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ABOGADO NO APOCADO

Conozco a José Carlos desde hace unos años. Seguí con cierta indiferencia su estadía como alcalde de Punta Umbría. Sin embargo, relevado del cargo por decisión democrática de los votantes, José Carlos llevó a cabo una Oposición intensa, muy británica, a la que sí he estado muy atento. José Carlos ha sido perseguido, amenazado, insultado e incluso acosado ya por haber sido alcalde, ya por ser abogado.

En ningún caso se puede admitir el delito. Nunca. Cierto es que los cargos electos han de someterse a críticas y abucheos que se cargan en la mochila de su función y en el maletín de su nómina. Los abogados, en cuanto ejercen como tales, tienen derecho a un respeto profesional y, desde luego, a no sufrir las iras de los que se sienten perjudicados por su oficio. Habrá colegas que aceptan la carga. José Carlos -y le felicito por ello- no se apoca ante presiones por otra parte inadmisibles.

Ni en Punta Umbría ni en Bollullos. Ni en Huelva ni en el feudo vasco de Amaiur. Una de las herencias más penosas que nos ha dejado Zapatero y el partido sociata es el abandono de los valores más sagrados de toda sociedad, como son el trabajo, la igualdad, la solidaridad, la abnegación, la austeridad y un largo etcétera que hemos recibido de culturas pretéritas y de civilizaciones presentes. Así nos va.

La creación de administraciones paralelas integradas por trabajadores de la órbita psoecialista conlleva una bomba de efectos letales. Se ha contratado por encima de las posiblidades de las entidades públicas sin atender otro interés que el de favorecer a allegados y nepotes. Hasta que la caja pública se cae de vacía y su desnudez escandaliza.

En Bollullos, predio de una izquierda corrupta donde las haya, el alcalde del Psoe fue descabalgado de su caballo de hierro por una coalición integrada por izquierdistas honrados, que fueron expulsados de IU por la mano implacable del capataz Valderas, y por miembros del Partido Popular. Ya es difícil, pero la izquierda y la derecha sumaron sus dignidades para mandar a la basura a la indignidad suprema que regía como un tiranuelo los destinos de la ciudad par del condado. Derecha e izquierda.

En este contexto, apremiados por la crisis galopante, los nuevos ediles deciden despedir a una serie de trabajadores municipales. Éstos, agraviados por la decisión, no han tenido más ocurrencia que linchar verbalmente y cercar físicamente al abogado contratado por el Ayuntamiento bollullero. A su salida del juzgado de lo social, el abogado no apocado, el señor Cansinos, sufrió toda una suerte de improperios y de asedios humanos a lo largo de un trayecto capitalino de cientos de metros. Por la calle y en el interior de un establecimiento público. Los despedidos culpaban al abogado del proceso judicial y el no apocado letrado tuvo la feliz idea y tomó la pertinente decisión de denunciar a sus acosadores. Frente al pisoteo de la libertad, Cansinos ondeó la bandera del derecho. La actitud afortunada de un demócrata contra el totalitarismo infame.

Eso de matar al mensajero siempre fue una barbaridad. Algunos nuncios acaban su vida después de trasladado el mensaje. José Carlos hace muy bien en defenderse. A través de su “savoir faire”. Con ello lo resumo todo. Su saber hacer se traduce en actuar conforme a principios morales y a leyes constitucionales. Si Cansinos pertenece al PP, es problema de otros. Su actividad profesional carece de ideología. Simple cuestión de buena praxis. Los fascistas son los que abusan de la fuerza de la colectividad para imponer a los demás su ausencia de argumentos. En cualquier caso, que el juzgado decida. Urge acabar con los violentos.

Un saludo.

LA EMPALIZADA

Tengo a José Pablo Vázquez Hierro por una persona honrada. En el viejo y propio uso de la expresión, lo considero un caballero. Noble en tanto leal y desinteresado. He compartido con él tertulias en el programa de Paco Morán. Nunca escatimé elogios para con sus mensajes ecologistas y políticos. Nada hay, por el momento, que me impulse a minorar mis públicas alabanzas. Sí existen, sin embargo, sombras que apagan los fulgores iniciales. Máculas que entoldan la luz y oscurecen la memoria. Vallas que se levantan. Parapetos que ocultan. Verjas que separan. Barreras y barridos. Apartados y atropellos.

José Pablo Vázquez obtuvo una concejalía en las pasadas elecciones muncipales. Un logro extraordinario. La reflexión que subsigue viene del análisis político. La concejalía se adjudica, jurídicamente, al candidato número uno. Desde el punto de vista moral, el éxito electoral es propiedad exclusiva de la Asociación “Mesa de la Ría”. Así lo he creído y de esta idea hago causa. No es José Pablo el artífice del triunfo. Sí lo es la Asociación a la que pertenece. Sin disminuir un gramo la masa de prestigio que aporta José Pablo, el arquitecto no es Pedro Rodríguez. Es decir, el alcalde de Huelva sí posee un carisma y un gancho de atracción para el PP que, ni de lejos ni de broma, es atribuible al bueno del concejal ecologista.

