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Francisco Velasco. Abogado e historiador

REPLANTEAR, SÍ, SÍ.

 

 Obras son amores y no buenas razones. El sabio refrán es ucrónico. Sirvió en el ayer más remoto y definirá los actos de la gente una vez que el polvo haya ocultado nuestras huellas. Déjate de palabras huecas y operando, que es gerundio.

 

Mi vicepresidente Valderas es de los que se apuntan al sol que más calienta. El hombre tiene una nariz especial. Huele el peligro con la misma finura con que el poder. Después de la mamarrachada de la comisión de investigación, el izquierdoso dice que puede replantearse el pacto con Griñán después de que la juez Alaya dirigiera la operación policial que ha puesto patas arriba el tinglado de la Junta. Pero cómo ahora y no desde el principio. Si el hedor era insoportable antes. O acaso es que se pensaba el ladino político que la magistrada no saldría de su baja laboral y que el carpetazo judicial era cuestión de pocos meses. Porque de que el escándalo de los falsos EREs era una verdad incontestable, no había duda alguna.

 

Don Diego Valderas es, seguro, un buen hombre y hasta un hombre bueno. En su casa a la hora de comer y entre sus familiares, amigos y allegados. Pero lo que es en el ámbito de la política, constituye todo un ejemplo de trepa y de pícaro que coge la Lanza de ochenta mil euros por si alguna moneda se desliza a su bolsillo. A esto que el líder obrero de Novecento, mister Gordillo de Marinaleda, se deja caer con el satírico epigrama del “no se sabe si se está gobernando con corruptos”. Cómo que no se sabe. Hasta los niños de teta perciben esa realidad mientras amamantan al tiempo que sus madres leen noticias sobre el particular.

 

El Pacto no se rompe. Si imputan a Griñán, que está por ver, lo mismo se erige en el dompelayo de Sevilla y se lía a mandobles con el fatídico Pp que, qué pena, nada tiene que ver con la golfería de los millones y millones de euros escamoteados a los parados andaluces. Se juega mucho don Diego en este affaire indecente. Está gobernando con corruptos desde el mismo momento en que, en vez de tirar de la sucia manta que todo lo tapa, decidió arroparse con ella y a ver qué pasa.

 

No se replantee tanto y plantéese, por una vez, la necesidad de mostrar su imagen de verdadera izquierda. Claro, que lo mismo esa imagen no le pertenece. Obras, amores. Para estupideces verbales, ya pronunció suficientes.

 

Un saludo.

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