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Francisco Velasco. Abogado e historiador

HIPOTECAS VERDÚ

 

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 Me parece mentira. Maribel Verdú es una actriz admirable. En algunas películas ha realizado interpretaciones excepcionales. Con momentos únicos. Me parece mentira.

 

Maribel Verdú, como tantos otros compañeros de bambalinas y focos, se lanza a la piscina llena con la sangre de los españoles pobres. Y claro, flota. Se erige sin rubor en paladín paladina de los desahuciados. De esta manera, logra su mejor papel. La Gala de los Goya va a consagrar a esta fenomenal artista. Su representación, sublime. Su sentido de la declamación, memorable. Su indumentaria, sencilla, propia de los tiempos de crisis. Ideal para compartir pancarta y calzada con manifestantes. Maravilla de mujer.

 

Los gestos de su cara denotan su cualidad de eximia mariaguerrero o de incomparable margaritaxirgu. Una cosa. No se le cayeron los anillos al pronunciar su discurso de mujer agustinadearagón. Al frente de la tropa de cineastas, levantó su copa y brindó por la paz, la prosperidad y la buena vida. La suya, desde luego. Y la de sus compañeros cómicos.

 

Desconocía su faceta de vendedoras de enciclopedias y de hipotecas. Me quedo con esta última. Doña Maribel Verdú apostata, de súbito, de su cercanía a la gran banca y, afligida cual Magdalena impenitente, se rasga las vestiduras y nos muestra su cuerpo desnudo bañado en oro. Momento mágico. La Verdú en cueros supera cualquier espectáculo. El oro de la hipoteca de los bancos cubre su arquitectura carnal. Su estilo sutil y sibilino obró el milagro. Consiguió lo que otros ambicionaron pero nunca alcanzaron. Convenció a miles de españolitos de a pie a endeudarse hasta las sienes. Los aplausos por la gesta resuenan aún en los reales de la capital y de las provincias.

 

Hipotecas Verdú. A por ellas. Están respaldadas por la gran Maribel. A por ellas. Los afectados por la publicitaria gritan contra los bancos. Inocentes. Los bancos son los padrinos. Entre las muchas novias y novios, la Verdú es la primera. Diríjanse a la moza. Pídanle explicaciones. Cómo se atreve la señora a poner en su boca de marfileños dientes las frases revolucionarias de todos a las barricadas. Ni que perteneciera a la estirpe Bardem o Almodóvar, pobrecitos de solemnidad que comparten sus pocos cuartos con el vulgo menesteroso.

 

A por ella. Por la Verdú. La gran vendedora de hipotecas a desahuciados cinéfilos. A por ella. Que viva ella y que siga viviendo de sus ventas.

 

Un saludo.

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