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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LOS DUEÑOS DEL CORTIJO, LOS SEÑORES DE LA LOGIA

 Me comentaba antier un amigo que no se explica cómo el PSOE ha optado por incluir en el Gobierno a los tres primeros espadas del Partido. Ya el Secretario General, Zapatero, presidía el Gobierno, pero que después de la crisis de abril de 2009 el Presidente de esa formación política, Chaves, haya sido llamado a rebato para ocuparse de un ministerio territorial con categoría de vicepresidente, y que el tercero de a bordo, Blanco, pase a ocupar Fomento, la sede de los grandes negocios y el paradero de los dineros, sin que ninguno de ellos deje su función orgánica, resulta cuanto sospechoso y, cuanto más, alarmante. Trataba de sacar a mi amigo de su asombro, recurriendo a un símil y acudiendo a una de las figuras de las letras más ingeniosas y más sencillas -un Lope de Vega de la centuria del siglo XX al XXI-, de España, Manuel Burgos, para este fin.
 España es el cortijo del PSOE, es su granero de votos y su banca financiera. Allá donde el PSOE gobierna, la pulcritud de su actuación política le permitirá lograr las rentas suficientes para mantener el poder y, con él, la satisfacción de millares de empleados que, merced a ese poder, retroalimentan al Partido. Una derrota electoral constituye un momento tan funesto para la empresa que gestiona el cortijo, que pone en peligro las arcas de los señoritos y deja en entredicho la lealtad de los manijeros (léase ministros, consejeros, directores generales, delegados, jefes de servicio, etc.) colocados en la Administración para regir ésta conforme a las exigencias del interés privado de los dueños.
De ahí la importancia de la presencia física de los señoritos en el diario "ordeno y mando". Cuando el señorito se ausenta, pasa lo que pasa. Escribía Manuel Burgos cuando gobernaba Felipe: "no se les puede dejar solos (...).  A los cortijos les va mal siempre el absentismo de los señoritos. (...) así surgía la Mano Negra, porque los jornaleros se apuntaban a la FAI en cuantito que el señorito se iba a Madrid a ver teatro y a alternar en la Corte (...).
Pero el señorito se preocupa tanto del cortijo que miren como ha vuelto, con lo puesto, tal como estaba. Yo creo que no se ha traído ni el cepillo de dientes, de la bulla con que ha venido el señorito. Estaba tranquilito en su casa ocupado de la cohesión y de la solidaridad y de esos juegos de salón en que entretiene su ocio, cuando le dijeron que el cortijo estaba manga por hombro, que el manijero nuevo que pusieron había pedido la cuenta y se había vuelto al pueblo, en vísperas de la cosecha, y que la gente andaba rebelada con el encargado de antes". Burgos ponía la mano en la herida, pero no se limitaba a ello y, en pos de un diagnóstico más certero, ahondaba: "...entre todos estamos creando un campo burocratizado donde (...) no hay sino funcionarios, vamos que ni en los mejores tiempos de los koljoces soviéticos. Si el bracero andaluz piensa en cobrar el PER y el señorito del cortijo piensa en cobrar las subvenciones de Bruselas, ¿quién piensa en el campo? Pues nadie..."
 Desde las elecciones de 2008, el cortijo anda revuelto. La crisis que ZP negó le ha dado un zurriagazo en plena dentadura y la sonrisa parece que ya no encandila a casi nadie. Si además de talento, falta talante, ¿cómo puede el señorito leonés nacido en Valladolid deslumbrar a sus votantes? Los vascos se le rebelan a causa de la jugada de Patxi y los catalanes le chantajean si no suelta la pela que piden. Los capataces del cortijo no son capaces de entenderse con los caciques de las baronías, y el negocio sufre. Los dueños, en esta coyuntura, se ponen en acción, consultan al Areópago y los eupátridas deciden que la tríada de Ferraz se calce los botines, vista la ropa gubernamental, y enfrente/afronte la situación con todos los medios a su alcance. Pero, verán todos que somos señoritos, se quejaba el gallego. No, Pepe, no. No nos revestiremos de tales, sino de albañiles, de arquitectos, de constructores, de intelectuales del diseño, de espíritus altruistas y filantrópicos, de modelos de moralidad. Pero ¿no es eso la logia masónica? No, Manuel, no, eso parece, pero no lo es. Nuestra logia es nuestro partido y, para conservarlo en su cénit, rico, fuerte, poderoso, influyente, haremos lo imposible para que el Gobierno siga funcionando como hasta la fecha: como sostén del mismo. Pero, en una sociedad democrática, apuntó de nuevo Pepe, ¿no es el partido el que sirve de soporte al Gobierno? No seas paleto, Pepe, espetó Manuel. Sigue mi ejemplo: llevo casi 20 años gobernando en Andalucía y ahí tienes mis poderes: cinco legislaturas consecutivas de éxito y miles de paniaguados pancistas, votando todo lo que les pongo por delante. ¿Zapatero no tiene nada que decir? No, está traspuesto desde que apretó la mano de Obama. Tú, siguele la corriente. ¿para qué, si no, estamos en este brete? Lo que sí debemos ser es herméticos hasta el secreto absoluto. Pero ¿no es la transparencia el principio democrático por excelencia? Para los demás, Pepe, para los demás. Sólo de cara a la galería. El cortijo se conserva si la logia se sostiene. ¡Cómo vas a decir la verdad a esta gente! Nos mandan a Irán, con los nuestros. Pero si nosotros somos católicos y no islamistas, protestó Manuel, que gustaba visitar los sagrarios en Semana Santa. De boquilla, Manolo terció al fin José Luis, de boquilla. Lo de Irán se refiere al fundamentalismo y si hay que producir una bomba nuclear, pues se produce, pero el cortijo hay que mantenerlo o nos corren a gorrazos. Y si hay que untar a catalanes y vascos, para eso el presidente del partido es el vicepresidente de cohesión territorial y amigo del Felipe. ¿Se enteran ustedes? La muñeca, también.
 Un saludo.

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