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Francisco Velasco. Abogado e historiador

YO NO HAGO HUELGA. ¿Y VD.?

 

 Ni piquetes ni la madre que los parió. No hago huelga. La cosa está como para saraos. Seis millones de parados se escandalizan por ello. Los convocantes del 29-M, no conformes con el estropicio en el empleo, quieren humillarlos un día más. Es que tienen la sensibilidad de las hienas.

 

No hago huelga. El país no puede soportar más lastre. Toxo y Méndez son los comandantes de un ejército de mercenarios que cobran del Estado y sirven a los sindicatos. Tiene narices. Los críticos con la oligarquía de la tierra y del capital se despachan a gusto con el caciquismo de los liberados. Si es que no son más fascistas porque no se entrenan. A punto de echar el cierre, los demagogos de CC.OO y UGT animan a no invertir. Los consumidores, que no gasten, que se queden en casita porque a los trabajadores de los pequeños comercios y de las grandes superficies les sobra el dinero. Hoy no venden, mañana no cobran.

 

Eso sí, desde bien temprano, los bares abiertos. Que no les falte un café con tostada y un pucherito a los piqueteros. Bote de pintura en derecha y atascador de cerraduras en izquierda, los representantes de la minoría se erigen en arquitectos del descontrol. Habrán ensayado la pose de la foto en el cortinglés. Cierran unos minutos las persianas metálicas, y perpetuada la imagen, hala, a abrir que ya han cumplido. Viven de estadísticas y nos matan con datos falsos. Tienen respuestas para las censuras y no preguntan a nadie. Les viene en gana decretar un paro en el país del desempleo.

 

No hago huelga. Sí pido respeto. Para aquellos que les sale del alma ir a trabajar. Para quienes disienten de actos violentos y bronquistas. Para los que se atreven a desafiar a los matones de esquina. Para los que llaman esquiroles. Por supuesto, para los huelguistas de buena fe y actitud pacífica. Un país es libre si todos ejercitan sus derechos en paz.

 

Pero yo no hago huelga. Si me quieren dar una paliza o pegarme un tiro, ya saben dónde me encuentran. Después de vivir mis primeros veinticinco años de vida en la dictadura, los totalitarios de aquellas fechas nada tienen que envidiar de los soviéticos que se declaran demócratas. Una leche de demócratas. Estalinistas de tomo y lomo.

 

Así que, ya saben, por si no lo he dicho, que yo no hago huelga. Porque no me sale de mi Constitución.

 

Un saludo.

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