. Un criterio, hombre, Corbacho, que no es mucho pedir. Por ejemplo, jubilación a los 65 y/o 35 años de cotización. Por ejemplo. Entre otros. Y Pacto. Mejor que el de Toledo. Los golpes de timón de ZP son las rabietas de un niño al que se avergüenza en público. Como le han hecho en Davos.

 Estamos en carta de ajuste. La avería se ha debido a problemas ajenos a la voluntad de esta tele. Permanezcan atentos a la pantalla. Mientras tanto, escuchen la Internacional. Los parados, que no salgan de casa, tendrán tarde de fútbol. Y mañana, más. Los prejubilados, a rezar. Nos vamos a la m. A la misma puñeta, que ya estamos empezando a sufrir.

 Un saludo.

 

EL PENSIONERO CORBACHO Y EL EDUCADOR GABILONDO

 Tres patas para un banco. -¿Quién falta? -Sigan leyendo. Banco inestable, porrazo seguro. Corbacho la lía con las pensiones. Gabilondo enreda todavía más la madeja educativa. Ni uno y otro tienen idea de lo que llevan entre dedos. -Será entre manos. -No, entre dedos. Entre los dedos, se les escapa el líquido de sus incontinencias. Como a Zapatero, ahí va, se le escurre la mentira por la lengua de hiel. Inmensos.

 Se dice que las hormigas taponan huecos cuando prevén las calamidades. Se comenta el instinto del perro que avisa, segundos antes, la inminencia de un terremoto. Se pondera el sentido común de quienes comienzan la casa por los cimientos. En este Gobierno destacan, por su ausencia, claro, las facultades sensitivas de los animales y la sensatez de las personas que se visten por los pies.  Director de orquesta, el admirador de Obama, el gran hacedor de la economía más regresiva de la eurozona, el máximo instigador de los nacionalismos independentistas, el orador cristianita defensor de la muerte de nascituri indefensos. Con ustedes, el gran José Luis Rodríguez, carnicerito de León.

 El Gobierno de ineptos que nos ha tocado en suerte, es un decir, nos aporta ingentes cantidades de inseguridad. Inseguridad laboral, jurídica y personal. Son unos astros de la incertidumbre. Así marcha nuestra economía y peor que va a cojear.

 Corbacho quiere cambiar el sistema de pensiones. Con o sin Pacto de Toledo. Gabilondo centra su capacidad metafísica en modificar el cuarto de la Secundaria. El ex alcalde, un dechado de sensibilidad, no especifica cómo va a materializar el cambio. El ex rector, cuota prisaica venida a menos, torero exquisito, de los que siguen la carrera del cornúpeta desde la barrera y sienta cátedra verbal ante los que se arriman.

 La comunidad de pensionistas está de enhoramala. La comunidad educativa, de enhorapeor. Uno viene avisando desde tiempo atrás. Una empresa, -y la pública, Zapatero, entérese, lo es- descansa en la satisfacción de sus clientes. Si éstos -que somos los ciudadanos todos- nos hallamos a disgusto, es que la dirección empresarial es muy mala, nefasta. La organización, lejos de ser jerárquica, es amontonada. Los productos, de muy escasa calidad. Los empleados, desmotivados, se adocenan. La productividad, caca de la vaca. Los recursos materiales, en vez de abaratados, más costosos. Y así. Si el objetivo de la empresa es la competitividad, aviados estamos. Nos damos de bruces en el mar de la insostenibilidad. Las aguas de este mar, tres patas de ese banco, son gélidas, profundas e insondables. Engullen cual dragón de fuego.

 Este articulista pide tres cosas -sólo tres- a este trío de ases cómicos que maldita la gracia que tienen. La primera, que vuelvan la mirada hacia los tecnócratas independientes. La segunda, que se reflejen en las virtudes raciales e intelectuales de británicos y alemanes. La tercera, que se enteren, de una vez por todas, que forman parte del Gobierno de España, que el PSOE no es el Gobierno. Estas tres solicitudes se resumen en una: si no las atienden, tengan la bondad de largarse con viento fresco.

 

 Dimitan, por compasión, dimitan.

 Un saludo.

