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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL PSOECIALISMO IRREDENTO DE ROSA DÍEZ

 

 Hace años, cuando el Mundo Huelva Noticias de Rafa Unquiles y de otros excelentes periodistas de la plantilla del periódico organizó las conferencias políticas de los viernes en la Casa Colón, durante el invierno y en el Hotel Barceló de Punta Umbría los meses de verano, en nuestra ciudad se vivían momentos cumbres de libertad. Como todo lo bueno, aquello se fue al garete. Primero, las charlas de El Mundo. A continuación, y por efecto rebote, el propio diario.

 

En una de aquellas conferencias intervino Rosa Díez. El patio de butacas presentaba un lleno casi absoluto. El público, entregado, ovacionó a la ponente con todas sus fuerzas. Reconozco que el contenido de su discurso entusiasmaba a la audiencia, sobre todo en una época en que el independentismo cobraba celeridad y el Gobierno se refugiaba en el buenismo zapaterista propio del avestruz. La señora Díez estuvo brillante en la forma y diestra en el mensaje. Al más puro estilo Chomsky.

 

Contra mi costumbre, acepté sentarme en la segunda fila de butacas, a escasos dos metros de la mesa presidencial. A lo largo de su intervención, mientras la líder de UPyD desgranaba su glosario de misivas cautivadoras, yo me acordaba de la que fuera consejera del Gobierno Vasco en su larguísima etapa de militante y dirigente del PSE. Ella hablaba y mi espíritu me conducía a su reciente historia. Mantenía el ímpetu de su mítin y, de nuevo, la cabeza prevalecía sobre mis sentidos y la demagogia de sus palabras no conseguían traspasar la solidez de mi muro de historiador. No hubo manera.

 

Al terminar la charla, el público, en pie, aplaudió a la señora Díez. Servidor se mantuvo en su sitio. Sentado. Ni una palma. Ni una sonrisa cortés. Mi mujer me recriminó el empecinamiento sedente. A la salida, un concejal amigo me lanzó un cariñoso reproche verbal por mi silente actuación. Qué pasa, es que no te ha gustado, me dijo. Todo lo contrario, respondí, el contenido y la forma son muy seductores. El personaje, no. La señora Díez me pareció entonces, y no he modificado mi opinión, una infiltrada del Psoe en las filas del centroderecha con ribetes de izquierda, con flecos de ultranacionalismo español y pañuelos de Versace de la anticorrupción. Pura fachada.

 

Es posible que me equivoque. Sin embargo, su intervención en el Congreso sobre el caso Bárcenas responde a una idiosincrasia propia de la más acendrada escuela felipista, guerrista, rubalcabista y de todos los istas que tanto tienen que ocultar en el mundo del latrocinio institucional y de los asesinatos en las cloacas del Estado.

 

Así que eso, señora Díez. Hay estigmas indelebles.

 

Un saludo.

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