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Francisco Velasco. Abogado e historiador

PROGRESISTAS DE INVOLUCIÓN

 

 Improvisar es hacer una cosa de pronto, sin preparación alguna y con los medios de que se dispone en ese momento. La improvisación como coyuntura se explica y se justifica. La improvisación como estructura exige un análisis de quien enarbola esa acción como ejercicio de irresponsabilidad. La improvisación estructural es la consagración del repentinar. Improvisar en ese contexto supone el más artero empleo del verbo inventar. Esto es, crear excusas no verdaderas para engañar a alguien.


El peor problema del mentiroso es creerse sus propias mentiras. Se pasa de la ilusión a la alucinación en menos que canta un gallo. Lo que parece gracioso se torna preocupante. Zapatero puede ser un maestro de la improvisación. También del engaño. De serlo, ha confundido a la audiencia y no rectifica. Claro, que rectificar es de sabios. Zapatero improvisa pero no es imprevisible.

 

Por más que los tiranos incurran, una y otra vez, en el error estratégico de creerse que pueden engañar a todos todo el tiempo. Se creen instalados en la impunidad. A partir de ahí se abre el agujero por el que el globo de su impostura comienza a desinflarse. Los tiranos de hoy son los progresistas de ayer. Ayer, de boquilla. Hoy, de manteca. Untados hasta el fondo de su alma. El tirano de verdad sabe de qué va el tema. Es un profesional como la copa de un pino. Indeseable, pero se ajusta milimétricamente a su papel y nunca reniega de su posición.

 

Los tiranos in pectore son los que se autocalifican de progresistas y tienen en la lengua el constante estribillo de fachas de la derechona. Cuanto más presumen, más revelan sus carencias democráticas. Simple cuestión de táctica. Ahí tienen al psoecialismo que se reviste de progresismo de sálvamedeluxe y le desnuda su participación en el programa basura. Son progres de la noria y villanos reaccionarios del dinero que cobran por rellenar espacios de desvergüenza.

 

Los progresistas traen empleo a la sociedad y, merced al trabajo, crean prosperidad, aseguran el éxito laboral, impulsan el crecimiento económico, desarrollan el tejido social y hacen crecer al país en su globalidad. Los progresistas. Los psoecialistas, no. Los de verdad acercan la riqueza y la bonanza al pueblo llano. Los de salsa rosa se empeñan en hacernos creer que la involución ética es progreso de la modernidad y que el retroceso cultural equivale a socialización del analfabetismo más atroz.

 

Los recortes sociales del Psoe entran de lleno en esta estructura sociológica. Como la política de decretazos irrumpe como un misil en el seno del parlamentarismo. De la misma forma que la militarización coyuntural responde a una vocación latente de hacer de la disciplina coactiva una conciencia de seguridad que pisotee las libertades individuales. Zapatero es el hacedor de este Gólgota de sufrimientos. Rubalcaba, la erre de rabia, rencor y rejas. Blanco, la be de bajeza, bronca y bramido. Progresistas de seda. Tiranos de la estirpe más profunda.

 

Lo de ETA es la nueva bromita de estos descamisados con brillantes. Batasuna es un nuevo cebo. No para desenmascarar a los etarras. Eso es secundario porque no les garantiza rédito electoral. Lo de ETA es el señuelo para pescar votos en el banco de peces más confiados. El poder. Los progresistas de involución supeditan todo a su ambición enfermiza e irrefrenable. Qué asco.

 

A la calle con ellos. Fuera.

 

Un saludo.

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