Nuestra Constitución prohíbe el mandato imperativo y, pese a ello, la partitocracia lo establece y lo enarbola como distintivo esencial. La contradicción es evidente. José Pablo ostenta un acta de concejal y, desde un punto de vista constitucional, no cabe polémica al respecto. Cosa distinta es que la legitimidad discurra paralela a la legalidad. En el caso de la Mesa de la Ría, dada su singularidad asociativo-partidista y especialmente a causa del gravísimo problema ambiental de la ciudad, centro y causa de la constitución de esta formación, disociar el órgano del representante puede convertirse en un auténtico fraude de ley. Al menos, de ley moral, porque, reitero, el principio que rige nuestros comportamientos es la ética.

Mi comentario no descansa en entrevistas con representantes de las partes en conflicto. Ni he hablado con José Pablo ni he mantenido conversación alguna con Aurelio González. De ambos guardo una impresión modélica y hacia los dos proyecto mi respeto personal. A juzgar por las declaraciones de uno y otro en los medios, el señor Vázquez Hierro está equivocado. El proyecto de ciudad que esgrime el arquitecto como plataforma reivindicativa electoral residía en la erradicación de la contaminación del aire, del suelo y de las aguas. A partir de esa premisa mayor, podemos llegar a la conclusión que se quiera. En caso contrario, estaríamos hablando de una base conceptual difusa que todos los partidos defienden.

La recuperación de la Ría de Huelva es el norte de la Asociación que ahora preside Aurelio. Cualquier desviación artificiosa de la brújula partidaria constituye una estafa dialéctica. La democracia sufre un duro revés con este litigio. Uno piensa, en su ingenuidad de bien y en su lucha por la honradez, que los cargos electos precisan un plus de humildad y de adhesión a los postulados de la lista que les ha encumbrado. La institución adquiere vocación de servicio cuando la misma se pone a disposición del pueblo. Si prima el interés del representante elegido, entonces se cae en la proclividad de lo particular. Si los postulados del partido disgustan, se abandona el mismo y se teletransporta el cargo.

Desde mi punto de vista, y para concluir, si José Pablo Vázquez ha dimitido de su cargo en  la Asociación o Partido, debería poner su concejalía a disposición del grupo. Él y quienes se hallan detrás de él en la sucesión. De no ser así, la erección de la empalizada antidemocrática nos sumiría a los votantes en un estado de decepción brutal. José Pablo y los que con él colaboran en el Ayuntamiento. El sueldo y los pluses no los paga el Consistorio. Los abonamos los contribuyentes. Para engaños ya tenemos a los de Mario y los suyos. José Pablo no puede pasar de héroe a villano por una decisión errónea y por una interpretación perversa. Aurelio debe exigir la dimisión del José Pablo y la de todos los que quieran aprovechar la renuncia de éste. Si algo tengo claro, es que la marcha de José Pablo debe comportar la salida de todos los que se amparan en él para medrar, trepar y cobrar. Todos y todas. Llorando y Yolanda.

Un saludo.

NADA DE PURA COINCIDENCIA

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Algunos autores terminan con este apéndice/apostilla algunos relatos cuya verosimilitud puede dar a entender que se trata de una versión biográfica de ciertos personajes conocidos o una descripción peligrosa de situaciones ilícitas. Lo que, a continuación, voy a referir, tiene un mucho de verdad y un poquito de ficción. La base de certeza descansa en el testimonio de la palabra de la persona que ha sufrido los hechos. La migaja de irrealidad es la que introduce este articulista a fin de dejar la puerta abierta a una posible denuncia penal que el sujeto paciente de la historia pudiera interponer en su momento, una vez se recobre del ataque de ansiedad que le mantiene fuera del escenario laboral.

Situamos la acción en Estuarialandia, ciudad litoral del suroeste de un país medio aliado a la civilización occidental. Centramos el foco de nuestra película en un centro público de esa villa a la que algunos, malévolamente, sustantivan de pueblo lusitano. El lugar, un establecimiento singular de imponente arquitectura y de tradicional micropolítica sesgadamente favorable al partido político más corrupto que la prensa publica. Por circunstancias varias, la dirección del organismo oficial recayó democráticamente en funcionarios no adscritos a la plantilla de sicario-trepas de la precitada formación. A partir de ahí, la feroz campaña de extrañamiento de los intrusos. La máxima representante del equipo director cae en la trampa que le tienden los facinerosos demolicionistas y es apartada de su trabajo, incapaz de soportar las presiones bajo amenazas de conocidos compañeros con la colaboración cómplice de la superioridad encarnada en la Inspección de servicios, dispuesta como alfombra al servicio del poder instituido. Una menos. Un escalón más en la historia universal de la infamia, que tituló Borges.

Fuera de juego la figura clave del proceso democrático, el segundo paso era más sencillo. Eliminar a su segundo. El profesional apareció en los carteles como objetivo siguiente de la diana. Era la nueva pieza a abatir. El propio inspector de servicios se personó en la sede del ente laboral. Inició la caza siguiendo el método ignominioso de derrumbar anímicamente al personal rebelde. O dimites, le amenazó, o aquí acabas la carrera, estarás condenado a la pérdida de la relación de servicio y ya veremos si no vas a la cárcel. Por la cara y sin ambages. Con testigos que nada quieren escuchar y que están dispuestos a mentir. Hasta que la presión hizo sus efectos y la angustia emocional invadió el alma del acosado.

