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Francisco Velasco. Abogado e historiador

CÁMARA OCULTA

 

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 Llegó el momento. Tarde. Sin embargo, la dicha es buena. El ala leninista de Izquierda Unida sigue fiel a lo suyo. Atribuye a los demás la mala praxis que gangrena a su cuerpo político. Censura el control totalizador por parte del PP sobre la telepública del Psoe y desarraiga a su grupo de cualquier actitud fascista sobre el medio. Rajoy ha decidido asaltar, a través de un argumento legal, el búnker de RTVE y ha desalojado a los combatientes de la causa de Rubalcaba. Decisión que se aplaude porque la misma comporta algo más que un simple desahucio. Cuestión de salud pública.

 

A la próxima legislatura, si es que antes no se le unta debidamente, Llamazares recorrerá el camino que otros tantos tránfugas hollaron. Ingresará en la casa común de la izquierda de cara de cartón y entrará a formar parte de la logia más secreta. Durante el zapaterismo, sembró de minas el avance de la derecha y destrozó cuantas vidas humanas se lanzaban en pos de cuotas de libertad y de limpieza. Vuelve a hacer méritos. Caio Lara le ha robado protagonismo y el gallo sin espolón se revuelve contra todo y contra todos.

 

La telepsoe cambia de manos. No fue suficiente para impedir que Rajoy accediera al Gobierno y defiende con la bravura de los perdidos los últimos reductos de una torre imposible. La cámara oculta del 23-F pudo salvar la democracia. El golpe sobre la mesa del Pirulí está sacando de sus nidos de oro a los consejeros áulicos de un emperador destronado que aspira, desde el ostracismo, a seguir manejando las riendas de la más poderosa de las televisiones. Los ugetistas y los comisionistas, a la calle. Si quieren influencia, que se la ganen en las fábricas o en las empresas. La tierra, para quien la trabaja. Rajoy ha entrado en Televisión Española con una cámara oculta en forma de ley que ha mostrado a los espectadores la estafa de los dueños del negocio. Desde masajes a inyecciones de bótox sin titulaciones homologadas.

 

Descubrir la cámara. En todo caso, rebajar su precio. Se interviene la lente escondida de la telepública más privada porque el robot sólo obedecía al manipulador. A partir de ahora, el medio mantendrá su dependencia política y económica pero no asfixiará a los discrepantes ni endeudará tanto a los contribuyentes. Se había otorgado demasiado poder al monstruo y éste devoraba a sus creadores. Un ente público que vive y viste como el más caro y selecto de los clubs privados. La decisión del Consejo de Ministros que preside Rajoy es acertada. Imprescindible.

 

Acaso no sea el momento de investirla como empresa en manos privadas. Sí lo es para las televisiones autonómicas. Los deformes clones regionales se alimentan de falsos consensos y de falaces pluralidades. Nos cuesta un ojo de la cara satisfacer las ambiciones de los políticos que encierran en ellas lo más podrido de su codicia. La calidad se reduce al concepto “share”. Según ese parámetro, Sálvame es todo un ejemplo de arte y Canal Sur el Louvre de la tradición coplera.

 

Venga ya. Por fin, el Gobierno ha jugado a la ofensiva. En vez de recortar, reforma. Y reforma para rescatar. Rescata lo que estaba hundido en la miseria. La telepública abandona el secuestro. Sin síndrome de Estocolmo. Sin cámara oculta. A pecho descubierto. La ley en la mano.

 

Un saludo.

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