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Francisco Velasco. Abogado e historiador

APOLOGÍA DE LA “VIRTUS” POLÍTICA

 Escribía Platón en su “Apología de Sócrates”: ¿No te avergüenza, Sócrates, de  verte metido en estos líos a causa de tu ocupación, que te está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida? En la obra, el filósofo contestaba: un hombre con un mínimo de valentía no debe estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte, sino que debe considerar sólo la honradez de sus acciones, si son fruto de un hombre justo o injusto.

 

Los casos de corrupción política en España afloran por momentos. No es que en la actualidad existan más. Es que son más conocidos. La presunción de inocencia no se puede convertir en salvoconducto para la impunidad. Ya que la moral se diluye en el ácido del poder a toda costa, debe reclamarse el amparo de la justicia a fin de que la honorabilidad de los gobernantes permanezca como principio democrático insustituible. En caso contrario, qué más da la dictadura.

 

El presente exordio es fruto del recuerdo a un personaje y de la constatación de un hecho. El personaje es el político José Carlos Hernández Cansino. El hecho se refiere a la lucha continuada del exalcalde de Punta Umbría por llevar ante los tribunales a quienes hacen de su cargo público un palco privado de lujo y se pasan el interés general por el arco de sus más insanas apetencias particulares. 

 

El político, y abogado, Hernández Cansino lleva años metido en el  ejercicio de adecentamiento de los charcos sucios de la gobernanza provincial. A pesar de los obstáculos y por más que le llueven ofensas y agresiones de los afectados por sus acusaciones, denuncias y querellas. No sé cuántos representantes del Psoe han sido condenados, procesados e imputados merced a la postulación de este hombre. Me da igual. Sí me consta que, gracias a su gestión diligente y a sus argumentos fundados, los jueces han debido tomar cartas en los asuntos de presunta y/o acreditada corrupción.

 

Por centenares se cuentan los ataques que ha recibido, sobre todo por parte de los dirigentes del partido de Mario Jiménez. Sin embargo, no recuerdo intervención alguna de la cúpula del Partido Popular en defensa de uno de sus más distinguidos dirigentes. Ni una sola. Cómo es posible esta ausencia dialéctica a sabiendas del fragor de las batallas que José Carlos está librando en soledad. Dónde el apoyo al compañero en asuntos tan trascendentes como el palacete de la Plaza de las Monjas y los litigios contra significados ediles del partido que mueve todos los hilos institucionales en Andalucía desde la Preautonomía. No es explicable.

 

Cuando el pueblo no comprende ciertas reacciones de sus gobernantes, tiende a preguntarse, como el filósofo, la causa última de estas oscuridades. El problema es que no responde como el filósofo, sino como el sofista y, claro, a partir de esta idea la especulación sustituye a la realidad y el bulo reemplaza a la noticia. Mal asunto. Qué problemas internos tiene el PP si en vez de posicionarse públicamente a favor de Hernández Cansino, escurre el bulto y lo deja a la intemperie política y al alcance de sus enemigos políticos. Es más: ante la inminencia del próximo congreso local de Punta Umbría, qué rumbo está tomando el presidente Manuel Andrés González. A este paso, me pregunto si se persigue su apartamiento o, en cambio, se procura afianzarlo en su puesto. Hay dudas y sospechas. Sobre el caso, ambas inseguridades me asaltan y nadie contribuye a sacarme del atolladero emocional. Sería conveniente abrir alguna ventana informativa toda vez que las puertas aparecen herméticamente cerradas.

 

A este respecto, dos avisos a mis lectores. El primero, que nunca he pertenecido al partido, por más que en las últimas legislaturas he sido votante del mismo, especialmente por resaltar la pureza de quienes se han opuesto al rodillo de Petronila, Barrero, Mario y otros adalides de la Huelva opaca. El segundo, que no soy amigo ni socio ni siquiera compañero de copas, comidas o celebraciones. En mi vida me he tomado una cerveza con él. Lo cual no desdice mis simpatías hacia el personaje  en virtud de los méritos acumulados por su forma de hacer política. La “virtus” es tan rara avis que nos toca evitar su extinción.

 

De ahí mi pequeña contribución a la conservación de la especie.

 

Un saludo.

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