El Código Penal tipifica como delito la reiteración de actos humillantes u hostiles en el ámbito de cualquier relación laboral y prevaliéndose de su relación de superioridad. Agotada la vía de seducción del acosado para que, por las buenas, abandonare el puesto, los “malos” hacen estallar el conflicto y, a partir del mismo, emprenden la fase de acoso. A este infame fin, se abre la veda del comportamiento negativo entre compañeros o entre superiores y el inferior jerárquico, a causa del cual el afectado es objeto de acoso y ataque sistemático durante mucho tiempo, de modo directo o indirecto, por parte de una o más personas, con el objetivo de empujarle a la claudicación. De nada valen las quejas del acosado. Una higa importa a los acosadores el mantenerlo días y días sin dormir al tiempo que le exigen tareas imposible de realizar so pena de admitir delitos cometidos por otros. El inspector se mofa de los lamentos de la víctima y aprieta la soga que le priva de aire. Así hasta una serie de vilezas inimaginables en una sociedad sana. Impune el inspector, éxito asegurado. La marginación del trabajador es una triste realidad alentada por otros funcionarios que, a costa del sufrimiento humano, persiguen recobrar viejos privilegios.

La víctima puede sufrir una muy fuerte depresión. Les da igual. Argüirán que ese problema era anterior y congénito. Bipolares, señalarán con desprecio. Esquizoides, alegarán con la alegría del depredador. Patxi Andión retrató el tema con impropia precisión: “...y al terminar el invierno le relevaron del puesto y ahora las buenas gentes tienen tranquilo el sueño porque han librado a sus hijos del peligro de un maestro; con el alma en una nube y el cuerpo como un lamento, se marcha, se marcha el padre del pueblo, se marcha el maestro”. El que se ha de marchar, por mandato del Fiscal, es el inspector. Por golfo y por canalla.

Un saludo.

CARBÓNICO

 

Palo al paro. Corona de laurel al empleo. Nunca en la historia democrática de Huelva, el problema de la falta de trabajo nos maltrató con tanta saña. Jamás. La creación de puestos laborales en nuestra ciudad genera ansiedad. Del mismo modo que la creciente destrucción de los mismos provoca una creciente angustia. En este contexto de desesperación por el presente laboral, social y económico, debemos ser especialmente cautos a la hora de opinar. Muy precavidos y muy sesudos.

 

En diversas ocasiones me he significado públicamente en el apoyo a los trabajadores del Polo Químico. No obstante, siempre me pregunté si acertaba en mi posición a tenor de las contraindicaciones que esta tesis arrostraba. El territorio urbano, que sí, que es urbano, que se extiende desde el muelle del Tinto hasta el monumento a Colón, es de una belleza admirable. Una auténtica legua de oro. Sin embargo, la naturaleza idílica de esta zona ha sido abducida por las fuerzas económicas de la potente, aunque perversa, industria química. En los años sesenta, los onubenses creyeron que las fábricas que enfrentaban nuestra hermosa ría eran un don de ésta. Como si el Nilo que fertiliza Egipto fueran esas horribles instalaciones fabriles. A fuer de dar las vueltas a la realidad, llegaron a vendernos la burra de que la ría se beneficiaba del progreso industrial y no de que este desarrollo malsano se cargaba la hermosura de este entrante de mar en nuestra costa. Eso ocurrió hace medio siglo.

 

A cambio de la mentira de décadas, se nos graciaba con empleos. Un pequeño maná que compensaba las escuálidas aspiraciones laborales de una ciudad tan desgraciada que terminó siendo víctima del síndrome de Estocolmo de su atonía mental. Qué buenos son los empresarios químicos que colocan a la gente de Huelva. Ilusos todos. Esa coartada continúa estrangulando en el segundo decenio del siglo veintiuno a una población que no acaba de desperezarse. Mientras surjan voces en defensa del Polo, la antigua Onuba no se despojará de su costra secular de servidumbre y de autoabandono.

 

En estos momentos, a la vista del paro que nos roba el alma, de la política indecente de la Junta de Despilfarradores, del entreguismo de los sindicatos y de la desconfianza general en los políticos, mi tesis sigue en pie. Por pocos que sean los trabajadores que permanecen, conserven ese pájaro en mano. El mañana de las espléndidas posibilidades de riqueza material que alberga la zona de nuestra ría deberá demorarse. Postergarse, sí. Renunciar a ello, no. Sería el suicidio definitivo de una población que ha de luchar contra sí misma para emular, en lo bueno, la capacidad emprendedora de nuestros vecinos de Sevilla y de Cádiz.

 

Ello no obstante, pateemos el suelo de la realidad que no nos gusta. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático viene alertando sobre el efecto invernadero que aumenta como consecuencia de la emisión ascendente de dióxido de carbono. El problema afecta sobremanera a nuestro medio. En este sentido, urge tomar medidas reductoras. Si hay que almacenar bajo tierra, hágase cuanto antes. Cueste lo que cueste porque en mucho tiempo no se hallarán fuentes de energía más limpias y eficientes. Como para permitir que el monstruo oleoso de Balboa atraviese sinuoso nuestra sierra, nuestra campiña y zambulla su cabeza en las aguas de la Punta del Sebo. Venga ya. A falta de pan, buenas son tortas. Lo que pasa es que de estas bofetadas crueles, los onubenses ya hemos recibido raciones de empacho. Alguna vez será llegada la hora de la calidad.

