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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA CREDIBILIDAD DE LA SEÑORA PRESIDENTE

 

            La nueva presidente de la Junta de Andalucía pertenece al mismo partido que su predecesor y el predecesor de éste. El Psoe es la fuente única de la que mana la gobernanza de un  territorio histórico del estado español. Fuente vieja cuyas aguas, acaso límpidas en su nacimiento democrático, necesitan con urgencia la función  depuradora so pena de que su consumo  acabe por dejar pacientes con insuficiencias renales imposibles de superar.

 

          Susana Díaz es una presidente impuesta. Impuesta por la legitimidad de las urnas. Impuesta por una coalición de políticos que se dicen de izquierdas pero que mangonean con la misma eficacia de las derechas más antisociales. Impuesta por Psoe e Iu a fin de estirar el elástico del poder omnímodo hasta que las elecciones decidan romper la baraja de naipes marcados.

 

      La señora presidente constituye un meridiano ejemplo de las políticas activas de comadreo del partido psoecialista. Activas de desempleo. Activas de recesión económica. Activas de estancamiento tecnológico. Activas de financiación irregular de sindicatos amigos. Activas de subvenciones a entes afines. Activas de generar administraciones paralelas. Activas de recortar los órdenes sanitario y educativo. Activas de impulso al pasotismo. Activas de encubrimiento a corruptos. Activas.

 

        La licenciada Díaz -¿o es doctora, o es qué?- habla de combatir la corrupción con todas sus fuerzas. De qué va. O hasta ahora ha carecido de energía para hacerlo o sus palabras son retórica huera con la que espantar los fantasmas de su alineación con muchos de los sucios dirigentes políticos de su entorno. La bombera ha ejercido un papel destacado en el cuerpo de pirómanos de la transparencia. Y nos quiere vender que, en su calidad de gran jefa designada a dedo, las cosas van a cambiar de forma radical. Seguro. Ya está preparando la salida de todos los conmilitones pringados hasta las cejas. Y va a mostrar a la justicia los informes sobre andanzas de Chaves y de Griñán.  Y va a regenerar la vida institucional de una comunidad prisionera de la demagogia informativa de la televisión pública y de la prensa paniaguada. No se lo cree ni quien asó la manteca.

 

         La credibilidad es una categoría del bien. Doña Susana Díaz tiene la credibilidad de Bárcenas y de los que han permitido la existencia de una vergüenza de este calibre. La credibilidad de un gobierno andaluz, autor, por indiligencia, negligencia o dolo, vayan ustedes a saber, de escándalos de malversaciones millonarias de dinero del pueblo.  A esta credibilidad preliminar marchita que, pese a sus deseos, lastra su discurso de investidura, se une la agregada incredibilidad, sobrevenida, de la oradora. A lo largo de su intervención en el Parlamento, el mensaje resulta ridículo y penoso. Sus esfuerzos son tan baldíos como los de Julio Iglesias exhibiendo su repertorio de cante “jondo”.

 

                Un líder, sea mujer, sea hombre, debe construir su política sobre dos pilares, dos columnas de Hércules: la credibilidad y la confianza. Estos pilares descansan sobre los cimientos de la honradez. Permítanme que cite a Robbins cuando definió la confianza como la creencia en la integridad, el carácter y la habilidad de un líder. Quién puede creer en la integridad de Díaz a estas alturas de su mandato, en su carácter o en su habilidad. Servidor, desde luego, no. En cualquier caso, las creencias, como la fe, forman parte del acervo íntimo de cada uno.

 

                La credibilidad de la señora presidente. Ay.

 

Un saludo.

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