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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LOS DEFENSORES DE QUÉ PUEBLO

 

 Hay instituciones que me dan la risa. Entre ellas, la de Defensor del Pueblo. Para desternillarse. Ni defienden al pueblo ni sirven al pueblo. Ni se oponen a la Administración ni paran los pies a esa Administración. Ni sus dictámenes vinculan ni sus informes son tenidos en cuenta. Tienen menos fuerza ejecutiva que los defensores de las compañías de seguros. Al final, el ciudadano tiene que librar la batalla por sus derechos en la sede judicial. Al cabo, guste o no, el juez es el que tiene la última palabra.

 

Rajoy ha propuesto eliminar la institución. Mal hecho. Cómo se explica, entonces,  la crítica precedente. Se explica por aplicación del pragmatismo. A la luz de las consecuencias prácticas de lo que habría de acontecer, pongo el énfasis en el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida. Eliminar, al igual que prohibir, es un verbo que no me gusta conjugar. Prefiero revisar, matizar, modificar, alambicar, pulir e incluso quintaesenciar. 

 

El aumento de recursos a la institución no va a incrementar su eficiencia. Por tanto, se disminuyen y santas pascuas. Se comprobará, a la sazón, que los resultados siguen invariablemente inanes. A ver quién se acuerda de la función desempeñada por Ruiz Giménez. Nadie. Ni de lo que hicieran después Gil-Robles, Álvarez de Miranda o Múgica Herzog. Nadie. Y de lo que lleva a cabo la señora Becerril, lo mismo.  Pues eso. Rebajen sus nóminas a la décima parte, disminuyan sus dietas en la misma proporción, adelgacen los gastos en idéntica cantidad y, ale hop, las mañanitas del rey David. A cantar la serrana a otra parte. Verán dónde acaban las ínfulas defensoras de estos señores/esta señora y de la pléyade de funcionarios que rodean a la figura torera.

 

En cuanto a las Comunidades Autónomas, la misma medicina. Son  ganas de inflar el globo/vaca del gasto. Tanto aire termina por hacer estallar el aerostato. Análoga acción  a desarrollar con las cámaras de cuentos/cuentas  o con los órganos consultivos/despectivos de las Autonomías o con el Consejo de Estado civil soltero/colocado y con tantas otras entidades ridículas por la eficiencia de su rendimiento.

 

Más recursos a la justicia. La defensora del pueblo es la Justicia puesta al servicio rápido de la ciudadanía. Más dinero a la educación. Más profesores que se hagan responsables de las causas del fracaso escolar y de la excelencia docente. Fuertes inversiones en sanidad. A base de una organización eficiente del sistema. Y así. Racionalizar es la clave. Control, la contraseña. Regulación, la superestructura. Capacidad, la exigencia de los directivos. De esta manera, se defiende al pueblo. No al estilo Becerril o a la usanza de Chamizo.

 

Un saludo.

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