 

En cualquier caso, seguiremos en el furgón de cola. El almacenamiento de CO2 será el mal menor. La atmósfera seguirá sangrando con el carbónico que se lanza a sus cielos. Los pobladores de esta tierra culta aunque apenas se cultive, masticaremos el veneno ambiental. Y si no, penetrará a través de nuestras fosas nasales. Del mal no nos libra ni la caridad. Eso sí, IU nos prometerá el oro y el moro. Ja. La palabra de la coalición izquierdona vale lo mismo que el voto a Petronila Guerrero. Dinero. Poder. Influencia. Gases. Las limonadas, para los patrones. El ácido para los obreros. Lo de siempre. Este carbónico no es el de las gaseosas.

 

De disfrutar de un Gobierno valiente, entendido y capaz, el corto plazo señalaría la fecha de desmantelamiento del vertedero químico, la recolocación justa e inmediata de sus trabajadores y la puesta en marcha de un ambicioso plan de regeneración ambiental, económica, social y cultural de nuestra ciudad. Riquezas a granel. Así se justificaría la acción política. Demasiado pedir a Griñán y compañía.


 

Un saludo.

QUÉ IZQUIERDA

 

Las declaraciones de Pedro Jiménez en "La Lupa", programa que dirige y presenta Rafael Unquiles en Canal Luz, me han llenado de asombro. Asombro entendido como decepción, desencanto, chasco y, por qué no, desesperanza. Acaso este articulista se forjó demasiadas ilusiones en la categoría humana de este político o en la distinción política de esta persona. Es posible. En cuyo caso, su arquitectura ideológica se ha venido abajo como se derrumba un castillo de naipes.

 

Uno cree en las ideologías. Como escribía Bobbio, el árbol de las ideologías siempre está reverdeciendo. Lo que ocurre es que esos brotes verdes son tan efímeros, cuando no ficticios, como las protestas mentirosas de la ministra Salgado. Existen izquierdas y derechas, eso es indudable. Igual de evidente que las organizaciones de ambos signos son programas para la acción. Para la acción. En su defecto, las ideologías se quedan en meras elucubraciones demagógicas.

 

Pero volvamos a don Pedro Jiménez. Si es verdad que el motor que anima sus decisiones es la de procurar la igualdad de condición de los seres humanos, sus palabras dicen lo contrario y, lo que es peor, su programa político es una sarta de mentiras. Negar el agua al Partido Popular, según el mismo proclama, constituye toda una exposición de motivos totalitarios. Es la negación de la idea de humanidad y de humanística. Supone la consagración de un ánimo tan parcial y tendencioso que se emplaza en lo nauseabundo. La expresión culmina un proceso antisocial que excluye de la ciudadanía a millones de habitantes. En ese camino, puede vindicar un cordón sanitario que integre en un gueto a los simpatizantes de la derecha. Si profundiza en ese foso infesto, alcanzará la sima más nefasta que vivieron los siglos: la de la inhumación de los distintos, de los discrepantes, de los disidentes, de los que piensan de otra manera. A partir de ahí, ya sabemos el resultado final.

 

No esperaba esto de Pedro Jiménez. Ni siquiera ha mostrado la gallardía de asumir, en su propia responsabilidad, su apoyo al Psoe. Al tiempo que critica, con la boca chica, a la cúpula del chalet del Conquero, se refugia en la base social de izquierdas de este partido para vendernos la burra de un pacto repugnante. Entregar a Petronila Guerrero la presidencia de la Diputación de Huelva degrada al actor al tiempo que desprecia al público. Y da igual que sea Petronila que Caraballo o Juanito el de los palotes. El problema es entregar las llaves del tesoro público a quienes se han gastado hasta lo que no teníamos. Y la rescisión prometida del contrato del palacete no es sino un brindis al sol. Como dice Jesús Toronjo, "una provincia con 82.800 parados no se puede seguir permitiendo el lujo de que la presidenta de la Diputación tire siete millones de euros a la basura en el alquiler de un edificio innecesario". Muy bien, pero muy escaso.

 

Diego ha caido en la trampa de Valderas y Torrijos. Se ha dejado seducir por los cantos de sirena de un posible ascenso en el seno de su partido. Ha tirado a la calle un caudal amasado gracias a un trabajo ímprobo y honrado desarrollado durante años. Ha hecho de la democracia un organismo enclenque, con una relación débil con el cuerpo social. La ciudadanía posee derechos y deberes. Los posee para usarlos y disfrutarlos. Los onubenses han dado un voto de confianza a Pedro Jiménez. No a Izquierda Unida. A Pedro Jiménez. Su mensaje ha calado muy por encima de lo que las encuestas vaticinaban. Ahora, en dos días, echa por tierra la siembra de tanto tiempo.

 

He escuchado a Paco Morán comentar con notable frecuencia y no menor insistencia que votar a IU es votar a PSOE. Participaba bastante de su pronunciamiento mas discrepaba en su rotundidad. Uno pensaba que Pedro Jiménez y otros singulares compañeros de su partido eran la excepción que confirmaba la regla. Paco tenía razón. Me equivoqué. Cambiar la sociedad pasa por ser fiel a unos principios. Reformar el tejido político de este país requiere llegar al Gobierno de manera legítima. En caso contrario, todos somos unos cantamañanas. Y volviendo a mi admirado Engels, recuerdo a Pedro Jiménez que el gran filósofo definía la ideología como el fruto de una conciencia falsa. Pocas veces acertó tanto el amigo de Carlos Marx.

