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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TELE-VISONES PÚBLICAS

 

 

Me da igual que sean nacionales, autonómicas o municipales. Son públicas. Invita el gobierno turnista/tunante y paga el contribuyente. Así cualquiera. La televisión es un inadmitido tele-visón. Lujo de piel a costa de sacrificio.

 

Si las televisiones ofrecieran la cultura, la educación o los servicios sociales que no prestan las privadas, pues habría que ajotarse y subordinar el déficit al interés general. Pero, quiá. Desde TVE a Canal Sur pasando por ETB o TV3 y recalando en los engendros televisivos de cientos y cientos de ayuntamientos, el interés es particular, privado, colocado a las órdenes del grupo dominante a fin de mantenerse en el poder a cambio de una manipulada propaganda electoral. El debate no da para más. La estructuración de la democracia subvierte sus propios valores. Lejos de formar la voluntad del pueblo, se deforma adrede. Si hay déficit, pues que bien, que el turrón supremo pase a las manos blancas. Que para televisiones artificiosas, clausuras razonadas.

 

Cómo es posible que en Andalucía, donde el paro es un funeral interminable, la Junta de Susana Díaz aporte cientos de millones de euros cada año al canal cumbre del folklore más rancio. Cómo se puede consentir una empresa de este tipo que arroja pérdidas anuales superiores a los tres mil millones de pesetas. No hay más solución que desmantelar este pésimo servicio público. Por mucho que las críticas dejen tocado al partido de marras y de morros. Ya está bien de cargar con el problema de medio millón de empleados públicos que atiborran las plantillas de empresas públicas, consorcios, sociedades o fundaciones.

 

Si desaparecieran todas las televisiones/televisones públicos, todos, nos ahorraríamos seis mil millones de euros al año y nos liberaríamos del sonrojo creciente de sus contenidos. Una televisión no es un hospital o una escuela o un centro de acogida. La sanidad y la educación públicas son esenciales. La televisión, no. Por el contrario, es un agujero económico, una nebulosa estelar y una noche oscura de mala suerte.

 

El ejemplo forzado de la tele valenciana debería marcar la senda de lo que ha de venir. No se puede seguir gastando en lujos y fastos el dinero de médicos, farmacias y desempleo. No hay derecho al trinconeo de los políticos.

 

Si hasta ahora no ha existido control, llegado es el momento de hacerlo. Por encima de los partidos en el poder. Si hay déficit, cierre inmediato. Todos a la calle. Y los responsables de los déficits inexplicables, un proceso y si cárcel, cárcel. Que ya está bien que bien está. Y que el 2014 nos traiga estabilidad. A todos.

 

Un saludo.

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