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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TRECE AÑOS DE VAGUADA

 

                A Valderas no lo ponen en la calle. Se va. Abandona la coordinación de Izquierda Unida. Pocas veces una crisis había reportado tanto dividendo a un comunista con capital. Ha chupado de la teta del Psoe y ha aprovechado las malas inversiones del Pp. Gracias a esa habilidad, se ha subido al carro del Gobierno andaluz. A la postre, los grandes dictadores saben que su futuro echa sus raíces en el poder. Cuanto más corrupto, mejor.

 

                Valderas se va. Pero no al destierro de la política como lo hiciera el bueno de Anguita. Nadie lo piense. La comparación entre don Julio y don Diego resulta especialmente odiosa. El cordobés destila coherencia. El de Huelva, mezquindad. Aquel perseguía justicia. Éste siluetea el perfil de la arbitrariedad. Valderas reina en el palacio del sultán de San Telmo. Su vicepresidencia de la Junta es el regalo más espléndido que jamás pudiera soñar.

 

                Izquierda Unida se ha empapado de la política de este señor. La izquierda de verdad se ha untado con las maneras de la izquierda de mentira. La alianza con Griñán, el capo de los EREs, ha supuesto el fin de un partido necesario para la sociedad. Las prédicas de honradez se tiñen de negro fascista. Los sucesores ya visten la saya de Evo, calzan las sandalias de Fidel y atruenan los medios con la voz simulada del fallecido Chávez. Una ola de presagios funestos se abate sobre la España adormecida.

 

                Ni siquiera el valioso Pedro Jiménez posee facultades para devolver a IU el pedestal del que nunca debió apearse. Las ansias por el poder lastran sus intenciones. La democracia premiará sus esfuerzos con un puñado de votos. Pírrico triunfo para quien lucha por cambiar una sociedad. Al día siguiente, o se refuerza el pacto de hierro con los corruptos del Psoecialismo o se merendará los sufragios en la soledad de un desengaño previsto. No hay vuelta de hoja.

 

                Después de trece años de depresión de los valores de la izquierda, nadie aspire sino a escarbar. Ascender la montaña de la transparencia es tarea de atletas de la integridad moral. No conozco a ninguno entre los que se postulan como continuadores de la excavadora de Valderas. Después de tantos años de vacas enclenques, otros tantos de vacas muertas.

 

No hay otra. Ojalá que así fuera.

 

Un saludo.

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