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Francisco Velasco. Abogado e historiador

RIDÍCULO DE MIEDO

 

Refería en mi artículo de ayer el encontrocillo entre Psoe e Iu de Andalucía por un quítame allá unas viviendas para los pobres desahuciados. Unos más desahuciados que otros a tenor de la prisa de la izquierda de la fila de los mancos en la película porno de la ley desnuda y violada.

 

Cualquiera que conozca la política de la Junta a lo largo de treinta y tantos años de (des)gobierno, no alberga duda acerca de que los principios nada valen cuando los fines son manifiestos. El fin de la coalición de Susana y Valderas es el poder y lo que el poder conlleva. Los medios para alcanzarlo y, sobre todo, para no perderlo, son "peccata minuta".

 

Doña Susana desposee de la competencia de vivienda a Dª Elena a las seis de la tarde y, veinticuatro horas mediante, le devuelve el chupa chups, no sea que el tirón de pelos comporte una zozobra en el barco cargado de mangantes que surca los mares de la administración andaluza.

 

Izquierda requeteunida se sale con la suya. Psoe superlativamente acongojado, se la tiene que envainar. Es el síntoma inapelable de un diagnóstico: el mal del ridículo. Pero no es que se tenga miedo al ridículo, que ya está superado. Es el ridículo del miedo. Esa enfermedad es muy grave. Convierte a los afectados por la patología en gusanitos mentales que arrastran sus ideologías por la charca fangosa del "hay que quedarse como sea". 

 

Dignidad, la mínima. Opaíto.

 

Un saludo.

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