 

INDIGNA MUERTE LABORAL

 

   
 Somos hijos de nuestro tiempo. Del presente y del pasado. De la educación represora y frustrante pero disciplinada y sólida de antes, y también de la época de relajación y pérdida de valores de nuestros días. Hijos de nuestro tiempo que no es el tiempo de nuestros hijos. Nuestros hijos se debaten, entre asustados y atónitos, en el fangal de la nueva realidad que viven.

 

-Escuela, no, gracias. Obligaciones de estudiante, menos. Dinero. Quiero dinero. Exijo parné. Mis amigos no ven un libro y tienen coche, ropa de marca y todos los caprichos que les da la gana. Ni uno estudia. Pero trabajan. -¿En qué trabajan, hijo? En lo que sea, en un burguer, en una estiba, en un bar, en un taller, en lo que les salga. Sin seguridad social ni de ningún tipo, hijo. Sin protección, hijo. Sin futuro, hijo. ¿Y qué, padre? Para seguro ya tengo el tuyo y para protección la que me regalas. Quiero dinero, padre. Quiero vivir ahora, padre. Y si no quiero estudiar, porque para qué, pues trabajo en lo que me salga. Que no, hijo, que debes labrarte ahora el porvenir, que el antojo de hoy se convierte mañana en necesidad y, entonces, será demasiado tarde. Estudia, hijo.

 Casi el cincuenta por ciento de jóvenes entre 16 y 24 años están en paro. La mitad de los chavales no tienen un trabajo con el que matar su angustia por los libros. Unos hacen una carrera, otros remolonean en los bachilleratos de adultos, los hay que hacen de la pídola una rutina y, en fin, los que de la molicie doméstica levantan su bandera. No hay trabajo ni horizonte. Si se sumergen en la economía del negro, algo pillarán. Capital escaso y efímero además de peligroso. -No hay trabajo, joder. Qué quieres que haga.

 -Hijo, que no debemos rendirnos. Que el David venció al Goliat. Que la supervivencia se forja en la lucha. Que la cosa va a cambiar, hijo. Que el desánimo es mal consejero. Calla, padre, que tú estás en el paro desde que cerraron Astilleros y mamá lo va a estar tan pronto la sucursal del banco se convierta en una oficina del INEM. Papá, que no me cuentes milongas. Que este Gobierno no crea, sólo destruye. Que los ministros y los consejeros, los alcaldes y los concejales no miran más allá de su bolsillo y del de sus familias. A los demás, padre, que nos den por allí. Que no, padre, que estudie Carracuca, que mi menda se buscará la vida como le venga. Porque quiero un coche, aunque sea usado, y un carnet para ver al Recre sin tener que colarme, y un par de billetes para irme con mi chavea a tomar dos copazos. Que no estudio más, padre, que para qué. Que el trabajo sólo es para los ricos o para los "enchufaos", padre.

 

  Déjate ya de monsergas y mira a tu lado. Mírate a ti. Mira a mamá. Que cuando se acabe el subsidio, os veo limpiando portales y escaleras. Que no, padre, que no. Que me voy a ganar el pan con el sudor de mi frente, pero no con la mentira de la esperanza. No hay esperanza, padre. Si tú, con 45 años, has perdido tu empleo, no te queda en la vida más que paro. Paro y paro. El Corbacho, maquillando. El Zapatero, orando. Vaya con ellos, padre, a ver si se les pega algo. Aunque no seas honrado, padre. Qué honradez ni qué niño muerto, padre, si no tenemos qué comer. Madre.

 Un saludo.

 

 

CADENA PERPETUA

 

  El Código Penal no la contempla. Nuestro ordenamiento constitucional no explicita su abolición pero advierte que "las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reinserción social". Que en países vecinos, como Francia o Alemania, sí se aplica para delitos muy graves, es verdad. Que España rechaza su implantación, muy cierto. El problema de las leyes estriba en que su promulgación debe responder a una demanda de la sociedad. ¿La hay? Comme ci, comme ça, que dicen nuestros chauvinistas vecinos del norte. Explíquese. Verán. Los casos recientes de la niña Mariluz y de las adolescentes Sandra y Marta han provocado tal alarma social que ha sobrevenido una oleada de reclamaciones en este sentido.

