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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LECCIÓN DE ANATOMÍA

 

 Entre las obras maestras de la pintura universal, “Lección de Anatomía” ocupa un lugar destacado. Rembrandt no sólo fue un maestro del barroco sino un genio a la altura de Velázquez y de Caravaggio. A la evidente influencia tenebrista del italiano, el holandés agregó la grandeza de su estilo propio y la minuciosidad y detallismo realista de la escuela de los Países Bajos. Sin embargo, este articulista siempre agradeció su deslumbrante sentido de interpretación de la luz, clara, nítida, precisa, veraz,  inconfundible, por encima de la morbosidad de algunos temas.

 

En su singular recreación de la luz, frente a la viveza cromática de algunas de sus obras, en la que da título a este escrito, la luz es blanquecina. Se trata de llevar al rostro de los presentes la sensación de curiosidad, de atención, de cierta repulsión, de reflexividad, de calma, de serenidad. Es la luz que corresponde a la disección de un cadáver, por otra parte tantas veces manipulado.

 

Manipulación. El escándalo levantado por el hacinamiento de cuerpos de muertos en algunas salas de la Universidad Complutense de Madrid se aparta de la estela única del arte y se adentra en la fosa común de los que convierten a los seres humanos en despojos inservibles e inútiles que se arrojan en cualquier parte como basura inmunda que son. Escándalo. Lección infame. La poderosa universidad del siglo XXI se aleja de las carencias morales y religiosas del Diecisiete. Entonces, la medicina avanzaba a ritmo de cirujanos sacamuelas  que llevaban a cabo medidas desesperadas en tiempos de desesperación. Las enseñanzas de Vesalio en el siglo anterior les venían grandes. Sobre todo, porque el robo de cadáveres hacía de los científicos, ladrones.

 

Las fotografías de la Complutense son reveladoras de qué mundo estamos construyendo. El sótano de los horrores es la expresión indigna de un mundo que relativiza la vida ajena y concede carácter absoluto a la propia. Es el signo de los tiempos en el que los valores se han  momificado entre líquidos putrefactos, vendajes sucios y sangrientas sábanas tumulares.

 

Pero no pasa nada. La lección de anatomía de Rembrandt unía el arte con la ciencia. En una centuria de crisis gravísima. Lo mismo necesitamos de la penuria para impulsar el respeto y el progreso. Igual nos hemos pasado de rosca y el tapón deja escapar el contenido de nuestro pobre recipiente mental. Acaso.

 

Un saludo.

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