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Francisco Velasco. Abogado e historiador

ALMONTEÑO BELLA

 

 Bella, exalcalde. Ayer, imputado. Hoy, procesado. Queda por ver. La Huelva del período democrático se ha entregado al psoecialismo. El psoecialismo ha acogido en su seno a los que se arrojaron en sus brazos. Mas no a cambio de nada. La ofrenda electoral ha costado muchos millones al pueblo onubense. Los alcaldes del partido montaron cajas de caudales con los números cambiados. Doy dos, decían, recibo ocho, comentaban, y me quedo con veinticuatro, sentenciaban.

 

Desde Almonte a Bollullos, pasando por Cartaya o Ayamonte, los ediles del Psoe de Huelva se creyeron que todo el monte era orégano. El eje de conexión primario era el chalet del conquero. Sin embargo, el centro de operaciones radicaba en la Gran Vía. El dinero que se ha perdido en florituras y en negocios imposibles. La gente que se ha aprovechado de estos rockefellers de vía estrecha merced al precio de votos comprados.

 

El cachondeo de los sobreprecios en la compra del campo de golf de Matalascañas no es un hecho singular. Se repite más que el potaje de alubias con ajos. A inicios de la década de los ochenta del pasado siglo, se inauguró un colegio público en el barrio de La Orden alta. Un centro coqueto y resultón aunque con carencias. Nadie entendía estas deficiencias en un inmueble que costó un puñado de millones de pesetas de entonces. Pero bueno. Al equipo directivo correspondió arreglar el entuerto. Como ejemplos, dos.

 

Ahí va el primero. La colocación de la valla perimetral que circundaba el patio de recreo fue tasada por la Delegación de Huelva en un millón de pelas. La gestión de la obra por parte de los profesores bajó el precio de la misma a trescientas mil pesetas. Cómo era posible esa diferencia. La respuesta es contundente: nadie se llevaba un duro en comisiones, hucha de militantes o copitas en el burdel de Cardeñas. Las cuentas, claras, muy claras.

 

En cuanto al segundo botón de muestra, el mobiliario. El Delegado, del Psoe por supuesto, porque en más de 30 años el PP no ha tocado bola de los cargos institucionales de la Junta, el delegado, digo, envió un par de camiones con pupitres usados extraídos de restos de otros establecimientos docentes. Rechinaba el mueble usado en un edificio recién construido, pero doctores tiene la iglesia. Sin embargo, las paradojas forman parte de la sempiterna sospecha de malversación. Las sospechas se convirtieron, no obstante y pronto, en certezas cuando el máximo responsable de la educación provincial trasladó al director una factura de 25 millones en concepto de mobiliario nuevo para plantar en ella el recibido y conforme de la operación. Ni que decir tiene que el probo funcionario, apoyado por el claustro y la asociación de padres, se negó en rotundo a suscribir un chanchullo como el que se proponía.


El fondo de reptiles no es un argumento exclusivo de los expedientes de regulación de empleo. Vaya que no. Si alguna vez se hubieran auditado las cuentas de las delegaciones provinciales de la Junta, se hubiera descubierto que el deporte provincial de desvío de caudales alcanzaba medallas de oro en cualquier olimpiada de malhechores.

 

Esta vez le ha tocado al almonteño Bella. Antes, al bollullero Sánchez. Y así hasta completar una lista de amiguetes de lo ajeno que predican las bondades de lo público para apropiarse del bien general y evitar que la privada se apodere del botín que han de repartirse los prohombres del partido gobernante.

 

Menos mal que a Chaves, a Griñán y a doña Susana les repugna la corrupción y la combaten. Menos mal. Que si no, la juez Alaya no podría en treinta años con la carga de trabajo que viene soportando a cuenta de estos amantes de la transparencia. Aman la transparencia ajena. Ese amor nada es si se compara con la adoración que profesan al becerro de oro de la opacidad propia. Criaturas.

 

Un saludo.

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