 

Si Pedro Jiménez ha abdicado de la ideología y toma el derrotero de envasar las libertades individuales en el recipiente hermético de las libertades colectivas, entonces hundirá su crédito político en las aguas sucias de la extrema izquierda. Por más que él sea un hombre cabal. En tanto, Mario Jiménez disciplina a sus alcaldables como el tiranuelo doblega a sus huestes. Pedro Jiménez se entrega  al dictador. Y yo le pregunto: qué izquierda es la suya. La suya. No la de Valderas o la de Torrijos, que ya sabemos de qué pies renquean. La suya. La respuesta se escribe en obras que son amores. Obras de izquierda verdadera.

 

Un saludo.

PALACETE

 

De Palatino, palacio. Como vivienda imperial, palacio. Como sede de gobierno, palacio. Palacio como residencia del poder. El palacio y el rey. Usos y abusos. De palacio, palacete. La Academia de la Lengua lo define como casa de recreo construida y alhajada como un palacio, pero más pequeña. Casa de recreo. En la plaza de las Monjas, el palacete del ocio institucional. La institución ociosa su propia sede requiere. De la mullida alfombra de la oficina de Gran Vía al confort recreativo de la joyita modernista. Símbolo de una decadencia. Santo y seña de una praxis corrupta de la política.

 

La gobernanza de la Diputación abre un nuevo capítulo tras las elecciones del 22 de mayo. La persona que ostente la presidencia tiene un reto inaplazable: derribar el becerro de oro de la inconsistencia y de la nadería. Conservar el palacete en el mismo régimen de contratación comportaría más de lo mismo. Delendum est.

 

La que se podría armar. Si el Psoe continúa al frente del organismo supramunicipal, dispondrá de cuatro años para seguir gozando de Villa Deshonor. Por el contrario, si el PP se hace con la presidencia, el signo inequívoco de la voluntad real de una nueva forma de hacer política se ejemplificará en la explosión, jurídicamente controlada, de la residencia imperialista.

 

La poetisa portorriqueña Bibiana Benítez escribió, a mediados del siglo XIX, un excelente modelo de literatura palaciega. Se titulaba “Diálogo”. Su escaso valor literario era compensado, desde las alturas, por su loa a la monarquía española. Con cualidades similares y circunstancias parecidas, Bibiana firmó “La cruz del morro”, un nuevo canto de amor patrio interesado, que revelaba un marcado influjo, cómo no, del honor calderoniano. La cultura al servicio del poder, de éste recibe la dádiva y la lisonja que la crítica niega. La prensa adicta al Psoe ha hecho de la institución su pesebre. Periodismo palaciego al estilo de Bibiana.

 

Querer hacer del palacete de la Plaza de las Monjas un centro cultural es, de origen y de entrada, una falacia intelectual y un monumento a la demagogia política. Se necesita mucho morro y que los clavos de la cruz mortifiquen el diálogo. La cultura palaciega del Hotel París muestra tanto crédito como el de quienes se prestaron a alquilar la Casa de la Bola. O sea, ninguno.

 

Carlomagno revivió en Aquisgrán la expresión romana del palacio. La que fuera “emperaora” debiera arrepentirse de tamaño agravio. La presidencia de la Diputación de Huelva debe eliminar este atributo distintivo de una época nefasta. De inmediato. Hacerlo, o no, pasará factura en las inminente elecciones generales. Es la fórmula del cambio de verdad. Adiós, palacete, adiós.

 

Un saludo.

LA CIUDAD DE LA JUSTICIA

La panacea. La ciudad de la justicia es la solución a los problemas judiciales de Huelva. Construida, adiós a la lentitud, despedida de las obstrucciones, olvido de las dilaciones indebidas, destierro de las faltas de atención a los justiciables, exilio de fiscales progubernamentales, y todo eso. No se lo cree nadie. Confiar la solución de los problemas a la materialización de una sede jurisdiccional, es de mentecatos. La falta de juicio de las personas es la causa principal de los problemas de la justicia.

 

Ahora el ayuntamiento ha puesto a disposición de la Junta el suelo que demandaba para centralizar y modernizar los juzgados de Huelva. Resta por saber qué argumento manoseará en adelante el Psoe para justificar que sus prisas no tenían más intención que la malevolente de atacar al enemigo Pedro Rodríguez. En Huelva, no cabe impartir justicia en condiciones dignas porque el partido popular no cede una parcela acorde a las necesidades, acusaban los psoecialistas. Lo mismo que el Ave nunca llegará a Huelva mientras no se desaloje a los vecinos de Las Metas. En idéntica dirección que los ochenta mil parados de Huelva traen causa de la nefanda política social y económica de Aznar. La casuística de las acusaciones de los componentes de la mesa camilla del chalet de El Conquero se entronca en la más sesuda filosofía de Feuerbach. O de Schopenhauer. Cosa. Oigan.

 

Toca mover ficha a la Junta de Griñán. Debe sacar fondos para edificar ese suelo tan gentilmente cedido por el consistorio popular. La duda reside en si escarbar en algún nidito de expedientes reguladores, si acudir a las subvenciones de cursillitos de formación, si pedir la cooperación de algún filesio suelto, si hurgar en la cueva de los fondos reservados, si solicitar un préstamo extraordinario al amigo Botín, si vender a empresa pública interpuesta el palacio de san Telmo, si recortar un poquito más el salario a los funcionarios o si congelar un par de añitos más las pensiones a los jubilados. Cabe acudir a los presupuestos. O malversar. O dejar de pagar alquileres inútiles. O prescindir de centenares de asesores de la nada. O eliminar gastos superfluos. O aquello en pasta.

