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Francisco Velasco. Abogado e historiador

QUIÉN HEREDARÁ LA TAIFA DE CHAVES

 

 Conmocionado por la criminal acción del loco cuerdo noruego, me resisto a escribir sobre este individuo animalizado. Sabía lo que hacía. Vaya que si lo tenía bien planeado. Pero lo peor es que hizo lo que sabía. Matar. Asesinar. En su cuerda locura y en su locura cuerda, sus ojos señalaban el objetivo y sus manos abatían la presa hasta asegurarse de que muerta, y bien muerta, la había dejado. No valen excusas. Explicaciones psicológicas, sociológicas y del tipo que quieran, todas. Justificaciones, ninguna. Sólo la frialdad y el respeto a la vida humana nos obliga a rebajar el calor de la sangre para no descejarrar dos tiros de gracia a semejante alimaña. Si hay dios, que se lo lleve pronto a su seno. Antes que la furia humana ejercite funciones predadoras.

 

Lo de Noruega es un episodio más de una película de terror basada en hechos reales. Los amigos nórdicos se creían a salvo de cafres. En la era de la globalización, el instinto asesino se cría al lado del raciocinio más gélido. Ningún pueblo está libre de incubar en su seno a bárbaros descontrolados. Desdeñar los sucesos ajenos es un mal extendido que, sin embargo, debe combatirse. De acuerdo que la educación en valores es un arma positiva en este sentido. De acuerdo. Pero tan poco efectiva, tan lenta, tan en desuso, que, mientras se enseña a los ciudadanos cómo se circula por esa dirección, hacia nosotros avanza, con paso militar, toda una tropa de descerebrados portantes de una infernal maquinaria de guerra. Nos encontramos, entonces, entre dos fuegos. El fuego que nace de la voluntad de entendimiento entre los seres humanos. Y el incendio que brota de la colilla ardiendo que algunos despreocupados bien atentos lanzan, dizque distraídos, a la hierba seca de nuestros campos amarillos por el estío. El segundo fuego arrasa al primero. No cabe duda.

 

Hace treinta años, vengo diciendo, sin más interés que el de la alerta emocional, que el mundo camina hacia una tercera guerra mundial. Reitero mi tesis al respecto. Los desencuentros bélicos no surgen por motivos únicos y simplistas. No es suficiente argumento una frontera territorial. Como no lo es una pugna religioso-ideológica entre fundamentalismos ultraicos de la izquierda o de la derecha. En modo alguno es la oposición de contrarios capitalistas y comunistas. Mentira cochina. Dinero. Bienestar. Nivel de vida. Esperanza de desarrollo. Prosperidad que se goza. Búsqueda de equilibrios sociales. Economía en la base del problema. Sistema social lleno de agujeros. Políticas neuróticas. Cultura alejada de los pueblos. Líderes de audiencia pero no de eficiencia. Mundo que se ahoga en las arenas movedizas de su propia saliva inútil e inconsecuente.

 

Nos estamos dedicando a contar las estrellas mientras destripamos las piedras que aplastan nuestros pies. Ya lo decía León Felipe: sistema, poeta, sistema, empieza por contar las piedras, que luego contarás las estrellas. La sociedad está demasiado esclerotizada. Las tentaciones de san Jerónimo que pintara, entre otros, el gran Valdés Leal, son minúsculas lujurias al lado de las atracciones de la droga fácil, del dinero negro, del delito rápido, de la televisión hipnotizadora, de los sortilegios de la publicidad, del olvido del alma. Ya lo avisaba el gran François Fenelon, a caballo entre los siglos diecisiete y dieciocho. “Demasiada autoridad corrompe a los reyes. El lujo empozoña a toda una nación”. Huimos de la austeridad como el niño implora la luz del sol para conjurar los miedos de la noche. Queremos las cosas hechas y el esfuerzo mínimo. Que lo hagan otros.

 

No queremos inmigrantes. Perseguimos esclavos. En la cúspide de la pirámide de nuestro vacío humano, queremos ser amos. Y explotadores. Y escandalosamente ricos e influyentes. Predicamos igualdad y, sin embargo, cultivamos la semilla diabólica de la discriminación. Bueno, mientras no nos toquen el bolso. Oiga. Y a qué viene el título. Cómo que quién heredará la taifa de Chaves. Les parafraseo al señor De Salignac de la Mothe, en referencia a Chaves y Griñán: “Vuestro nombre se ha hecho odioso... mientras vuestros pueblos mueren de hambre, el cultivo de las tierras está casi abandonado, las ciudades y el campo se despueblan, todos los oficios languidecen, Andalucía entera no es más que un gran hospital desolado y desprovisto".

 

Así se quiere seguir. Nada cambia. El cansancio disuadirá. Todo antes que la libertad del pueblo. Todo.

 

Un saludo.

 

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