 Actuar por oleadas es como estructurar por coyunturas. Una necedad y una contradicción. Sangre fria en corazones calientes hacen estadistas. Sangre gélida en corazón helado genera tiranos. Sangre caliente en corazón cálido es caldo de demagogos. Legislar es una actividad muy seria para dejarla en manos de dictadores y populistas de vía estrecha. Los asesinatos de estas muchachas han conmocionado a la sociedad española. Tanto por el despiadado actuar de los asesinos como, y quizás más, por la contumacia de su cinismo calculado. Mientras no haya pruebas, los indicios poco valen. Si no existe el corpus delicti, la presunción de inocencia se abre ancho camino.

 A este articulista preocupa el griterío del pueblo pero le asusta la actitud de los gobernantes. Preocupa el clamor advenedizo y asusta la omisión de los padres de la patria. Mariluz, Sandra, Marta, sí, como tantas otras víctimas inocentes. Por encimá del sí, está el "requetesí". Esta reafirmación se produce cuando el artículo 25 de la Constitución se aplica a los asesinos de ETA. Ni se reeducan ni se reinsertan. En ese contexto de terror continuado e ininterrumpido contra la sociedad, el requetesí se corporeíza. Cada asesinato de la banda exige una respuesta acorde a la magnitud de su crimen.

 Las respuestas de los gobiernos democráticos no pueden ser más débiles que las de los estados tiránicos o despóticos. Al contrario. Su contundencia se alimenta de la legitimidad que el pueblo concede a sus elegidos para defender, con uñas y dientes, esa democracia en la que han decidido vivir. La democracia no se impone. La democracia se gana. Las demostraciones de los que añoran tiempos pasados, de los que crispan para provocar, de los que acometen para dividir y de los que minan el diálogo para dinamitar el consenso, esas demostraciones digo, abonan la intención malévola de los antidemócratas.

 En el terrorismo de cualesquiera índole y procedencia halla cobijo la petición de la cadena perpetua. La reflexión y el diálogo debieran abrirse paso, entonces, para refrendarla. El castigo es demasiado severo como para tomarse las cosas a la ligera. Ni sí a priori ni lo contrario. En cualquier caso, actuar con responsabilidad. La omisión puede resultar irresponsable. Tiempo al tiempo y al análisis profundo, aire. Mucho aire.

 Un saludo.

 

 

YO COHECHO, TÚ CONDONAS

 

 Diversos medios se han hecho eco del informe del Tribunal de Cuentas sobre la financiación de los partidos políticos. -Pedazo de tocho, me apunta un lector. -Insufrible lectura, agrega otro. Poco a poco. A veces, las mejores entregas literarias se hallan en los lotes olvidados de libros de antiguo. Poco a poco.

 El Tribunal de Cuentas tiene una función técnica fiscalizadora. -Explíquese, articulista. Bien claro está: debe comprobar si el sector público cumple los principios de legalidad, eficiencia y economía en su actividad económica y financiera.  Posteriormente, desarrollará otra función, la  jurisdiccional. -¿Y? Pues que debe enjuiciar la responsabilidad contable de quienes manejan los fondos públicos. -O.K., y ¿dónde radica el interés de la noticia? Muy sencillo. Una vez más, este organismo constitucional deja entrever la posible condonación de una deuda al Partido Socialista por parte de algunos de sus acreedores bancarios. -¿Cómo se va a condonar una deuda a un partido si la banca persigue a los ciudadanos morosos hasta la extenuación? -Hombre de Dios, no se asombre, que el desconocimiento de un hecho no implica su inexistencia. Es justo eso lo que persiguen algunos grupos de poder: que se desconozca lo que existe a fin de que no se localice el foco de pestilencia.

 La condonación de una deuda a un partido político tiene visos de delito. El cohecho pasa por un pasillo similar. Por ahí anda la cosa, amigo, por esos derroteros. En ese terreno, el partido de Felipe y de Zapatero tiene un dilatado recorrido. No es la primera vez y ojalá que sea la última. La financiación irregular de los partidos se halla en la base de esta práctica corrupta. La falta de transparencia del PSOE choca, una vez más, con su eslogan de cien años de honradez. Qué trabajo le cuesta disipar las dudas que suscita si nada teme.