 

Despejado el problema del solar, comienza la muralla de convertir el vano en macizo. Cumplido el compromiso por parte de Pedro Rodríguez, se espera la respuesta desnutrida de Petronila Guerrero. Corresponde equipar la desnudez. La Junta tiene un año por delante para mostrar, siquiera alguna vez, que la gente de Griñán no miente. Ya es difícil. Pero la esperanza es lo último que se pierde.

 

La ciudad de la justicia no traerá justicia a la ciudad. Si así fuere, renunciaba a todos mi patrimonio hasta la muerte. Con tal de que la justicia triunfase, lo doy todo. Por la justicia, no mato. Sí cedo.

 

Un saludo.

A POR PEDRO

Las elecciones municipales. Tan cerca. La lucha por la alcaldía de Huelva va a ser cruenta. La política del PSOE a lo largo de su centenaria carrera viene definida, sobre todo, por su ambición de poder, su ansia enfermiza de gobernar, su voluntad a machamartillo -en término de Menéndez Pelayo- de asir las riendas de las instituciones. Ha sido, es, una constante.

 

La crisis que arrostramos y arrastramos es un río confuso cuyas aguas permiten negocios más o menos turbios y bajo las aguas translúcidas, casi opacas, no se sabe si el pez ha sido capturado por un pescador de caña desde la orilla, si a causa de una carga de dinamita, si a consecuencia de un trueque con un submarinista adelantado, o si el pez no es más que un pescado maloliente.. Del discurrir de esas aguas debe estar alerta Pedro.



Sectarios a millares, el Psoe le va a lanzar. La guerra va a ser sin cuartel. La soldadesca está bien pagada. Asesores de todo tipo multiplican sus esfuerzos, sobre todo a la hora de poner la mano. La conquista del Ayuntamiento de la ciudad es prioritaria. Otro revés como el de Parralo traerá el caos a la formación psoecialista. La señora Petronila Guerrero, emperaora del palacete y acaparadora de cargos públicos, no puede permitirse el lujo de ser derrotada. Desgastar al populista Rodríguez es una de las consignas principales. Maniatar a la prensa independiente, la otra. El problema es que, salvo Canal Luz, ningún medio local se caracteriza por esta cualidad. Ayer, El Mundo Huelva Noticias. Hoy ya pasó a mejor vida. Contento indisimulado de la secta. Socavar las gestiones del partido del alcalde, es clave.


  Pedro Rodríguez, alcalde de Huelva, está acostumbrado al acoso. En este país en que la envidia es uno de los grandes pecados capitales, (ver Díaz Plaja), el éxito de este onubense, popular desde la niñez, es motivo de escándalo. ¡Tanto tiempo en la alcaldía! Le han dicho demagogo y populista. Le han tachado de secuestrador del partido popular de Huelva. Le han presionado desde dentro y desde fuera de su propia formación. Le han ofendido gente extraña y gente cercana a su grupo político... Y ahí está, ahí está, con mayorías absolutas continuadas, contando con el beneplácito general de los huelvanos.



No valen excusas. Cuando el PSOE se propone metas, no se para en mientes. Arrasa. Con todo y con todos.  En este contexto, clara la estrategia atacante, el PP debe organizar la defensa. Organizarla con el mismo celo que los atacantes emplean. Organización, señores del PP, organización. El enemigo es fuerte. Sus medios, poderosos. Tómense en serio el asunto. La ciudad de Huelva no puede retornar al pasado más arcaizante. No debe. Dejar el Ayuntamiento a merced de Doña Petronila es una caja de bombas. Fétidas y de otro tipo.

 

A por Pedro. A la meta por Las Metas. A las vías por el apeadero. A Valverde, por la carreterita. A Punta Umbría por los puentes. A Sevilla, por el pez volador. Al mundo, por el aeropuerto fantasma. Al poder, y esto no es una mentira, a por Pedro. El Psoe apunta al corazón. Ojo. La única imagen que defiende es la propia. La imagen de Huelva no entra en sus presupuestos. Salvo para denostar a Pedro, el alcalde. A por Pedro. Contra Pedro. A por el Recre. Contra el Recre. Viva el Recre. Viva.

 

Un saludo.

PERCEPCIONES

 

Que dice Trillo que no. Que no y no. Que el sondeo realizado por el Centro de Investigación Social de la Universidad de Huelva no responde a la realidad. Lo refiere Díaz Trillo.

 

Las declaraciones de José Juan son una bomba de manipulación dialéctica. Se le da bien al señor Trillo lo de hacer poesía. Otra cosa es la política. Salvo su obediencia servil y lacaya al partido que no fue de sus ascendientes, la actividad de Juan José no ha destacado por la eficacia. Ahora que le ha tocado el premio a la docilidad, agradece a su valedor la confianza depositada en su persona y se presta a perpetrar una de las mayores ofensas a la inteligencia del pueblo de Huelva. ¿Ofensa? Sí, ofensa. Afirmar, sin palidecer ni sonrojarse, que nuestra ciudad goza de una gran calidad ambiental, constituye un ejercicio de cinismo sólo equiparable al que despliega el lustroso -que no ilustrado- Pepiño Blanco. Dios los cría.

 

Si la señora Del Castillo colocó alto el listón de incompetencia política en virtud de su defensa del fosfoyeso y del oleoducto Balboa, Díaz Trillo eleva el nivel a la categoría del virtuosismo. Se transita del vahído al espasmo, de la necedad a la estulticia. Sin solución de coninuidad. Aplica Trillo la estadística a sabiendas de su mentira. Mete en el mismo saco a Marismas del Odiel y a las infamantes balsas de fosfoyeso.

