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Francisco Velasco. Abogado e historiador

SIMPLE MALA LECHE

 

Si en vez de llamarse Carmen, se llamara Carmelo y si en lugar de ser secretaria General de UGT, lo fuera de USO, el sindicalista Carmelo de Unión Sindical Obrera estaría lapidado a estas alturas de la historia. Sin embargo, como los vientos del feminismo y del antimachismo proceden de la madre que parió al poniente y de la que engendró al levante, el subjetivismo clava sus uñas afiladas según la carne que corresponda. Es decir, que si se busca un mínimo de coherencia en los discursos de los políticos, mejor que griten en el desierto.

 

La actual jefaza del sindicato hermano del Psoe es una mujer de enorme personalidad cuyo ego nada tiene que envidiar a su poder.  Ya se refería ella a su aspecto físico cuando aludía, así como de modestia pasada, a su apariencia de jovencita treintañera.  Ahora, al cabo de unos meses de su coronación como reina de los trabajadores, que ya hay que tener jeta, la señora Castilla se destapa como una gran crítica de la estética femenina. Por encima de ella, Carmen Castilla. Y punto. Desde luego, Susana Díaz, no.

 

Toda la sustancia del mensaje de la ugetista de tronío es la incomparable fealdad de la presidente de la Junta. Nada que decir sobre su gestión gubernamental ni acerca de sus méritos políticos o profesionales. Con lo fea que es, dice. Igualico que ella, mucho mejor en todo que su conmilitona, subraya su predecesor en el cargo, el imputado Fernández.

 

En Hispanoamérica, sociólogos denuncian las ofensivas machistas contra las mujeres procedentes de las propias señoras.  Entre los elementos de ataque inter féminas, los expertos en esta materia se detienen en tres. Uno de ellos se refiere a los éxitos de ellas. Así, en lugar de alegrarse del éxito ajeno, el lamento y la envidia fructifican hasta procurar el tropiezo de la triunfadora. El síndrome es universal por más que en determinados lugares, la enfermedad alcance estadísticas alarmantes. 

 

A poco que la conversación telefónica entre la señora Castilla y el señor Fernández hubiera dispuesto de tiempo e intimidad para las confidencias, lo mismo se deja caer la de los treintaytantos con que es más fea aún si no se depila o se maquilla, o que es por su posición social que sea una robanovios y un largo etcétera de lindezas.

 

En suma, en vez de preconizar el respeto a los derechos femeninos y demostrar que se lucha por dignificar el rol de la mujer, al paredón con ellas. Sobre todo con quienes, de izquierda feminista, pueden hacer sombra a las feministas de izquierda. Con lo cual, ni de izquierdas ni feministas. Machistas redomadas disfrazadas de luchadoras por la mujer.

 

Un saludo.

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