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Francisco Velasco. Abogado e historiador

CESANTÍAS

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El asunto de las cesantías vuelve a cobrar actualidad. Carlos Dívar, expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo general del Poder Judicial, aireó el concepto en la medida que reclamó una indemnización tras abandonar sus cargos institucionales después de dos años de gestión. Se trata de un asunto legal. Las normas dan derecho a que altos cargos públicos cesados/destituidos puedan cobrar, durante 24 meses, el 80% de la retribución que percibían. La dureza de la ley es soportada por el universo de curritos. La blanda molicie de la misma acompaña los dulces sueños de la élite.

 

El legislativo hace de las suyas. Normas como las presentes nos cuestan un ojo de la cara. Los contribuyentes tenemos que pagar el sueldo al cargo entrante y, además, recompensar al saliente con un pastón. Lo de siempre. Ley del embudo. Lo estrecho para el común, para la muchedumbre.

 

Alejandro Dumas puso en boca de uno de sus personajes la expresión “vientos de Fronda”. Constituía la expresión verbal de un pueblo indignado contra los estamentos dominantes de la Francia del Diecisiete. Los movimientos insurreccionales de la Fronda marcaron la regencia de Ana de Austria y la minoría de edad de Luis XIV, el Rey Sol. Los sublevados parisinos portaban hondas o tirachinas, de ahí la "fronde", para levantarse en defensa de su derecho a la supervivencia frente a  los poderosos que les sojuzgaban.Ni siquiera eran ciudadanos. Simples súbditos. Y pese a ello, orgullo.

 

Hoy, los vientos de Fronda amenazan. Una crisis como la presente demanda medidas más distributivas que las emprendidas. Los individuos al frente de instituciones nacionales, autonómicas, provinciales o locales no pueden seguir encaramados como subvencionados gorilas en la niebla en la copa de sus árboles inalcanzables. Basta recordar la sublevación de los mineros asturianos en pleno auge del franquismo. Los ciudadanos no podemos contemplar impasibles como se marcha la vida ni como se viene la muerte tan callando, que diría Jorge Manrique. La actual situación de abuso por parte de las organizaciones políticas, empresariales, sindicales y financieras no puede prolongarse un minuto más. Hay que cortarla de raíz.

 

En este sentido, las cesantías. Me duelen las excusas del señor Castro, parlamentario de la Izquierda Unida de Valderas en Andalucía. Supedita la iniciativa de su partido a eliminar las cesantías a la presentación de una moción similar por parte del PP en el Congreso de Diputados. La lógica de este político se incardina en la falsa ideología de los burgueses que aman las libertades siempre que sus derechos particulares no se vean afectados. Se necesita ser cretino y/o demagogo para lanzar mensajes de esta laya. Mientras la discusión bizantina se acomoda en  el seno de esta casta, los de siempre arriba y los de abajo siempre. No hay izquierdas ni derechas en esta partitocracia antidemocrática. Hay sujetos privilegiados y vulgo canalla.

 

Si tuvieran, derechas e izquierdas, un poco de respeto al pueblo, ni cesantías ni leches. Ni privilegios ni prebendas. Respeto. Que no existe. Y, sobre todo, más predicable de los popes de la izquierda siniestra que hablan mucho de igualdad y de solidaridad y sólo cogen la fronda cuando el bolsillo, su bolsillo, se vacía. A partir de esa coyuntura, qué digo vientos, vendavales.

 

Así nos luce el pelo, el poquito que podemos conservar.

 

Un saludo.

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