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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA DECISIÓN DE AZNAR

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Lo celebro. Contra la fiera salvaje del deshonor, la espada de matar. No caben banderillas ni pases de salón. Mientras Esperanza Aguirre da rienda suelta a su verborrea por todos los medios que la invitan, Aznar se mantiene fiel a su carácter y a su estilo. Si los buitres que revolotean en el caso Bárcenas, quieren devorar las entrañas del animal malherido, no hacen sino seguir los mandatos del instinto. No pidan al escorpión que no aguijonee. No obstante, los carroñeros tendrán que limitar su voracidad no sea que el león se sienta ofendido.

 

Esperanza Aguirre es una excelente política. Demasiado liberal en la gestión económica y en lo moral para los tiempos que corren. Tiene su nutrido club de fans y, al socaire de los gritos de sus incondicionales, suele tirarse del avión aterrizado y, si lo hace en pleno vuelo, se asegura de que se encuentra a la altitud debida y se provee de los paracaídas necesarios. Eso de saltos al vacío, nada de nada. Aznar es sereno y rocoso. Ni libérrimo ni tradicionalista. Raciona la expresión y recorta el gesto. Pocas concesiones a la galería.

 

El expresidente ha dado una lección de eficacia a Rajoy. Una más. Lejos de enredarse en declaraciones exculpatorias que a nadie convencen y a todos sube el nivel de cabreo contra la clase política, Aznar le ha soltado un mamporro a las hienas que acechan al partido y, al tiempo, ha dado un recital gratuito de canciones protesta a los compañeros de su organización. Demanda que te crió. Contra quienes le acusan de padrino en la presunta financiación ilegal del PP. El partido chapotea y guarda la ropa. Entre tanto, la cúpula de su partido saca a relucir sus complejos bizantinos y se debate entre la auditoría interna y la externa para tejer una red de impenetrabilidad que sofoque los ruidos de la calle. Pobres diablos. Quieren engañar a Lucifer y ni siquiera están a bien con Dios.

 

El País tendrá que dar cuenta ante el juzgado. Hace tiempo, mucho tiempo, que entre el periódico de Cebrián y el señor Aznar apenas existen vínculos afectivos. El atentado de Atocha constituye el mejor referente de esta falta de feeling de los de PRISA hacia el que fuera presidente de España. Ahora bien: si Aznar lo ha hecho, que la pague. Si los reporteros del diario consiguen demostrar sus acusaciones, lo celebraré. Del mismo modo que festejaré la condena del calumniador si los abogados del querellante llevan al juzgador a la convicción de que algunos han tenido voluntad de manchar la fama y de hacerlo, además, con intención malévola.  

 

Lo dicho. Bien por la decisión de Aznar. Y el que esté limpio de culpa, que no siga potenciando la cantera. Que tire la primera piedra.

 

Un saludo.

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