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Francisco Velasco. Abogado e historiador

NO ME GUSTA ES POCO. ME SACA DE QUICIO

 La revista Época se ha dejado caer esta semana con un titular que a este articulista disgusta especialmente: "TODO EL EJÉRCITO PROFESIONAL CONTRA EL GOBIERNO". Me huele mal. Me disgusta. Como ciudadano, como historiador y como abogado. Me pone los vellos de punta.
 
El artículo 8.1 de la Constitución expresa literalmente que "Las Fuerzas Armadas, constituidas por (...) tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Nada más y nada menos.
 El ejército de la democracia española se debe a la Constitución. Cualquier intento de desestabilizar a las Fuerzas Armadas me parece un dislate que todos debemos denunciar. Venga de donde venga y se argumente lo que se argumente. No hay "tu tía". No valen excusas ni "es que...". No hay crisis del Yak 42, ni casos de gripe A ni Ley de la Función Militar ni las dos partes de El Quijote. Las quejas al maestro armero. Las discrepancias, por los cauces legales.
 El tiempo de los pronunciamientos, la hora de los espadones, la época de los golpistas terminó definitivamente. España es una democracia. Si hay gente a la que molesta el gobierno de Zapatero y quiera cargárselo con la amenaza del ejército, va a encontrar toda la oposición de los demócratas y de quienes defendemos el imperio de la Ley. Las asonadas son fenómenos de épocas pasadas que nunca deben volver. La rebeldía contra los despropósitos de nuestros gobernantes deben conducirse en las urnas. El pueblo español es hoy verdaderamente soberano y este soberano no reconoce otro marco que el legal, que tiene en la Constitución de 1978 su cúspide jerárquica.
 Los españoles podremos mantener nuestro carácter rebelde, a veces indisciplinado, en ocasiones testarudo, obstinado e indómito. No renegaremos de nuestra condición de renuentes, inconformistas, bravíos y contumaces. Nos mostraremos levantiscos, reacios, cerriles o desafiantes. Pero los españoles hemos dejado de ser ingobernables, incontrolables y salvajes. También abandonamos los (des)calificativos de conjurados, facciosos o sediciosos. Porfiados y descontentos en la medida justa. Y "machangones", también, por qué no. Por encima de todo y de todos, patriotas y leales.
 Tambores de asonada, ni uno. Ración y media de vinagre tuvimos con el 23-F. El poder civil es el poder legal. Que el Gobierno es nefasto, votemos a la Oposición. Pero los militares a su sitio, el que dicte el Gobierno de acuerdo con las leyes. Si éstas provocan malestar entre los soldados, recurran a las vías que la normativa contempla. Si no son capaces de callar el ruido de sables y bayonetas, a la calle, a la puñetera calle. Sin vacilar. A la puñetera calle. No cabe ya el terror. Ni la apología del terror.
 Un saludo.

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