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Francisco Velasco. Abogado e historiador

DE RECESIÓN, DOS TAZAS

 

 Que si no quieres arroz, Catalina. Maquiavelo, el defensor de la idea de la razón superior del Estado, ha tenido legión de seguidores. El diplomático renacentista florentino retrató, como pocos, el alma de los políticos. De su tiempo, de los pretéritos y de los venideros. Refería el autor de "El príncipe" que la naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en tiempos de prosperidad y humildes cuando la corriente les es adversa. Ni Velázquez pintó con tanta finura al Borbón.

 Zapatero ha podido leer a Maquiavelo. Sin embargo, no ha aprendido lo que es ser estadista. Cegado por la soberbia de su espíritu y envilecido por la prepotencia de su poder, el presidente convulso sigue cayendo en el pozo de su ceguera política. Actúa como el niño mimoso y mimado que rechaza airado las indicaciones constructivas de sus padres y de sus profesores. Reedita Zapatero la etopeya del rey sol. Su Fouquet no fue Solbes. Ni lo es Salgado. Él mismo es rey de su Gobierno y ministro de hacienda de su delirante reino. Un cromo, vaya.

 Una vez más ha vuelto a anunciar la inminente salida de la recesión. Y van. El presidente del Gobierno de España quiere rescatar a Grecia. Él, que precisa ser liberado de su propia prisión mental, quiere recobrar, para Europa, al vecino heleno. Él, que se proclama campeón de la masa de desempleados españoles, adoctrina sobre cómo crear empleo. Él, cautivo de los independentistas catalanes y vascos, imparte lecciones de unidad nacional. Él, adalid del desplome económico e impulsor del bombazo inmobiliario, se ofrece como salvavidas bursátil europeo. Él, orate laico, reza en cristiano y fustiga en musulmán. Él, soberbio e ingrato, ofende la inteligencia de los españoles que le votaron e insulta la razón de los que no lo hicieron. Él.

 Crédito cero. Confianza nula. ¿Quién presta un euro a Zapatero a sabiendas de que no lo va a devolver? Está hinchado de vanidad y vacío de sensatez. Puede parecer grande pero no está sano. Los contrafuertes del pesebre mediatico no bastan. Ni los arbotantes de la tropa partidaria. El amianto del edificio genera un cáncer que se extiende por la ciudad. Metástasis. Hay que abrir. Abrir y limpiar. A fondo. Y quemar. Abrir, limpiar y quemar. Ese cáncer es la soberbia irredenta  y la corrupción que con ella forma simbiosis.

 La solución pasa por conocer la recesión, analizar sus causas y , acto seguido, contundente mano quirúrgica. Zapatero cree suficiente una o dos aspirinas. Aplicaré el proverbio hindú: ¿qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?

 Un saludo.

 

 

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