 

Los onubenses, subraya Trillo, padecemos de una patología sensorial grave: nuestra percepción no distingue entre lo objetivo y lo subjetivo. Qué tara la de los ciudadanos de Huelva. Mira que creer que los efectos perniciosos de la contaminación son reales. Psicológicos. Las emisiones atmosféricas, los vertidos a los acuíferos y ríos, la polución del suelo, son ensueños. Cuando los vecinos de Pérez Cubillas salen a pasear, no tropiezan con un piélago de fosfoyeso radiactivo, no. Es una inmensidad blanca tan placentera como la nieve pirenaica. Dan ganas de regalarle un par de toneladas a Mario Jiménez para que la cultive en el chalet de El Conquero. Ganas dan.

 

Este articulista se malicia que Díaz Trillo confunde adrede y miente a conciencia. Confusión interesada la suya. O el neoconsejero se pasa de listo o el hombre nos toma por tontos. Perciba, señor Trillo, lo que opina la ciudadanía. Oígala. Reclama más atención a los problemas medioambientales que a la destrucción de empleo. Que ya tiene tela la cosa.

 

Un saludo.

 

 

 

CONTAMINAR Y ESPECULAR


 Aprovechando el descanso de los días finales de octubre, he paseado, largamente, por la avenida que recorre la ría de Huelva, desde un puente a otro. Día soleado. Viento de poniente. Soledad buscada de caminante. Agua remansada y cercana. Silencio apenas roto por algunos automóviles en dirección a la Punta del Sebo, camino de las playas. Paisaje idílico. Idílico, sí, a condición de que la mirada se perdiera entre las ondas del agua y ahuyentara la curiosidad de escudriñar el lado oscuro del camino. Ni el olor azufrado mermó la belleza del cuadro en tanto los humos avanzaban hacia el oriente de la ciudad.

 Por un momento, recordé los años de la infancia. La placidez del paseo entre árboles. El traqueteo alegre del trenecito que cubría aquella ruta. Los bañistas pobres que ni siquiera nos disputábamos un trozo de arena. Las familias numerosas de hijos que daban buena cuenta de tortillas con más patatas que huevos. La hondura de un aire limpio que entraba por la boca y alimentaba. Días de rosa y de pobreza. Días de piedad y dictado. Limpieza no prevenida sino impuesta por la carencia de opciones.

 La vida cambia. Para mejor y para peor. El equilibrio de la balanza nunca resulta gratis. La instalación del Polo químico cumple este año su cuarenta y cinco aniversario. No cabe el felicitar ni el felicitarse. Sí es preciso el análisis de lo que tenemos y de lo que se nos avecina. Desde la encendida defensa de los puestos de trabajo a la contundente respuesta a la contaminación que nos mata. La contaminación oscurece y enturbia. Las crisis de asma y de alergia se agudizan. El fantasma del cáncer se hace corpóreo por más que la oficialidad rechace su presencia con  la misma inseguridad que se rebate a las meigas.

 El paseo por la ría confortó a este articulista. Mas ni por ello sucumbió al viso de historiar y de discurrir jurídicamente. Si esos millones de metros cuadrados que se extienden desde el muelle del Tinto hasta el Colón de Miss Withney perdiesen, algún día no lejano, el cúmulo de polución que destroza nuestras aguas, nuestro suelo y nuestro aire, ¿qué será de ese terreno que dueño tiene? La especulación sería reina, me respondo. No estaríamos ante una milla de oro. No. Ante una legua de platino. La zona es paradisíaca. El suelo, de valor incalculable. Negocio. Lucro. Tráfico. Encarecimiento. Compraventa. Especulación negativa.

 El speculum no reflejará las aguas entonces limpias de la ría. Especular se hará sinónimo único de acaparar. El acaparar, resultado de la codicia de oligarcas sin alma. Al cabo, la contaminación se apoderará de cuerpos distintos. O mejor, de espíritus. ¿Quién pone el cascabel al Balboa que viene?

 Un saludo.

ASTILLEROS. UNA MÁS


 El tejido industrial de Huelva es un paño que se deshilacha por momentos. El Polo Químico, apenas una hebra, un fleco. Para muchos, un trapo. La construcción naval es la nueva fibra que se desprende. El sector secundario se desangra. De forma paulatina, pero incesante. Se desangra. La amenaza del oleoducto Balboa preconiza una hemorragia imparable.

 Hoy toca el turno a Huelva. Se veía venir. Era cuestión de tiempo. Lo peor de los problemas es el no hallazgo de soluciones. Haberlas, las hay. Sólo que los encargados de encontrarlas no ven la viga en su propio ojo. Confunden soluciones con elusiones. Como el avestruz que esconde la cabeza bajo el ala. Eluden. Se esconden. Engañan. De manera continua y contumaz. El ministro de Industria y el Consejero del ramo.  Uno y otro no tienen idea de lo que entre las manos llevan. O si la tienen, simulan como bellacos. El gusto por el coche oficial es orgásmico.

