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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA MONARQUÍA FEDERAL

 

Los candidatos del Psoe se están dando un baño de pequeñitas multitudes por los territorios de la España que quieren, ahora, federalizar. Las pequeñitas multitudes se ven poco entusiasmadas con los aspirantes y con sus programas de andar por casa.

 

El buenismo de sus mensajes induce a pensamientos malévolos de resurrección del fantasma de la ópera bufa del Plan E. Se quiere eliminar a Zapatero pero su recuerdo impregna la sangre de los dos contendientes más jóvenes. De aquí a mediados de mes, disponen  de un corto plazo para convencer a su perplejo electorado militante de que el cambio va por buen camino y que la regeneración es posible. Lo tienen crudo. Cuando los sujetos de la empresa tienen escasa fama de emprendedores y cuando sus promesas son tan pobres como su escaso recorrido privado, el pescado está ya vendido. Nada que hacer.

 

A falta del pan que mitigue el hambre, las tortas de la obesidad. Que si la izquierda, que si la transparencia, que si la lucha a muerte contra la corrupción, que si con ellos la derecha está derrotada, que si la reforma de la Constitución, que si la federalización del Estado, que si la monarquía. No hay más que rascar.

 

Uno de ellos, acaso el más joven de los tres, considera que convertir a España en un Estado federal es la solución a todo. Y que el nuevo rey debe ser ejemplar, por lo menos un poquito más que algunos presidentes de la vecina Francia donde la república ha tenido como cúspides a unos cuantos modelos a no seguir.  Se necesita ser lelo.

 

Todos saben, a estas alturas de la política, que la verdadera reina del Psoe es andaluza y se llama Susana. Nada es de destacar en su papel de mandamás de Andalucía, pero oigan qué bien se lo ha montado para aparecer como las hadas madrinas que conceden deseos con su varita mágica. Con los mimbres de la padrina/madrina, el cesto está condenado. Lo mismo que el de los tres eran tres sucesores de Rubalcaba.

 

Con lo de la monarquía federal está todo dicho. Felipe VI sería más rey de Extremadura que de Cataluña y menos monarca de País Vasco que de Asturias. Catalanes y vascos se han empecinado en sus reinos taifas. Y como la música suena ruidosa, para qué más letra.

 

El que no se conforma es porque no quiere. Si la España autonómica se ha convertido en un carajal, la temida España federal será un caos inasumible. Y ya saben lo que dijo Goethe sobre el desorden generalizado.

 

Un saludo.

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