 Declaraba Aznar en reciente entrevista televisiva que, durante su mandato, no hubo "gales" ni "faisanes". No ha expresado que nadie podrá probar que se llevaron a cabo acciones tan ilegales como macabras. No. Lo que asevera es que no se llevaron a cabo. Por lo que, de presentarse pruebas, serían falsas. No se puede probar lo que no es. Aznar da la cara, aunque se la partan. Zapatero calla y si bien no otorga, tampoco desmiente. Es la confrontación entre talento y talante, entre esencia y apariencia, entre lo cristalino y lo opaco, entre la verdad desnuda y la mentira disfrazada.

 Si un Banco ha dispensado, eximido, indultado, perdonado o conmutado una deuda de, al parecer, 33 millones de euros (más de cinco mil millones de pesetas), no lo hace por amor al arte. No, no. Si un grupo político se deja dispensar, eximir, indultar, perdonar o conmutar una deuda de este carácter, puede estar sobornado, comprado  o untado o corrupto. No cabe otra posibilidad. El río suena. Otra cosa es que el sonido tenga las reverberaciones metálicas del dinero negro.

 Conjuguemos, en cualquier caso, el verbo que nos acaba de despertar el Tribunal de Cuentas: yo condono, tú cohechas, él calla, nosotros tapamos, vosotros no miráis, ellos se forran. Ellos son los que condonan  y cohechan. Los ciudadanos, los que pagamos. Cómo no. Como siempre.

Un saludo.

 

 

POBRE Y TRISTE GABILONDO

 

 Se va, se va, se va el caimán, se va para Barranquilla. Que se va. El gran caimán no comparte territorio con cocodrilos. El caimán es de agua dulce. El cocodrilo, de agua salada. Siempre hubo clases. El señor de Polanco no alterna con la muchachada de Vasile. Cuatro siempre fue antes que Cinco. Mucho antes. Cuánto va a parar. Se va Iñaki. El oráculo de los terroristas suicidas. El almuédano del 11-M. El vocero anti-Aznar. Iñaki Gabilondo.

 El que el Cinco se coma al Cuatro es un síntoma. Que Berlusconia invada Polanconia, otro. Que la invasión sea pacífica y pactada, más de lo mismo. El descubierto capitalismo de derecha devora, de un golpe, al oculto capitalismo acomplejado de izquierda de fachada. La vida social refleja la existencia selvática. El reino de la selección natural se prolonga en el espacio de la discriminación social. Hiere al ideólogo en lo más profundo de su convicción epidérmica. La izquierda queda a la altura del hidalgo: ha perdido su poder económico pero se aferra a la nobleza de sangre para seguir sin dar un palo al agua. Noble soy, noble muero. Matrimonio de conveniencia. Entre hijos y mediando pasta. La nobleza no se hereda. Cinco es la burguesía rampante.

 El vacío que su marcha provoca será imposible de llenar. Quién puede sustituir a tan extraordinario personaje mediático. Quién escuchará, con la devoción del adulador, las palabras de Zapatero. Quién propalará las consignas del imperio psoecialista. Quién.

 Anda triste y desconsolado. No quiere juntarse a los Jorge Javier ni a las Belén ni, mucho menos, a las mamachicho. Nada que huela a advenedizo admite. Pobre pero noble. Sin audiencia pero con pedigree. A CNN+, bueno. En aquel reducto puede esconder sus frustraciones. La radio le dio nombradía. La televisíón le quitó credibilidad. Nadie le odia. Nadie le teme. Nadie le recuerda. He ahí el dolor. El recuerdo. Qué fue de la estrella radiofónica. Qué de su influjo político. Qué de su presencia imponente. Polvo. Ceniza.

 Ni guerra de Irak ni terroristas suicidas. Sólo él cavó su propia tumba e ignora si su recién construido mausoleo será su sepulcro o, acaso, su cenotafio. Aquí yace el gran Iñaki. No yace, no. Ni recoge sus cenizas. La plaza de su memoria la colocó, noble de verdad, Federico. Los suyos tienen otras tareas más prosaicas que hacer: sembrar nuevas semillas de progresía en las tierras más oscuras. La progresía de Iñaki es directamente proporcional a su lamento. Cuanto más Boabdil asemeja, más conservador resulta su llanto de perdedor. El rey, destronado. Por el propio rey. Pena.

