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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL MACRÓFONO

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Sé que no existe. Que el diccionario se refiere a micrófono. Pero el método seguido por la agencia de detectives de Barcelona ha tenido tal repercusión mediática, que me he permitido la licencia.

 

El caso de espionaje en Cataluña me retrotrae a la época franquista más dura. Entonces no se necesitaba micro para enterarse de todos tus secretos. Un par de zurriagazos te liberaban, de golpe, claro, de las intimidades más ocultas. Se cantaba ópera partiendo del "jondo" lamento de tus desdichas presentes y por llegar. Verdaderos especialistas en la materia hacían trabajitos de una fineza impar. Alguno de aquellos "coach" de la voz vive todavía y pasea su figura señera por calles y plazas de la capital.

 

No hablo de tortura en esta fecha aunque haberla, como las meigas, estoy convencido de que la hay. Hoy día, el suplicio viene después de sacarte la manteca de tu pensamiento y de tus confesiones. Te ponen un artificio de sonido en un florero y una cámara de video en la esquina de una lámpara y te sacan el personaje que llevas dentro. La Camarga es un ejemplo de restaurante utilizado para estos menesteres culinarios de recónditas entrañas. En el comedor, poco social y sí muy socializante y catalanista, los clientes gustan de decirse verdades que no confesarían a su madre. Mucha la fuerza de un buen manjar y de una espirituosa copa, o botella, de vino.

 

El suplicio, decía, viene después. Grabada la conversación, la cinta vale millones. Depende del caché del político o del famoso. Parece ser que desde el ministro del Interior al comisario europeo están en el catálogo de videos en venta. Tremendo. Mientras, la policía camina detrás de la noticia. Las sempiternas mangas verdes.

 

La democracia por la que tanto luchamos nos la han convertido en un vertedero inmundo. Me consuela que, a pesar de todo, seguimos dentro de su seno. Lo que me malicio es que, a este ritmo, se nos olvide que la forma es consustancial al fondo. Si falta la primera, el segundo se llama dictadura negra. En cuyo caso, necesitaremos megáfonos para que nuestro grito de alarma llame a la defensa general de nuestras libertades.

 

Si los franquistas levantaran la cabeza, se apuntaban a las prácticas de los contratistas de método 3. Mucho más barato y menos sangrante. Dónde va a parar.

 

Un saludo.

 

 

 

 

 

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