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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MÚSICA Y EPOPEYA (FERNANDO INFANTE: IN MEMORIAM)

 

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Trescientos cincuenta. Ni uno más. El Congreso marca la pauta en el número de diputados. La representatividad territorial en la Cámara Baja debería indicar el tope de parlamentarios en las asambleas regionales. El Parlamento Andaluz no podrá superar en número a sus representantes en el Congreso, o sea, 59 si las cuentas no me fallan. Por tanto, añadir 109 parlamentarios regionales a los ya nombrados, es una pasada incalificable. Y así sucesivamente a los demás territorios españoles.  Y van que chutan. Respecto al número de consejeros de los gobiernos autonómicos, el recorte deberá ser más drástico. A partir del presidente autonómico, los consejeros sobran. Directores generales nombrados entre funcionarios de carrera. Personal preparado y garante. En los ayuntamientos y diputaciones, los concejales y diputados provinciales, los instituidos, sí, pero con salarios no superiores en un euro a los sueldos que podían justificar en sus oficios de origen. En cuanto a los asesores, por favor, a Sierra Morena. Ni uno.

 

Las Autonomías son, junto con el sistema financiero, los dos grandes agujeros negros de España. Mi posición siempre fue favorable al Estado de las Autonomías. Del mismo modo que me opuse siempre a los abusos vergonzantes que los políticos de turno hicieron de sus prerrogativas legales. En la Comunidad de Madrid, no sobra la mitad de los miembros de su Asamblea. Muchos más deben volver a otras actividades, si las tienen. En otro orden de cosas, mi defensa de la banca privada y mi oposición a la pública es bien conocida. Lo cual no obsta para que admita que banqueros golfos y consejeros canallas conviertan las entidades de crédito e inversión en centros de usura y antros de corrupción. Empresas públicas privadísimas, mancomunidades de amigotes y administraciones paralelo-transversales, cerradas a cal y canto. Nidos de víboras.

 

El vértigo de la deuda y del déficit viene producido por la gestión fraudulenta de los políticos y de los banqueros, no pocas veces en clara complicidad. Do ut des. El gobierno de Rajoy conocía bien el encaste del toro que debía torear. Es verdad que desconocía su peso y otros muchos caracteres del mismo. Pero que el bicho era tremendo, no cabía duda. La corrupción gobernante y el desparrame de las cajas de ahorro y de los bancos eran notas escuchadas en kilómetros a la redonda. Para este baile, la música del pasodoble no es la más adecuada. Un llanto de cante jondo interpretado por Camarón o un aria de Wagner interpretada por Plácido Domingo, acompañan idóneamente al enfrentamiento. Ni sevillanas ni verdiales ni sardanas. Música grande de epopeya.

 

Rajoy, por el contrario, como los toreros inteligentes pero cobardicas, ha optado por la música pop ligera. Castañazo a los funcionarios, patadón a los trabajadores, requiebro a sindicatos, brindis al ejecutivo anterior. Vamos a llevarnos bien. Hoy por mí y mañana por ti. Faena de aliño que arranca los silbidos y termina en bronca con lanzamiento de almohadillas sobre el ruedo. Mariano, el registrador gallego, está metiendo la pata. No sabe hasta qué punto. Los ataques a los funcionarios son indignos. Se está buscando una ruina. Sigue el caminito de la horca que ya recorrió Zapatero. Atiza a los pobres y se inclina ante los poderosos.

 

La política de hoy ha de reunir los elementos de la epopeya. Las acciones, de tan transcendentes, han de ligarse a la memoria del pueblo en torno a la figura de un héroe o de un santo salvador. La Odisea o la Ilíada, El Majábharata o el Ramáyana. El acoso a los empleados públicos y a los trabajadores de la privada debió terminar antier. La musiquilla da pena. Lo que se debe es meter en cintura a los golfantes que rigen las Autonomías, que no suprimir éstas, e invitar a Anticorrupción a visitar el aquelarre de los brujos de las finanzas. Para esta tarea, el campeón de la heroicidad, el titán semidiós ha de batirse con gigantes de verdad. La épica de los personajes necesita la música de los grandes genios.

 

Para conciertitos de escuela, me apunto a las fiestas de fin de curso de las escuelas infantiles. Los ciudadanos estamos hasta las gónadas de tantos chuscos.

 

Un saludo.

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