 Un saludo.

 

 

LA VORACIDAD RECAUDADORA DE HACIENDA

 


 Si Hacienda somos todos, algunos son más que otros. Las arcas están vacías. El descuidero monetario reina. Se precisa dinero. Mucho dinero. La quiebra técnica no está lejana. El responsable no aprendió economía. Ni en dos tardes pudo. Ni siete años después tiene ligera idea. Suele ocurrir cuando por carpintero se hace pasar quien no es sino un simple zapatero remendón. Y el remendón de medias suelas coló a su clientela, abducida por su talante buenista, su intrusismo profesional. Remendón él, remendones del remendón sus ayudantes de taller imposible. Hacienda son algunos.

 Con ser malos los indicadores de la empresa nacional que hemos dejado en manos de tan inepto personaje, el más elemental estudio de la prospectiva nos avisa de peligros cercanos. El desempleo no frena. El déficit prosigue su marcha y, a su lado, la deuda pública que no deja de crecer. La bolsa repica. Tilín-tilín. No hay dinero ni expectativas de que aparezca. Ahorro, ra, ra, ra. Al calcetín. Bajo el colchón. La vivienda nos aprisiona por vida. ¿Y qué hace el remendón y su tropa? ¿Qué hace? Sube los impuestos. Ahí tenéis. Manos arriba. La bolsa o la vida.

 Un detalle que muchos pueden ignorar. Un detalle de importancia extrema. ¿Han pensado en los miles de viviendas que, a los precios inflados de años atrás, no han encontrado comprador? ¿Han reflexionado acerca del descenso, en torno al treinta por ciento, del valor negocial de esos inmuebles? ¿Han cifrado el número de urbanizaciones vírgenes que se están pudriendo en el patrimonio de constructoras, de promotoras o de la banca financiadora? Seguro que han entrado y han llegado a conclusiones certeras. En cuyo caso, les pregunto: ¿se han dado cuenta de que si ustedes compran una vivienda a precio de 2009, precio ganga respecto a dos años antes, Hacienda va a pensar que intentan defraudar la ley? ¿Cómo nos vamos a dar cuenta de algo inimaginable?, me responden descarados los lectores.

 Imaginable, previsible y real. No potencial, no. Real y muy real. Si ustedes adquieren hoy una vivienda de segunda mano por ciento cuarenta mil euros, estando valorada dos años antes en doscientos mil, Hacienda no se lo cree. Tan no se lo cree que aplicará la cuota impositiva catastral pese a que su cuantía supere el precio de mercado. Es decir, en vez de adaptar el catastro al mercado, éste se sujeta al catastro. Con lo cual, sube el coeficiente multiplicador y, ale hop, el hecho imponible se convierte en voracidad recaudadora.

 ¿Y quién es el recaudador voraz? El Ministerio de Hacienda. ¿Y quién porta la cartera ministerial? La ministra Salgado. ¿Y quién ha nombrado a esa señora? El presidente Zapatero que sabe de economía, lo que un servidor de chino mandarín. ¿Y a qué viene esa voracidad? A que no hay un duro. Todo se va en propaganda falsa, en subsidio comprador de votos, en comilonas y coches oficiales, en planes E de engaño y en otras medidas de parecido cariz. Por eso no hay un euro. Porque no se invierte en empleo ni en educación ni en investigación. Porque detrás del escaparate, hay vacío y suciedad.

 Hacienda se aplica en tareas inicuas. Inicuas e injustas. Impone tasas de vértigo en épocas de crisis. Atribuye actitudes de fraude a contribuyentes honrados. Busca dinero en el patrimonio de los más débiles. Se pasa el mercado por la entretela del catastro. Necesita dinero. Mucho dinero. Pagamos justos por pecadores. Los del Ejecutivo y adláteres, a despilfarrar. Los ciudadanos, a pagar. Hacienda nos devora. O recauda o nos devora. Recauda y devora. Hacienda no somos todos.

 Un saludo.