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Francisco Velasco. Abogado e historiador

¡PERO NO MENTÍAMOS SOBRE UGT!

 

 Algunos lectores de mis artículos han criticado con saña sus contenidos. Críticas que acompañaron a insultos al autor. Que todo eran mentiras e infundios, vociferaban. No aportaban argumentos que contrarrestaran los mensajes. Era imposible. Las denuncias eran tan evidentes y estaban tan documentadas que las ofensas ad hominem se convertían en la única arma de contraataque.

 

Años más tarde, se ha descubierto la verdad del pastel venenoso. Numerosos altos cargos y afiliados de UGT se han reunido para abordar una regeneración del sindicato. Si se admite la necesidad de regenerar, se acepta la existencia de una conducta reprobable. Si no, de qué. De dicha reunión, que acaso cristalice en un congreso, se sacarán conclusiones. Lo que pongo en duda, a priori, es que haya fumata blanca. Ni siquiera blanquecina o amarillenta. No puede ser.

 

La imposibilidad que manifiesto es subjetiva. Los secretarios generales de cada provincia, de cada región o el jerifalte máximo de la confederación ugetista están pringados hasta el tuétano por las corruptelas descubiertas. Unos, por acción. Otros, por omisión. En consecuencia, la permanencia en la cúpula de estos señores indica la pertinacia de la acción maquilladora en lugar de la actuación quirúrgica obligada por el alcance de la enfermedad.

 

Regenerar pasa por activar el desarrollo de un proceso que restaure las células, el tejido, el órgano y el cuerpo heridos. La regeneración es un antónimo de corrupción. Hay que detectar la dimensión de la metástasis antes de llevar a cabo medidas invasivas. Un congreso acelerado carece de vocación regeneradora en profundidad. Algunas tiritas, un par de vendas y, hala, a seguir la rehabilitación en casa.

 

La Generación del 98 y la Generación del 27 españolas compartieron el mismo prejuicio pesimista sobre España. Sin embargo, los segundos se decantaron por un procedimiento más científico y objetivo en tanto los primeros se dejaron llevar por connotaciones de calado artístico y literario. No es cuestión de apelar a Joaquín Costa ni a sus siete llaves al sepulcro del Cid. Tampoco de recurrir a cirujanos de hierro. Basta con un bisturí firme por sabia mano blandido.

 

No se trata de volver a confrontar a Espartero con Narváez ni a Zapatero con Rajoy. Sí es necesario comparar a Cándido Méndez con Nicolás Redondo. Uno de los dos es referencia de actitud y de aptitud constructivas. El otro, símbolo de los tiempos zapateriles del enriquecimiento rápido y del relativismo rompedor.


El objetivo es implantar una suerte de krausismo en el que la tolerancia y la libertad se opongan al dogmatismo. El dogma sindical descansa, hoy, en los mismos cimientos que los partidos políticos. Esos cimientos están afectados de males muy graves que tienen su origen en la voluntad de perpetuarse en el poder a costa de cualquier referente ético y legal. El primer paso, pues, hacia la regeneración, transita por el abandono de los cargos vitalicios, la limitación temporal de los puestos de responsabilidad y la ineludible vuelta al trabajo básico. Un problema añadido es determinar cuál era ese trabajo inicial. La mayoría de los dirigentes sindicales de la actualidad carecen del mismo o, si lo tenían, distaba años luz en posición y salario, del que ocupan dentro de la organización.

 

Y claro, eso de volver a Kandara, no está hecho para trepas. Decía Milan Kundera que "Los errores personales no son causa de vergüenza, lo que realmente humilla es que son vistos por todos". Mientras tanto, Susana Diaz sigue subvencionando al personal. Regenerar, sí, si. No se lo creen ni ellos.

 

Un saludo.

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