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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LAS DE CAÍN

 

 La cosa está mal. El equipo habitual del desgobierno ha emitido un  nuevo parte. España progresa adecuadamente. Adecuadamente a los matarifes de las Administraciones de las romerías, verbenas y enchufes. Doña Elena Salgado pasa la pelota al infiltrado Valeriano. Éste, previa consulta con Cándido y con la aquiescencia de los indignados patéticos, banderillea la reforma laboral y pega un estoconazo en el bajo vientre al astifino de los funcionarios. Desde estas páginas, este analista vaticinaba un septiembre tórrido, pero fresquito en relación con el otoño/invierno que se nos venía encima. Fácil la predicción. Basta ponerse las pilas y repasar los artículos de los trencillas primeros espadas de los distintos medios/instrumentos de comunicación/tergiversación.

 

El futuro de los trabajadores todos está comprometido. El salario de los que pueden trabajar pende de un hilo. La pensión de los jubilados tiene el equilibrio del canto de un euro en día de tempestad. El estado de bienestar ha fenecido. La cuadrilla zapateril que ahora regenta el mago Rufiáncaba ha puesto la puntilla a decenios de avances sociales. Sin embargo, el matador sin alternativa culpa al respetable de la matanza del animalito. Manos arriba, esto es un atraco. Han cogido la hucha y la han desvencijado. No se devuelven entradas. Se abre la taquilla para la becerrada del próximo veinte de noviembre. Reservado el derecho de admisión. O se aplaude al candidato del GAL o no se entra.

 

Las empresas privadas entonan el réquiem. Los ochocientos mil directores de las bandas públicas atemperan los gritos con pasodobles toreros. Mi Huelva ya no tiene una ría. Que no, que no la tiene. Los altos cargos muestran su bien cubierto riñón. Audis de lujo y Mercedes todoterreno. Los recortes, para los tres millones de indios que aprobaron la oposición. Serán desgraciados que son capaces de quemarse las cejas mientras Griñán los cuela a millares por la puerta de atrás. En Madrid, se cerca a Esperanza. En Andalucía, Chaves y Griñán saludan desde el centro del coso. Dónde va a parar. Cómo va a ser igual un recorte del PP con una guillotina del Psoe. La mala leche de los populares es infinitamente superior a la putrefacta baba de quienes cortan cabezas. Por favor. La izquierda decapita pero con buena fe. La derecha quita de acá y de allá pero con toda la maldad. La derecha es Caín. La izquierda, Abel.

 

Lo que pasa es que los hechos son tozudos. Aplastan a las palabras cuando éstas carecen de sustancia. La izquierda que se dice Abel es, en realidad, cainita. Los cainitas veneraban a Caín porque el dios de los judíos reprobó a este personaje bíblico. Forman una secta con gran número de partidarios. El llamado Evangelio de Judas no es sino el mensaje de los cainitas gnósticos que despreciaban a Abel por ser débil. La debilidad es la coartada de los lobos. Ya lo dijo el Papa Juan. Los ciudadanos medrosos siempre serán víctimas del predador sin escrúpulos. Estamos pasando las de Caín porque, en verdad, somos Abel. Y lo repito hasta la saciedad. Hermanos, sí pero no primos. Buenos, sin duda; tontos, no. Y así.

 

La moda otoño/invierno circula al ritmo del tiempo político. Y créanme. Desértico. Flama de día y gélido de noche. Una delicia, vaya.

 

Un saludo.

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