 Astilleros de Huelva marcha a la quiebra. Hoy se manifiestan. Ayer confiaban. Mañana, la protesta subirá muchos decibelios. No existe, hoy por hoy, un plan industrial que permita la continuidad del sector. Los jefes de la NadaJunta de Andalucía piden la complicidad de los sindicatos: "tranquilizad a los trabajadores, que haremos lo posible para mantener el empleo". Enorme la NadaJunta y descomunal la JuntaNada. Como en Delphi. Su incapacidad es equiparable a su cara de piedra granítica. ¿Cuánto cuesta retrasar el estallido social en Astilleros? Dos meses, tanto. Seis meses, el triple. Un año, no hay dinero para detener tanto desencanto laboral. Dentro de un año, la explosión.

 El testaferro/cacique onubense del gran hacedor psoecialista en Huelva es don Mario Jiménez. Ya comienza a repetir la retahíla de consignas que le llegan desde Madrid.  Luchamos por los trabajadores, es el sonsonete a pregonar.

 Don Mario, con el permiso de Luciano y el disgusto de Puente, ha nombrado a una destacada profesional para dirigir una Oficina técnica de la Nueva Estrategia de Consolidación y Diversificación Industrial de la Aglomeración Urbana (NEIIH). Que sí, que sí, que así han bautizado a la oficinita mágica. La designación de García Prats, María José, al frente del camarote de los hermanos Marx está bien pensado. Se trata de una reputada profesional a la que se adjudica una misión imposible. Mientras la queman, las cortinas de humo ocultarán la realidad de una industria depauperada, andrajosa, mendicante.

 García Prats es una mujer valiosa y tenaz, como pocas. Milagros no se le conocen sin embargo. La taumaturgia es aplicable a divinidades y santos. En ese escalafón no entra la incansable María José. Ella ha aceptado, en cualquier caso, el papel. Con todas sus consecuencias. Es el precio de las servidumbres del Partido y de los partidistas.

 Otra cosa, no. Pero echar balones fuera, variar las reglas del juego en pleno partido, propagar bulos y meter en la hoguera a quienes convenga, en eso es maestro Javier Barrero y buen discípulo su escudero Mario Jiménez. Las culpas, a la empresa, que se ha puesto las botas. Las disculpas a la JuntaNada, que, con su apoyo institucional a la empresa, ha colaborado en el bolsazo de ésta. El PSOE es bueno y honrado, corean. Los empresarios, despiadados, gritan. Los directores de oficinas fantasmas, incompetentes a los que se recompensará en un futuro si se inmolan "comme il faut".

 En Gijón, la historia se repite. En Asturias, como en Andalucía, se comienza por negar la mayor: los Astilleros poseen un enorme potencial. Pasividad malsana de las administraciones socialistas. Como en Andalucía. Pasividad cómplice. Todos saben que si hay algo incontrovertible es que la relación calidad-precio de nuestros astilleros no puede competir con la de los constructores coreanos, chinos o japoneses. El mantenimiento de la industria naval es posible, en exclusiva, gracias a los impuestos de los españoles. Para eso, ZP y la Ministra Elena "confiscación" Salgado suben el IVA y lo que se les antoje. La vergüenza, sin embargo, roza mínimos.

 El panorama es espectacularmente tempestuoso. Zapatero sonríe. Todo radica en el cambio climático. El día que se consolide la Alianza de civilizaciones, lograremos la competitividad que hoy no tenemos. ¿Cómo estás, Barack? ¿Qué pasó José Luis? Aquí mi esposa y mis hijas. Un placer. ¿Y España? Muy bien. Mejor que nunca. Un caramelito.

 Fotos, no. Aborto, sí. Tejido industrial. Emperador desnudo.

 Un saludo

VALDOCCO

Por segunda vez en pocos meses, empleados y representantes de Valdocco se van a manifestar ante las puertas del Ayuntamiento de Huelva. Se les adeuda una cantidad cercana a los 440.000 euros.

 La obra social de esta fundación es importante. Su reconocimiento popular, también. Prueba de ello es que entre los patronos de esta institución se halla el propio consistorio onubense.

 La anterior manifestación en demanda de pago tuvo visos de manipulación grosera. Algunos manifestantes alentaron actitudes violentas que se tradujeron en empujones, carreras, insultos y ofensas al equipo de gobierno. Parece ser que, entre ellos, el familiar de una edil socialista. Parece ser.

 Este articulista siempre ha defendido la rebeldía pacífica contra las instituciones cuando éstas no cumplen sus funciones ciudadanas. La Fundación Valdocco realiza un más que notable trabajo en pro de los onubenses más jóvenes y desfavorecidos. Cualquier falta de ayuda a quienes se dejan la piel de este objetivo, me parece una actitud oprobiosa, merecedora de repulsa. Siempre consideré al alcalde de Huelva un político de gran sensibilidad y muy vinculado al pueblo. Pedro Rodríguez tiene más alma de socialista solidario que todos los psoecialistas juntos. Pedro Rodríguez debe saldar esa deuda ya. De esta manera, obtendrá un doble éxito. De una parte, satisfará las necesidades de una institución benéfica para la sociedad. De otra, dará una "guantá" sin manos a los componentes del PSOE que quieren resarcirse de la lección de civismo que le han dado los bomberos del consorcio provincial.

 La crisis económica tendrá todos los picos que se quiera. Uno de los aspectos prioritarios en esta época es brindar a las organizaciones sociales volcadas con los desfavorecidos la cooperación que precisan. Es justicia. No es caridad. Es respeto. No es tolerancia. Es sentido de la equidad. No es demagogia.

 Un saludo.



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